WhatsApp de padres, secuestros y bulos

La Policía Nacional ha desmentido el bulo que lleva circulando varios días por toda España. // Foto: Twitter Policía Nacional

La Policía Nacional ha desmentido el bulo que lleva circulando varios días por toda España. // Foto: Twitter Policía Nacional

Por Patricia Biosca

Necesito tu ayuda. En estos últimos días no hacen más que circular WhatsApp respecto a intentos de secuestro de niños y me estoy volviendo loca”. Esta frase real destila la angustia que en los últimos tiempos muchas madres y padres han sentido debido a la proliferación de audios que alertan que “un conocido cercano”, “un amigo” o “un cuñado” -siempre hay un cuñado en estos casos- que es Guardia Civil -o un íntimo, que es policía, que también nos vale- y que le ha advertido acerca de dejar a sus hijos solos. En la era de la comunicación instantánea y la expansión casi infinita de la información en cuestión de segundos, estos mensajes toman una relevancia desmedida que puede llegar a trastocar los nervios del más pintado -incluso aquel escéptico que no se dejó convencer por la pantera de la Sierra Norte-. Más aún si se enmarcan en un contexto en el que los tristes sucesos en los que se ven implicados niños llenan la actualidad informativa con una virulencia jamás antes experimentada. ¿De quién fiarse en estos tiempos aciagos?

No se vayan muy lejos pensando que esto ocurre en la Conchinchina. El mensaje antes reflejado es el de una persona que reside en la provincia de Guadalajara y que ha recibido por varios lugares este tipo de alertas, incluyendo imágenes de supuestos sospechosos tomadas directamente con el móvil de lo que parece un papel de “se busca” de una comisaría de los años 80. Ahora, cuando una noticia falsa puede propagarse hasta un 70 por ciento más rápido que una veraz, imaginen el calado de algo tan importante como la seguridad de nuestros hijos. Más aún si en el texto se asegura que “están robando niños para vender órganos” y que están siendo buscados en medio mundo.

Los mensajes se personalizan en función de su evolución, no se sabe muy bien con qué intención, aunque cumpliendo con el objetivo de hacer saltar todas las alarmas. Por ejemplo, la fotografía antes citada menciona dos nombres con sus correspondientes apellidos. Una mujer y un hombre con cara de haber sido pillados en pleno robo a mano armada de un banco mundial de los que se aseguran, han estado en Yumbo” para, después, haber saltado a “La Unión. Estas localidades, que ni siquiera pertenecen a España (son de Colombia) han llegado hasta los grupos de WhatsApp de madres, padres, abuelas, abuelos y demás familia de Guadalajara. Algo que no es raro si calculamos que comenzaron a circular allá por el año 2013, aunque en ese momento, estos Willy Fog del crimen estaban en Elda, Alicante. La historia ha llegado tan lejos que incluso en Murcia se registraron altercados porque se organizaron grupos pertrechados con botellas rotas para dar caza a los supuestos secuestradores. La realidad es que sí que se trata de dos prófugos de la justicia, aunque son chilenos y se les relacionó en 2012 con una red de prostitución. La misma foto que circula por la aplicación de mensajería instantánea es la que se refleja en un reportaje de investigación del portal Ciper. ¿Casualidad? La Policía Nacional dice que no. 

Los mensajes, que proliferan al calor de sucesos tan tristes como los del niño Gabriel Cruz, también se acompañan de audios. Los últimos, dos mujeres que se hacen eco de un supuesto secuestrador (o dos) de niños en diferentes puntos de Toledo. En concreto, en El Carpio y en El Romeral. Los dos archivos eran de mujeres que se dirigían a otras “chicas” -así lo afirman las dos al principio de sendas grabaciones- y recomiendan, después de remarcar que han hablado con policías y guardiaciviles cercanos -una de ellas atiende al nombre de “Sheila”- que se comparta a “madres, niños, grupos de colegio y a todo el mundo”. Se asegura que las fuerzas de seguridad han utilizado este método (el del teléfono escacharrado, que siempre es muy profesional) para alertar a la población. Nada de comunicados a los medios para que se difunda, ni siquiera mensajes a través de las cuentas oficiales de las redes sociales de estos organismos. Un correveidile a la vecina del pueblo, que en la era de internet, al final, el método tradicional es el más fiable.

El pánico entre los padres (dentro de una sociedad conmocionada por casos tan mediáticos como el de Mari Luz Cortés o Diana Quer) resulta, como es lógico, que las fuerzas de seguridad del Estado tomen cartas en el asunto. Ante una denuncia, los agentes investigan. “Según han informado hoy a Efe fuentes de la Delegación del Gobierno en Castilla-La Mancha, las denuncias fueron presentadas ayer, en ambos casos por intentos de secuestro de menores, de los que no se han facilitado más datos. Tras recibir las denuncias, la Guardia Civil ha iniciado una investigación para esclarecer los hechos, de los que por el momento no se han dado a conocer más detalles”, rezaba el teletipo, que fue reproducido en muchos medios de tirada nacional. Se especifica el término “investigación”, no que el hecho haya ocurrido de forma fehaciente. No se tiene constancia oficial de que las pesquisas hayan prosperado, por muchos comentarios en esas noticias que afirmen de forma vehemente que el hecho ocurrió, que se lo han contado de primera mano. Quién sabe si el desencadenante no fueron estos audios que, aún sin entender el objetivo, llevan siendo una constante en nuestros móviles desde que el micrófono aterrizó en nuestro WhatsApp.

El mundo no es agradable estos días y los sucesos ocurren casi a la misma velocidad con la que se teclea un mensaje de buenas noches. Las historias truculentas siempre han existido, pero nunca nos han pillado tan de cerca porque la tecnología no era una casi máquina del teletransporte al horror ni los teléfonos móviles algo con lo que tenemos más roce que con nuestra propia (piensen cuanto miran a la cara a sus hijos, padres o tíos; y luego comparen con lo que escudriñan una pantalla, sea del tipo que fuere. A mí la cuenta me sale a deber muchas horas a mi familia). Los medios, casi endiosados y que retransmiten al segundo las muertes, se pelean por las visitas, por lo que tampoco ayudan a calmar un ambiente ya de por sí enfermo. Al final, la sociedad sufre una histeria colectiva totalmente comprensible, pero de ninguna manera sana ni meditada. Porque quién va a pensar cuando de un hijo se trata. Aún así, quien escribe les pide: no añadan hostilidad innecesaria a un planeta en el que empieza a dar miedo vivir.

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