Enseñar y educar

Por Borja Montero

Siempre es grato que a uno le den la razón, aunque sea con un desfase de seis años. Esta semana se ha conocido la sentencia del Tribunal Constitucional que anulaba las sanciones impuestas a un profesor de Primaria de Cabanillas del Campo por explicar a sus alumnos las razones por las que participaría en la huelga de enseñanza del 29 de febrero de 2012 y enviar a los padres una carta anunciando su ausencia esa jornada. Algo que parece una cuestión de cortesía para quienes son beneficiarios directos del trabajo de uno, y que ese día se verían privados de él por las razones extraordinarias comentadas en el aula y en la misiva, se convirtió para este docente en un proceso sin sentido por vía administrativa que acabó en los juzgados de Guadalajara, que se alinearon con la Consejería de Educación en la tesis de que el docente poco menos que malversó bienes públicos (unos folios y su tiempo de trabajo como funcionario) para corromper intelectual y políticamente a unos menores. El TC finalmente ha quitado yerro a un asunto que nunca debió tenerlo.

El Alto Tribunal desmonta los dos argumentos que sirvieron a la Consejería para imponerle una sanción de un mes de empleo y sueldo a este profesor. Por un lado, el uso de unos cuantos folios para imprimir unas cartas dirigidas a los padres y apenas diez minutos de una clase del grupo del que era tutor aquel curso para comentar a los alumnos el contenido de las mismas, probablemente cuestionado por los propios alumnos, no parece a simple vista un abuso de la posición del profesor en lo que a disposición del material escolar y del tiempo de los estudiantes se refiere. Por otra parte, la exposición de los motivos que llevan a la huelga, fácilmente localizables por un alumno interesado en cualquier periódico, radio o televisión o con una simple búsqueda en Internet, así como el anuncio de que el profesor participaría a título personal, alertando a alumnos y padres de su ausencia por los perjuicios que pudiera causar, tampoco han sido considerados por el TC como razones suficientes para acusarlo de tendenciosidad o falta a su obligación de rigor y objetividad.

Al margen del pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre el fondo de este caso, denunciado en su momento por un concejal del PP de la localidad a la Consejería entonces capitaneada por Marcial Marín, que procedió a llevar el asunto a sus últimas consecuencias a pesar de que los informes de la inspección educativa no fueron precisamente concluyentes, esta noticia sirve para reflexionar acerca de qué papel deben tener los profesores en el tratamiento de algunos temas ajenos al currículo escolar de cada curso, sobre todo en este frenético mundo en el que la información corre sin limites ni filtros por la red de redes; si deben ser meros enseñantes que repiten la lección sin salirse ni una coma del discurso o educadores que sepan dar respuesta a las necesidades de conocimiento de sus alumnos. Es evidente que los cambios en la gestión educativa del Gobierno regional iban a afectar a la vida de esos chavales mucho más que los ríos de España o la lista de los reyes godos, bien por la anunciada ausencia de su profesor esta jornada y en las subsiguientes movilizaciones contrarias a estas decisiones o por las medidas en si, que podían traducirse en aulas con más alumnos, reducción de programas de refuerzo o más horas sin clase por no cubrirse determinadas bajas, por detenernos en algunos puntos de la política popular en esta materia en aquellos días. De este modo, vemos cómo puede ser útil y productivo para los alumnos abordar, aunque sea de forma tangencial o breve, determinadas cuestiones que sean de su interés, ya que siempre será más interesante que alguien con criterio de selección y capacidad de comunicación con niños y adolescentes intermedie entre ellos y la realidad que dejar a los chicos buscar en internet por su cuenta y hacerse ideas equivocadas o exageradas. Quizás una huelga de enseñanza sea lo de menos pero temas como el bullying, el racismo, el machismo, la igualdad o la sexualidad bien valen un rato de cole, aunque no vengan como tal en los libros.

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