Desierto y paro

manifestación regantes Murcia Twitter Scrats

Imagen de la manifestación de los regantes // Twitter Sindicato Regantes del Segura

Por Álvaro Nuño.

Que el trasvase Tajo-Segura y su consecuencia más directa, el ridículo nivel de agua de Entrepeñas y Buendía, suponen una ruina para la comarca de los pantanos es una cosa que todo el mundo puede contemplar a simple vista dándose una vuelta por las orillas de los embalses. Pantalanes y embarcaderos abandonados a kilómetros del agua con sus neumáticos llenos de barro, viejas embarcaciones apiladas en naves, urbanizaciones con carteles de “Se vende” por doquier, clubes náuticos sin actividad ni socios, hoteles y hostales vacíos,.. El paisaje es esperpéntico y desolador. Si uno aparca el coche en la Plaza Mayor de Sacedón y baja hasta el Paseo Marítimo, viendo esa gran ancla que lo preside rodeada de un desierto y desde donde no se atisba ni una gota de agua, sólo se le ocurre decir “¿Pero de qué va esto?”. Un escenario de película de Berlanga.

Estas percepciones se repiten una y otra vez desde hace años y más entre la gente del lugar que recuerda la corta pero floreciente época en que los pantanos estaban llenos, cuando el agua llegaba a la orilla de ese paseo, en la playa de Sacedón, o cuando Las Brisas y Las Anclas eran urbanizaciones bulliciosas llenas de madrileños de un alto nivel adquisitivo y que encontraban aquí un lugar para descansar y navegar con sus motoras o sus veleros, disfrutando de la suave brisa que la lámina de agua refrescaba. Cuarenta años después, todo parece un espejismo.

Ahora un estudio elaborado por el denominado Grupo de Investigación del Tajo dependiente de la Universidad de Castilla-La Mancha y realizado por un profesor de Economía en la UNED; una de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la universidad regional y una consultora independiente, viene a corroborar con cifras el empobrecimiento que ha supuesto para la zona la falta de agua

Según los datos del estudio, entre 1950 -año que se señala como el del comienzo los fenómenos de la despoblación rural- y 2016, los municipios ribereños han perdido 15.000 habitantes, tendencia que no han seguido otras zonas de las provincias de Guadalajara y Cuenca. Primero, la construcción de los pantanos supuso la pérdida de las vegas más fértiles de la cabecera del Tajo, que se vieron anegadas por sus aguas. Eso impidió el desarrollo del sector primario, aunque entonces se prometió que la alternativa económica de la zona sería el turismo, una situación que se vio después frustrada con la apertura del trasvase Tajo-Segura, que bajo el nivel de los pantanos de una media del setenta por ciento antes de 1981, hasta no sobrepasar el 30% por ciento. Por las tuberías del trasvase no sólo se va el agua sino el desarrollo de la zona, que se sustentaba únicamente en la presencia del agua. “En Sacedón, por ejemplo, pasamos de tener el agua a los pies del paseo del pueblo a tenerlo a varios kilómetros y eso perjudicó nuestra economía”, señala el alcalde de Sacedón, Francisco Pérez Torrecilla, presente en la comparecencia de los investigadores.

La crisis también parece haber golpeado más fuerte en la zona. Desde 2010 se ha contabilizado el cierre de un 30 por ciento de establecimientos y de un 50 por ciento de plazas turísticas. En cuanto a la construcción registra un 10 por ciento menos de actividad que en municipios rurales similares de Cuenca y Guadalajara. Y por lo que a la renta de sus habitantes respecta, ha bajado un 20 por ciento. Un panorama catastrófico al que hay que sumar el abandono por parte de las administraciones públicas a los municipios ribereños con infraestructuras prometidas hace la friolera de medio siglo, como un plan de regadíos para la zona u obras de abastecimiento para los municipios ribereños que, todavía a día de hoy, tienen que recibir el agua para el consumo en camiones cisterna

El estudio también realiza una comparativa con el desarrollado del madrileño embalse de San Juan, mucho más pequeño pero que se encuentra a una distancia similar de la capital de España. Los dos se crearon en la misma época y los dos han sufrido una reducción de las aportaciones, pero la zona del de San Juan ha ido ganando población, industria turística y creando riqueza. No son pocos los casos de amantes de los deportes náuticos que, ante la incesante marea baja en el Mar de Castilla, han apostado por coger su barco, montarlo en un remolque, y botarlo en el pantano madrileño, mucho más pequeño, pero donde todavía se puede navegar sin estar rodeado de un inmenso desierto de lodo cuarteado.

Dos días después de la presentación de este estudio, con Entrepeñas a un 11,37% de su capacidad y Buendía a un 10,43, cerca de 50.000 personas, según datos de los propios convocantes, el denominado “Círculo de Agua” -en el que se agrupan, regantes, agricultores, sindicatos, empresarios y universidades-, se manifestaban desde la Puerta de Alcalá hasta el Ministerio de Agricultura pidiendo soluciones ante la falta del preciado elemento y la sequía estructural que padecen los regantes de Alicante, Almería y Murcia. Con la presencia del presidente murciano, el popular Fernando López Miras y representantes de PSOE y Ciudadanos- sus portavoces criticaban el cese temporal del trasvase Tajo-Segura, al encontrarse por debajo del mínimo de 400 hectómetros cúbicos impuestos en la época en que María Dolores de Cospedal era presidenta de Castilla-La Mancha, -la única medida efectiva que ha logrado hasta la fecha frenar el vaciado de los pantanos de la cabecera del Tajo-.

Mientras regalaban miles de kilos de fruta entre los viandantes madrileños, hablaban también de “desesperación e incertidumbre” en un sector que mantiene allí “miles de puestos de trabajo”.

Los habitantes de ambos lados de la tubería tienen claro que el agua supone riqueza y desarrollo, pero mientras unos -los levantinos- parecen tener la fuerza y la unidad como para pedir el levantamiento de las actuales restricciones al trasvase, los municipios ribereños sólo parecen tener claro que en cuanto los pantanos superen la línea de los 400 hectómetros, la derivación será prácticamente automática, no dando oportunidad a una recuperación de los niveles que frene la terrible crisis que atestiguan ahora los datos. La lucha será dura, pero la esperanza por recuperar parte de lo perdido no puede escapársenos también por la misma tubería.

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