El puentero

Por David Sierra

Le esperaban con la noche bien entrada. Con la comida fría sobre la encimera. En los países de Centroeuropa se cena pronto. Es políglota y, además, los checos dominan el inglés. A ratos. Cualquier lengua le vale para hacerse entender. Por suerte, también chapurrea como nadie el español. Aunque le acierta dar un leve acento sudamericano. La expectación suscitada por su presentador había sido máxima, pero es su altura lo que más llama la atención. Viste sencillo. Se asemeja en ese rasgo a los frailes jesuitas que aún vagan por Filipinas tratando de difundir la palabra del Señor. Y también, porque no decirlo, para hacer la vida más fácil a quienes peor lo pasan. Que por esos mundos de ojos rasgados son muchos. O, al menos, eso dicen ellos.

Le llaman ‘El Suizo’. Por su apariencia. Y también porque nació allí. En Pontresina, una comuna del cantón de los Grisones. Dice la Wikipedia. Aunque podría definirse como un pueblecito alpino. De esos que llaman al turismo de montaña. De Heidi y Pedro. Tiene una sonrisa que rápido genera confianza. De esas que tienen las personas que no esconden nada, que no poseen nada, que su mayor tesoro es la ayuda que ofrecen a los demás. Y, por eso, tampoco le hace falta medir sus palabras cuando inicia una conversación. Dista mucho de esos politiquillos locales que ofrecen el oro cuando no tienen ni el moro.

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Toni con Walter Yáñez. / Fuente: Wikipedia.

Toni, y vamos al grano, es de profesión puentero. Es decir, tiende puentes. No son figurados, sino colgantes. Y tampoco él es ingeniero. Tardó siete semanas en abandonar la carrera. Quizá constructor se le podría definir. Pero cuando le preguntas a qué se dedica, siempre dice que es puentero. Comenzó su andadura con  apenas 19 años, cuando en 1987 quedó impactado por las imágenes que difundía la televisión sobre el terremoto que ese año asoló Ecuador a consecuencia de la erupción del volcán El Reventador. Y se lanzó a forjar su leyenda. Viajó hasta allí con sus ahorros y 9.000 francos suizos, que reunió entre los vecinos de su pueblo natal. El desastre ecuatoriano había quebrado una infinidad de puentes vitales para la subsistencia de las poblaciones de la Amazonía. Y con la ayuda de un ingeniero hidráulico holandés levantó su primer puente colgante de 52 metros sobre el río Aguarico.

Fiel a su filosofía de que en la vida deben tenderse puentes para avanzar, Toni ‘ El Suizo’, como le acabaron llamado los campesinos ecuatorianos, se terminó convirtiendo en el creador de los puentes de chatarra. Lo hace gracias a la colaboración de las comunidades locales ecuatorianas y utilizando madera, piedra, arena y los cables de acero usados de las torres de perforación petrolera y los tubos en desuso de la compañía nacional de petróleo de Ecuador.

Ahora no tiene casa. Y viaja con únicamente una mochila donde aparte de una muda, lleva su ordenador portátil. En él guarda y contabiliza todos sus proyectos. En aquella época eran más de 700 puentes distribuidos por toda Latinoamérica y el sudeste asiático. “Yo dedico mi vida a construir puentes con hombres y con mujeres del planeta. Pero mi sueño no es construir puentes por construir puentes sino contribuir para curar las heridas, aliviar sufrimientos, reunir las voluntades y las energías provenientes de diversos horizontes para hacer algo bello, algo bueno” dijo una vez.

En San Andrés del Congosto y Membrillera rezan para que, de algún modo, caiga del cielo un ‘Toni el Suizo’ por estas tierras. Alguien que disminuya la distancia en carretera que hay entre ambos municipios. Que arregle el puente, en forma de camino, que les une. Alguien que deje de echar balones fuera y trabaje en beneficio de las comunidades, de las personas, de los vecinos. Alguien que, de momento, saque el carnet del partido político del bolsillo y se ponga a trabajar en beneficio de quienes le pagan el jornal.

Hace un par de años fueron los propios vecinos los que agarraron el toro por los cuernos. Con sus dos alcaldesas a la cabeza. Leo y Conchi destinaron su parte de los Planes Provinciales de la Diputación al arreglo de esta vía. La mano de obra fue gratuita. Eran manos de personas hartas de aguantar los trastornos de una vía repleta de baches. La solución temporal, y hasta donde pudo llegar el dinero, fue la zahorra que, tras dos años, ya ni existe. Los socavones parecen ya piscinas. Y de nuevo servicios como el que presta el panadero o el médico, que utilizan este camino para llegar de un pueblo a otro, están en riesgo.

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Camino de Membrillera a San Andrés del Congosto. / Fuente: Cadena Ser.

El interés por convertir este recorrido en una vía duradera no es de ahora. Ya en 2010 ambos Consistorios solicitaron su reparación integral. Con promesa del gobierno regional incluida. Hicieron la cesión correspondiente para que la administración del socialista Barreda ejecutara la obra. Pero no se hizo. El impedimento fue un informe. El de evaluación medioambiental. Que el ejecutivo autonómico nunca presentó a la Confederación Hidrográfica del Tajo, que se lo requirió en hasta dos ocasiones, al afectar las actuaciones proyectadas a un tramo de su propiedad por transcurrir por la zona de policía del río Bornova. Al final, este organismo archivó el expediente en julio de 2012.

El coste para arreglar este camino asciende en torno al millón de euros. La Diputación provincial, que es la encargada de su mantenimiento, aprobó el 26 de abril de 2016 en pleno y por unanimidad su reparación aunque, desde entonces, “no se ha hecho nada”, denunciaba la alcaldesa congostera. Y lo cierto es que la Institución provincial ha comprometido públicamente a través de su diputado de Obras, José Ángel Parra, financiar la mitad de los trabajos. Por ello, las representantes de ambos municipios solicitaron al gobierno de Emiliano García Page su intervención mediante la inclusión de la otra parte de la obra en, por ejemplo, su programa de Desarrollo Rural. Después de visitas y promesas, la respuesta en este sentido aún no existe.

La solución, a la desesperada, pasa por manifestarse. Eso dice la regidora de San Andrés. O bien, llamar a Toni, ‘El Suizo’, para que tienda los puentes necesarios que permitan a las dos administraciones acordar una solución que haga posible el arreglo definitivo de este camino.

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