Borlandia

Fernando Borlan 0012

Fernando Borlán // Foto: Archivo familiar.

Por Álvaro Nuño.

“Somos tantos, le queremos tanto, nos ha influido tanto que estoy pensando que por qué no pedimos también la independencia nosotros. La podríamos llamar “Borlandia”.  Esta genial y divertida propuesta se le ocurrió a vuelapluma -como surgen casi todas las grandes ideas- al poeta y escritor Benjamín Prado el pasado miércoles sobre el escenario del salón de actos del instituto Brianda de Mendoza, y nos la lanzó a los exalumnos, amigos y compañeros del gran Fernando Borlán, catedrático de Lengua y Literatura, profesor, poeta, escritor, una de esas personas que dejan huella cuando se te cruzan por el camino de la vida y que tuvimos la suerte de que acabara recayendo en Guadalajara.

No cabe duda de que Fernando -de quien mañana se cumple una década de su fallecimiento- fue una figura crucial en la vida cultural de esta ciudad, que se empeñó en dinamizar, en agitar, en expandir, con propuestas de todo tipo, algunas efímeras y otras tangibles y perdurables todavía.

Así, creo que Borlandia podría tener su capital en Guadalajara -por arraigo, más que nada- y la sede de su parlamento en un bar donde se pudiera fumar y beber en animada tertulia hablando sobre las cosas que realmente importan: la poesía, el teatro, la música, la literatura,… la vida. Borlandia sería -claro está- una república, y su constitución estaría escrita en verso. Las decenas de amigos y compañeros de Fernando Borlán tendríamos la nacionalidad borlandesa, así como sus familiares y los cientos de alumnos que pasaron por sus aulas a lo largo de décadas de magisterio, pero no tendría fronteras y serían bienvenidos todas las personas que quisieran compartir con nosotros el librepensamiento que Fernando siempre práctico y animó a practicar. La vida sería puro teatro (en eso se parecería a muchos de los actuales países), pero seríamos independientes de sus intereses mundanos, de sus fronteras, de sus luchas de poder, de las guerras, de las leyes, de la injusticia, del miedo, de la pobreza de espíritu.

¡Qué locura tan grande! ¡Seguro que a Fernando le encantaría y lucharía denodadamente por su independencia y por la pureza de sus principios, pero sin derramar una gota de sangre. Si Borlandia fuera atacada la defenderíamos recitando versos que sonarían en radios piratas, declamando críticas mordaces al sistema sobre el escenario disfrazados con los ropajes de nuestros propios enemigos, o editando a multicopista pasquines literarios que se leerían en bares y bibliotecas.

Permítanme que me autocite porque ya lo dije el miércoles en el mismo acto en el que intervino Benjamín Prado y muchos de sus alumnos: “Todos deberíamos tener nuestro propio Fernando Borlán, todas y todos, incluidos los que ni siquiera le conocieron en vida. Todo alumno debería tener un Fernando Borlán, todo instituto y toda ciudad. Afortunadamente, muchos de los que vivimos aquí, no sólo disfrutamos de uno, sino que tuvimos la inmensa suerte de conocer al auténtico y genuino Fernando Borlán, al genio, al loco, al maestro, al temperamental, al calmado, al sabio, al maestro”. Fernando era de esas personas que dejó en todos los que realmente le conocimos una huella imborrable. Se puede decir que, en nosotros, hay una vida antes y después de él y, hoy en día, hay muchos poetas, escritores, actores,  maestros o periodistas que lo somos porque tuvimos la suerte en nuestra juventud de que nos tocara como profesor de Lengua y Literatura y, en vez de limitarse a seguir el temario que marcaba el programa académico, nos animó a representar una obra de teatro, a escribir poemas y recitarlos por los bares, a editar revistas o a poner en marcha radios o cineclubs.

En Guadalajara disfrutamos todavía de iniciativas que Fernando Borlán puso en marcha gracias al empuje, a la ilusión y a la colaboración de mucha más gente, pero que él aglutinaba entorno suyo y a los que animaba a caminar, ayudándoles a subir, aunque eso supusiera que él se quedará atrás. Cuando la criatura volaba sola, como buen profesor que era, ya daba por cumplida su misión y se retiraba para comenzar de nuevo cualquier otro reto con gente joven y desde cero.

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Folleto del primer Tenorio Mendocino, celebrado en 1992. // Foto: Fundación Siglo Futuro.

Así lo contó el actor y último director del Tenorio Mendocino que participó en el homenaje representando a Gentes de Guadalajara. Cuando Chema Malo entró a formar parte de este proyecto, Fernando ya sólo participaba en él como un espectador más. Pero todos los amantes del Tenorio sabemos que en la cabeza y la voluntad de Fernando, junto a otras personas como Javier Borobia, se fraguó esta representación popular, hoy una de las señas de identidad de la ciudad de Guadalajara. Quedan todavía negacionistas que obvian el papel de Borlán en la creación del Tenorio, que no recuerdan que sus primeros protagonistas fueron todos actores de la cantera que cultivaba como profesor en el Brianda de Mendoza, el lugar donde se ensayaba la obra. Incluso se llegó a cambiar la historia, adelantando un año la fecha de su estreno, obviando la realidad y la tozuda hemeroteca, celebrando su 25 aniversario sin decir media palabra de Borlán y de los primeros actores. ¡Peor para ellos! No serán ciudadanos de Borlandia.

CARTEL

Cartel del 30 aniversario de Radio Arrebato // Autor: Sergio del Amo/Nacho Ruiz.

Por contra, los miembros de Radio Arrebato, la radio que lleva emitiendo ahora hace 30 años, sí nos sentimos orgullosos de ser parte de su herencia. Si Fernando Borlán no hubiera sido profesor en el Brianda de Mendoza, esta maravillosa aventura no habría tenido lugar porque a nadie se le hubiera ocurrido plantar una antena en su tejado y traer el emisor pirata de unos alumnos para que dijeran lo que quisieran desde un centro de enseñanza público. Y la fórmula dura ya tres décadas. Por eso se lo agradecimos bautizando nuestro estudio con su nombre; por eso su bigote, su mirada y su sonrisa forman parte de la cartelería editada para la ocasión y por eso Radio Arrebato organizó y retransmitió este homenaje.

 

De bien nacidos es ser agradecidos, y los borlandeses lo somos.

 

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