El largo invierno

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La calle Teniente Figueroa tuvo que ser cortada al tráfico y el entorno del edificio de Correos acordonado debido al desprendimiento de algunos elementos de la torreta que corono la fachada. // Foto: guadaque.com

Por Borja Montero

Aunque uno se sienta tentado, máxime después de los invernales episodios acaecidos a lo largo de esta semana, esta pequeña píldora de opinión no se centrará hoy en cuestiones meteorológicas ni en su influencia en el día a día de cientos de vecinos de la vecinos de la provincia. El largo invierno al que se refiere el título de estas líneas es el que se ven obligados a afrontar muchos edificios que han sido de uso público y cesan de sus funciones. A pesar de los servicios prestados, no se les encuentra un fácil acomodo en las nuevas necesidades de la ciudad, pero su preeminencia arquitectónica hace que sea casi obligatorio darles una nueva vida, algo que, con los retrasos propios de las cosas de palacio, que van tan despacio o más de lo que dice el refrán, puede acabar afectando, incluso gravemente, a su salud.

El último caso de estos edificios de cierta relevancia en el paisaje capitalino que está sufriendo los rigores del desuso es, según informa Guadaqué, la antigua sede de Correos. Este señorial inmueble, que cumple este año cien años en pie y un lustro sin oficio conocido, obligó a cortar al tráfico la calle Teniente Figueroa del centro de la capital debido a desprendimiento de algunos elementos de la torreta que corona su fachada principal, de un cuidado estilo neomudéjar. En principio, la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos no tiene planes para este inmueble, aunque hace un par de años se oyó la posibilidad de que volviera a abrir sus puertas como lo que ha sido siempre, oficina de Correos, mientras que el resto de administraciones que podrían estar interesados en poner este edificio de nuevo al servicio de los ciudadanos no han apostado de forma decidida por ello, a pesar de que sí ha habido algunas reuniones a lo largo de los años entre el Ayuntamiento y la gestora del servicio postal. Mientras tanto, este edificio, quizás no tan carismático como la gigantesca oficina de Correos de Dublín, pero sin duda uno de los que más resaltan en un paseo atento por una ciudad huérfana de muchos de sus restos históricos, sigue esperando su turno, con una herida externa y no sabemos cuántas internas.

El caso se repite con lo sucedido con otros edificios. No hace mucho hablábamos en este mismo foro del Ateneo Municipal de la capital, y no podemos olvidar la tensa espera de seis años que el edificio del Banco de España tuvo que afrontar antes de que, desde su cierre en 2002, el Ministerio de Hacienda se decidiera a llevar a cabo las obras de reforma y trasladar allí gran parte de los servicios de la Delegación Provincial, por citar un ejemplo en el que sí ha habido final feliz.

Los casos citados tienen como protagonistas a administraciones públicas, pero el caso de la incertidumbre del futuro de ciertos edificios con cierto sabor guadalajareño también recae en ocasiones en manos privadas. Así, los casos más sonados en la reciente actualidad capitalina son el del palacio de la plaza de San Esteban, otrora sede de la Delegación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y, desde su mudanza al vecino edificio de Caja de Guadalajara, vacío y desempleado, situación que ya se va acercando a la década; o la sede de la Cámara de Comercio de Guadalajara, embargada por la mala cabeza de los gestores de la asociación empresarial y desalojada hace un año después de su adjudicación en subasta a una empresa privada. El futuro de ambos edificios parece diferente: mientras el de la plaza de San Esteban depende de un cambio en el Plan de Ordenación Municipal para poder diversificar sus usos, ya que tras el tiempo transcurrido se ve que su futuro como oficinas pinto poco halagüeño, el de la calle Mayor sí parecería una operación activa para los nuevos propietarios, que adquirieron su propiedad hace algo más de un año, aunque aún no se sepa exactamente a qué modificaciones se someterá al inmueble.

Y todo ello por no hablar del Poblado de Villaflores, que parece que quema una nueva etapa con la aprobación y exposición pública del plan de protección que el Ayuntamiento ha redactado para su conversión en Bien de Interés Cultural.

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