El mariquita del pueblo

Una pareja en el campo de lavandas de Brihuega. // Foto: Javier Hernández

Una pareja en el campo de lavandas de Brihuega. // Foto: Javier Hernández

Por Patricia Biosca

En los pueblos siempre ha habido un mariquita. Junto con el borracho y el tontico han formado parte imprescindible de la cultura rural, ¡hombre!”. Así describe el programa de humor “La hora chanante” uno de los roles que se repiten casi tanto como el ajo en los pueblos. Siempre hay uno, aunque no sea cierto. Y siempre se califica como un insulto, incluso dentro de ese cajón difuso que abarcan frases como “con cariño”, “no me molesta, pero que no se me arrime mucho” o “yo tengo muchos amigos gays”. A modo de tradición, o por costumbre de tribu, los homosexuales han estado en el punto de mira como el negro Sam de “Casablanca”: solo servía para tocar el piano, como los mariquitas para aguantar las mofas. Independientemente de su orientación sexual, la mayoría pasó un infierno y tuvo que emigrar a otros lugares, que no tenían por qué ser más tolerantes, pero sí más anónimos. Eso o la resignación. Sigue leyendo

Decepción

Por David Gómez

Once del Club Deportivo Guadalajara en su partido frente al Albacete B | Foto: Club Deportivo Guadalajara

Ayer comenzaba una nueva era en el Club Deportivo Guadalajara. El sol lucía radiante en una espléndida mañana dominical. Un día idílico que invitaba a regresar al Pedro Escartín, la casa de todos. La llegada del nuevo administrador concursal y la inhabilitación de Germán Retuerta como gestor de la entidad habían provocado multitud de reacciones positivas en las redes sociales. La plantilla y el cuerpo técnico, conscientes de ello, llamaron a la afición para acudir en masa al feudo alcarreño. Bajo esa tesitura, un servidor emprendía de nuevo el camino hacia su hogar. Por primera vez en mucho tiempo, enfilaba la cuesta hacia abajo que llevaba al Escartín.

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De cómo los jóvenes emprendedores cambian la realidad de Guadalajara

Laura Lomas en su Atelier. // Fotografía: Jorge Barba Cuesta.

Laura Lomas en su Atelier. // Fotografía: Jorge Barba Cuesta.

Por Almudena García*

Acaban las Navidades, recogen sus cosas y se van. Hasta verano, un año más. Ya es el quinto de esta rutina, llega el veintitrés de diciembre y todos vuelven a casa pero, después, se marchan. Hablo de mis amigos, los que están fuera, los que un día decidieron que no podían más, que no toleraban un contrato precario, un abuso y una desilusión más. De un lado están ellos, los que llaman “valientes” porque cogieron los retales de su vida y, con mucha pena, levantaron vuelo y salieron de Guadalajara. Y sí, hay que ser muy valiente y muy fuerte para ver como envejecen tus padres por Skype, como todas las noticias buenas se celebran a distancia, como no estás cuando te necesitan o tú los necesitas. Sé que hay que ser valiente porque un día, por un espacio muy corto de tiempo, yo estuve en esa situación. Sigue leyendo

Jueces anónimos

 

Por Gloria Magro. 

Es lunes y aún no ha salido el sol. El albañil va con prisas, o tal vez no. Está haciendo una reforma en El Casar y se ha dormido. O a lo mejor es un hombre tranquilo y conduce con prudencia, no lo sabemos. Esa mañana tiene mil cosas en la cabeza, o no tiene ninguna, tampoco eso lo sabemos. La carretera es tranquila, rural, las urbanizaciones tras los setos se congelan en los márgenes de la M-117, aún somnolientas a esas horas. De vez en cuando cruza un conejo. Pasan pocos coches y en dirección contraria, la gente madruga para ir a Madrid a trabajar. Acelera, ya queda poco para llegar. Al fondo se ve una marquesina de autobús. Entra un mensaje en su móvil y baja un momento la mirada para leerlo, está solo en la carretera, ni se lo piensa. O tal vez abre la guantera del coche para buscar algo, o mira por el retrovisor, quien sabe. Es un segundo, un mísero segundo el que deja de prestar atención, pero un impacto brutal rompe el cristal del Mercedes y un cuerpo cae desplazado en la cuneta, inerte. Y después el silencio.  Sigue leyendo

Borlandia

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Fernando Borlán // Foto: Archivo familiar.

Por Álvaro Nuño.

“Somos tantos, le queremos tanto, nos ha influido tanto que estoy pensando que por qué no pedimos también la independencia nosotros. La podríamos llamar “Borlandia”.  Esta genial y divertida propuesta se le ocurrió a vuelapluma -como surgen casi todas las grandes ideas- al poeta y escritor Benjamín Prado el pasado miércoles sobre el escenario del salón de actos del instituto Brianda de Mendoza, y nos la lanzó a los exalumnos, amigos y compañeros del gran Fernando Borlán, catedrático de Lengua y Literatura, profesor, poeta, escritor, una de esas personas que dejan huella cuando se te cruzan por el camino de la vida y que tuvimos la suerte de que acabara recayendo en Guadalajara.

