Monopoly (edición Guadalajara)

Tablero de Monopoly. //Foto: Hasbro

Tablero de Monopoly. //Foto: Hasbro

Por Patricia Biosca

Contra todo pronóstico, como un “Teruel existe” pero sin lema, como una de esas personas que se cuelan en la foto poniendo caras, como esos espontáneos que salen detrás de la reportera. Así se ha “infiltrado” Guadalajara en la lista de las ciudades de más de 50.000 habitantes que se podrán encontrar en la próxima edición limitada del Monopoly. Más de 40.000 personas han votado para que la capital alcarreña (que cuenta con 83.600 vecinos residiendo entre sus calles) sea una de las elegidas para nombrar uno de los tableros más famosos de los juegos de mesa. Por delante de Málaga, Alicante, Salamanca, Zaragoza, Alcalá de Henares e incluso Marbella (si Gil levantase la cabeza o volviese de su retiro espiritual en la misma isla que Elvis Presley, fletaría un avión todos los días durante lo que queda de promoción para que los chavales conociesen la Costa del Sol y pinchasen en el enlace como si no hubiese mañana).

Pensando sobre el asunto, me he dado cuenta de que Guadalajara tiene mucho más que su nombre para ofrecer al juego del banquero con monóculo y sombrero de copa. Se podría configurar todo un juego del Monopoly y sobra para una Oca y un Parchís. Pero, por partes. ¿No se imaginan ese Paseo del Doctor Fernández Iparraguirre como una de las zonas más cotizadas del cartón? ¿Las urbanizaciones infinitas en Aguas Vivas? ¿La calle Mayor para poner las empresas del gas o la luz y revalorizar el terreno? Será por solares… La casilla de la estación de tren podría ser una ampliación del juego: hay que pagar más, como para coger el AVE en Yebes, para poder llegar hasta aquel lugar, a pesar de que se vende como una “expansión” del progreso. Propondría, además, una nueva construcción: los badenes. Pueden ir en cualquier calle, incluso al girar una esquina de forma sorpresiva sin previo aviso y con recargo para la ficha. Y que la figura de plástico que los represente sea más alta que los hoteles. Para darle mayor realismo.

Hay que pensar también en las penalizaciones. La mítica cárcel, que podría tener su reflejo en su homóloga de la calle Toledo, pero es demasiado predecible y poco segura por el paso de las palomas y la desidia. Hablando del tema, me han propuesto como reemplazo para esta casilla (y a mí me ha parecido todo un acierto) el minizoo: la primera vez es gratis; las siguientes no, porque ya te conoces a todos los animales y la parada en el bar es ineludible (y equivalente a pagar la fianza en una cárcel que se cae a cachos). Las cartas de azar te pueden llevar de botellón a la Fuente de la Niña en Ferias (ah, no, esa opción solo estuvo disponible hasta la edición del juego de 2016), a los atascos del Eje Cultural los sábados por la noche o al Ferial Plaza en época de rebajas. Con todos, pierdes dos turnos. También puedes tener la buena suerte de que te caiga la Ronda Norte al pasar por el polígono o la ruta del colesterol en modo rápido y por el carril de tierra, más allá de coches y solo surcado por deportistas intrépidos. En esta ocasión, podrás tirar dos veces seguidas.

En cuanto a las fichas, podríamos tener un sombrero de mariachi (por seguir con la coña con Jalisco), el Torreón de Alvar Fáñez, un pico del Infantado y un bizcocho borracho, para darle emoción al juego. Y, claro, la forma de pagar no serían ni los dólares ni los euros, sino la miel, impulsando el globalismo de la provincia. Ya veo a los críticos diciendo “el azúcar está pervirtiendo el sistema guadalajareño” o “la sucia miel que mueve el mundo”. El desvarío puede ir más allá y, cada vez que alguien erija un edificio pagado con el sudor de la frente de las abejas, salte una musiquilla con la sintonía de Cristina y Los Stop pero con la letra “Tres cosas hay en la vida, el aparcamiento del hospital, la miel y el Panteón”. Perdón, ya paro.

Y de parque (de la Constitución) a parque (del Coquín) y tiro porque me toca, ojalá nos pudiésemos contar 20 cada vez que una iniciativa que no sea tan intrascendente -véase el fin del trasvase Tajo-Segura, que cuenta con apenas 1.700 firmas– recoge tanto apoyo como que Guadalajara esté en el Monopoly. Si hubiesen puesto una cuenta atrás llamativa y tantos colorines como en la vistosa página de Hasbro, otro gallo nos hubiese cantado. 

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