La verdad sobre perros y panteras (parte II)

El perro asilvestrado que "PODRÍA" ser la pantera de la Sierra Norte. // Foto: Guardia Civil

El perro asilvestrado que “PODRÍA” ser la pantera de la Sierra Norte. // Foto: Guardia Civil

Por Patricia Biosca

El misterio es algo que siempre ha llamado la atención del ser humano. Una constante que se hace palpable por el éxito de novelas, series, películas e incluso programas de televisión que muestran una realidad en la que todo es posible, en la que una niña tiene superpoderes y lucha contra bichos; en la que un extraterrestre puede volar y ser fotógrafo en sus tiempos libres; en la que hay una pantera suelta por los campos castellanos de Guadalajara.

Ríos de tinta han corrido acerca del inusual hallazgo que ha puesto en el foco una tierra olvidada incluso en las cuestiones en las que es protagonista (véase el caso del agua y los trasvases). Vecinos de la Sierra Norte de Guadalajara que salían ante las cámaras seguros de lo que habían visto y que tuvieron que aguantar las risas de gente con la que comparten localidad de residencia (la mujer del último avistamiento aseguraba que algunos maullaban a su paso para ridiculizarla). Expertos que aseguraban que era imposible que un gran felino campase a sus anchas por aquellas tierras. Televisiones que se acercaron a dar clases a los niños sobre cómo actuar si se encontraban con la supuesta pantera (como si de la Hidra se tratase, es mejor no mirarla a los ojos). Toda una burbuja de misterio con los ingredientes perfectos para no dejar dormir a más de uno y que más de otro se frotase las manos. Hasta que llegaron las fotografías: la pantera era un perro asilvestrado.

Al menos así lo aseguraba la Guardia Civil de Guadalajara, que aunque en un mensaje a través de las redes sociales marcaba un “PODRÍA” con letras mayúsculas -con la que estaba cayendo, como para decir que la certeza era total-, daba por cerrado el caso. Pero en estas que vuelve un viejo conocido del misterio, Iker Jiménez, quien con su jeep y como si fuera de comando (animal print incluido) siguió los pasos del enigmático animal. Aunque no encontraron nada más allá de una huella (si nos fiamos de su testimonio, porque aquí servidora solo veía un conglomerado de yeso y barro), salió con la certeza de que en aquellos páramos vivía salvaje un gran felino y que se trataba de un “alien cat”, un fenómeno que se dio en Gran Bretaña en los años 90 tras múltiples testimonios de avistamientos de este tipo de animales fuera de su contexto y que ahora tenía su versión española. Como la moda del té, pero con pacharán.

Por ello, cuando la Guardia Civil dio una explicación a lo sucedido, Iker no la creyó. Es más, aseguró que en realidad no había dado la certeza del hallazgo, e incluso un colaborador apuntó a intereses ocultos (de nuevo la conspiración, ese nectar que endulza todas las buenas historias) para “dar carpetazo al tema”. Compararon la imagen borrosa que un aficionado había tomado con las imágenes de la Guardia Civil. “Eso no es un perro”, sentenciaban en plató. No cree la versión de la benemérita, pero sí puede sentenciar, basándose solo en un vídeo grabado con un móvil y a larga distancia, que se trata de un felino de grandes dimensiones. Se apunta también a un menosprecio por parte de los medios de comunicación hacia los testimonios de los vecinos. Se subraya el hecho de que solo Cuarto Milenio se cuestiona más allá, erigiéndose una vez más adalid del periodismo, cuando lo cierto es que los medios locales han seguido el tema más de cerca que un reportaje de media hora, sin aspavientos y sin grandes producciones, y con mucha menos influencia que un conglomerado de medios que controla casi una decena de canales de televisión.

Por eso mismo solo aquellos ciudadanos ajenos a todo el revuelo, pero seguidores acérrimos de un programa que bien tiene merecido su público, se manifestaban en las redes sociales afirmando con rotundidad lo que su ídolo pregonaba: que el misterio no está resuelto y que hay una conspiración a la altura de El informe Pelícano para tapar los hechos verdaderos. Más le vale a la Guardia Civil encontrar al gato o dar una explicación más atractiva del hecho (yo propongo que haya abducciones de gallinas, la ouija para contactar con la madre de la pantera y un perro que habla y que le dé el toque divertido), porque como llegue una suerte de Rodríguez Menéndez avispado, el tema puede convertirse en el nuevo hombre que llegó a la Luna. Mientras, siéntense y disfruten del espectáculo, porque a la pantera tímida aún parece quedarle capítulos.

“Yo creo que esa pantera está ahí. De momento, de resuelto nada”. Fin de la cita.

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