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De ley

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Las viviendas sociales de San Vicente de Paúl se encuentran en las calles Valencia, Ciudad Real y Ávila de la capital. // Foto: guadalajaradiario.com

Por Borja Montero

Los vecinos de la colonia de San Vicente de Paúl, una promoción de 96 viviendas sociales construidas hace más de cincuenta años en las calles Valencia, Ciudad Real y Ávila del barrio del Alamín, entonces las afueras de la pequeña ciudad de Guadalajara, denuncian que la Sociedad de San Vicente de Paúl, organización caritativa de carácter religioso que se encarga de la gestión de las viviendas, está intentando desahuciarlos de sus casas e, incluso, acusan a esta entidad de fraude o estafa, ya que reclaman que la propiedad de las viviendas debería haber pasado a los inquilinos hace veinte años. Sin embargo, según se temen, se pretende vaciar estos viejos edificios con la intención de llevar a cabo alguna operación urbanística en estos terrenos. La Conferencia San Vicente de Paúl se teme que esta campaña de descrédito se debe al descontento de un vecino que, debido a su situación económica y al lejano grado de parentesco con los adjudicatarios originales, no sería merecedor de una de estas viviendas, un caso que ha sido ya incluso llevado a los tribunales. Sigue leyendo

Mismas caras, mismos gestos

Por David Sierra

Era un día muy especial. La primera vez que asistía a un acontecimiento del que me habían hablado maravillas por la gran cantidad de cosas que podría ver. En una jornada no da tiempo a mucho. Me decían algunos experimentados en la materia. No importa. Iré a hacer mi trabajo y, si puedo, luego me escapo por algún pabellón. Pensé. Ese día era un viernes. Y mi obligación, la de estar presente en los actos que estaban programados para enseñar al gran público las lindezas de nuestra provincia. De Guadalajara. Llegué a los pabellones de IFEMA excitado. Recuerdo que me puse pantalones de vestir y camisa. La buena, de las bodas. La ocasión lo merecía. O eso me habían sugerido.

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Imagen del stand de Castilla La Mancha en FITUR del año 2010 / Fuente: Cadena Ser

No fue complicado llegar al stand donde Guadalajara se presentaba junto al resto de provincias manchegas bajo el paraguas del gobierno autonómico. Antes, cada una hacía la guerra por su parte. Y la desorganización era más que evidente. El nuevo organigrama integraba a todos los territorios de la región en un mismo espacio y asignaba a cada uno de ellos un día de la feria donde sería el principal protagonista. Y llegaba el turno de Guadalajara.

Pronto las caras comenzaron a ser conocidas. Políticos, responsables de prensa, algún que otro funcionario institucional y mucho compañero, todos concentrados en ese espacio donde se iban sucediendo los acontecimientos ideados. Algunos actores, que merodeaban por allí disfrazados, ofrecían pistas sobre las diferentes promociones turísticas que se iban a exponer y permitían a los fotógrafos ampliar su dossier de imágenes de cara a seleccionar la portada más llamativa. “Las mismas caras, los mismos gestos”, como diría la canción. En esa memoria frágil permanece la ‘nosecuanta’ edición del Festival Medieval de Hita, que se presentó entre amigos. Me fui con la certeza de que todos los que allí estábamos nos veríamos a primeros de julio. En el Palenque.

Hace años, estar en FITUR e ir allí era motivo para que los periódicos llevarán en sus páginas un suplemento especial más grueso que el propio periódico. La prensa provincial hacía gala por todo lo alto de los atractivos que tenía la provincia. Eso reportaba interesantes ingresos. Y durante la feria repartía el producto elaborado entre los participantes presentes: aquellos que habían puesto pasta para que eso se hiciese. Teníamos la sensación, o al menos yo sí la tenía, que con ese trabajo que nos había generado quebraderos de cabeza en la redacción los días previos a su publicación contribuíamos a promocionar la provincia fuera de nuestras fronteras. Nada más lejos de la realidad, pues aquellas páginas solían caer en manos de quienes ya perfectamente la conocían. Más tarde me di cuenta que había que escribir para los de aquí.

Con el tiempo y cuando la oportunidad te permite visitar varias veces este circo, caes en la cuenta de que año tras año la visita a FITUR sigue tomando itinerarios similares. Guadalajara cuenta con un producto turístico de calidad, bueno y alternativo. Las cifras de ocupación hotelera y de visitas siempre se ofrecen positivas de cara al sector poniendo de manifiesto que cada vez son más personas las que descubren esta provincia. Y muchos de ellos incluso se enamoran y repiten. Pero ese descubrimiento no suele ser el fruto de esta cita.

De nuevo en esta edición, Guadalajara llega con aires renovados. Si atendemos a informaciones de años anteriores las expectativas que vendían desde las instituciones eran parecidas. Nuevamente un programa cargado de presentaciones con las rutas literarias de rigor en conjunción con otros festivales afianzados por su éxito en lo que el presidente de la Diputación, José Manuel Latre” ha calificado como “la mejor forma posible de presentar la oferta turística de nuestra provincia”. Sin embargo, lo que el presidente de la Institución Provincial no ha desvelado es a quien.

Las ferias comerciales y más aún aquellas turísticas, ya sean abiertas a todo el público o sectoriales, tienen su objeto de ser en la medida en que quienes exponen entran en contacto con aquellos que puedan encontrar tan interesante lo expuesto como para recomendarlo e incluso promocionarlo allá donde se ubiquen. Las ferias son para hacer negocios. Para estudiar la oferta de los competidores. Para encontrar candidatos que puedan considerar beneficioso para ellos incluir el producto Guadalajara en su cartera. Para llamar la atención de esos que mejor puedan vender los encantos de la provincia. Y ese trabajo, en FITUR, se lleva a cabo un par de días antes de que sus puertas abran por completo. Tan importante es la puesta en escena como tener localizado e, incluso con invitación en primera fila, al verdadero público al que se dirige. Esperemos que esta vez sí, tengan su entrada.