Se nos ha oído alto y claro.

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La calle como altavoz femenino, demostración de fuerza y símbolo de la unión de las mujeres.

Por Gloria Magro.

A escasas cuarenta y ocho horas de la mayor demostración de fuerza feminista de la historia de España, resulta difícil no dejarse llevar por la euforia.  Nunca las mujeres habían conseguido tanto en nuestro país tanto y en tan poco tiempo. Hablamos de visibilidad, compromiso, unión… e incluso de algún intento de revisionismo histórico en clave femenina. Las españolas hemos salido a la calle de forma masiva y por primera vez, unidas por una causa común. Se nos ha oído alto y claro, y por una vez, también se nos ha escuchado.  Y el mundo entero nos ha contemplado con asombro. Esperemos que también hayan tomado nota.

Yo no hice huelga el jueves 8, ni me manifesté. Mi empresa, una compañía con más de quince mil trabajadores e importante presencia femenina, decretó servicios mínimos y me tocó trabajar. No lo sentí, el solo hecho de que tuvieran que plantearse servicios mínimos ya fue un éxito. Todas las grandes empresas se han visto obligadas esta semana a hacer lo mismo, impulsadas por una marea de mujeres que no ha dejado a ningún sector indiferente. Si algo quedó claro este jueves pasado es que no estaremos ubicadas de forma representativa en ninguna cúspide, según ponen de manifiesto todos los estudios de género, pero sí somos la mayoría en todas las bases. Y por una vez hemos dejado constancia de quienes y cuantas somos. Esta es la fuerza de las mujeres, unidas en una causa común y solidaria.

Los paros parciales de dos horas en muchos ámbitos sociales y económicos también han sido una gran demostración de nuestro compromiso con nosotras mismas y con nuestros derechos y aspiraciones. Igual que las marchas multitudinarias por todo el país, las concentraciones, la conciencia colectiva que parece que va penetrando hasta en las mentes más impermeables y los muchos artículos que están sacando a la luz estos días esa parte femenina de la Historia sospechosamente traspapelada.

Hemos logrado asombrar al mundo con nuestra fuerza y somos noticia de cabecera en todos los medios de comunicación internacionales, para asombro de nuestro Gobierno, que una vez más se ha puesto de perfil y sólo cuando ha visto que el movimiento femenino era imparable, se ha unido tímidamente y de forma tardía a la causa. Ojalá se traduzca en las próximas semanas en  un empujón a iniciativas parlamentarias paralizadas, leyes, propuestas. Veremos si son consecuentes, si realmente han entendido lo que ha ocurrido éste 8 de marzo.

Este ha sido sin duda el Día de la Mujer más importante de la historia reciente de España y nos lo tenemos que dedicar a nosotras mismas, artífices de su éxito contra viento de  marea. Y es textual. Éste artículo, mi pequeña contribución a la causa femenina, va por todos los que no creían que las mujeres, pese a ser la mitad del país, fuésemos capaces de conseguir pararlo, ni que fuésemos a tomar realmente las calles de la manera en la que lo hemos hecho. También va por ese obispo que cree que el diablo se ha instalado entre nosotras mientras que las mujeres pensamos que satanás, de existir, habla más bien desde su púlpito allá en Bilbao. Que lo nombre Rajoy ministro de Igualdad en vez de la ministra que tenemos, que ante el Día de la Mujer se descolgó con declaraciones rancias y retrógradas, a todas luces incompatibles con su cargo.

Por cuestión de cercanía, también van estas líneas por el alcalde de Guadalajara, Antonio Román, que hace unos días decía que ésta era una huelga de privilegiadas. Pues estás privilegiadas te han enmendado la plana, señor alcalde, son la mitad del censo electoral y si son consecuentes, tal vez busquen candidatos un poco más sensibles que tú a la causa femenina la próxima vez que vayan a votar.

Lástima que hayan sido precisamente mujeres quienes hayan empañado esta jornada festiva desde sus atalayas privilegiadas, porque es cierto que las hay privilegiadas. Cayetana Álvarez de Toledo es una de ellas. Si, la misma ex diputada del PP de ilustre apellido y escasa afición al trabajo -como demuestra su paso invisible por el Congreso de los Diputados- a la que le parecía imperdonable aquel desfile de reyes de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. Su editorial del jueves 8 en El Mundo fue especialmente sangrante. Tener semejante altavoz y utilizarlo así, Cayetana. Tú si que no vas a encontrar perdón entre las mujeres.

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Muchos centros escolares han centrado sus actividades estos días en la mujer y su papel en la Historia, recuperando biografías femeninas. Foto: Gema 

En cualquier caso,  y pese a semejantes piedras en el camino,  lo conseguido estos días de marzo será un avance también para aquellas de nosotras que no creen en su propia causa, para las que se consideran al margen, por el motivo que sea. Un triunfo de todas, transversal y de arriba a abajo. ¿Y ahora qué? Eso lo tenemos que decidir entre todas y entre todos porque el futuro será sin duda femenino o no será.

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