Desvaríos publicos

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Que limpien la ciudad. Una de las propuestas de las comunidades virtuales de Guadalajara para los pobres.

Por Gloria Magro.

Las redes sociales son una jungla incontrolable. A veces, lo que empieza con un post lleno de buenas intenciones acaba en un desvarío más propio de Forocoches que de una página local  donde compartir temas de interés local entre gente que se conoce. Y todos nos retratamos con nuestras aportaciones. Con nombres y apellidos, aquí va el ejemplo.

Una vecina encontró hace unos días dos bolsas de comida perecedera junto a un contenedor en la calle Alvarfáñez de Minaya. En la foto que colgó en la página de Facebook  de amigos del consistorio municipal se veían claramente bastantes kilos de legumbres y pasta, alimentos perecederos tal vez provenientes del reparto de alimentos de Cáritas en la cercana iglesia de Santiago. La imagen provocó un aluvión de comentarios en cadena que además de sonrojantes en muchos casos, darían pie a un estudio sociológico de andar por casa sobre los pobres, la pobreza y nuestra relación con este colectivo tal y como aparece en las redes sociales.

Es cierto que no hay que tomarse en serio los comentarios que surgen en foros como Facebook, en muchos casos provenientes de identidades encubiertas. El anonimato saca los peor de cada uno y pocas veces da lugar a comentarios bienintencionados o constructivos ni, en este tema que nos ocupa hoy, mínimamente caritativos. Pero aquí muchas aportaciones van firmadas con nombres y apellidos, a identidad descubierta. Se ve que una mínima reflexión no acompaña a la hora de ponerse ante el teclado a verter odio y maledicencias, por no decir lugares comunes y leyendas urbanas.

Es una realidad incuestionable que en Guadalajara se ve a muchas personas pidiendo por las calles, en las puertas de las iglesias, de los supermercados; tiradas en las aceras a cubierto mínimamente de la lluvia y el frío. Y como hay niveles de pobreza y de necesidad, luego están  aquellos que acuden a solicitar alimentos y ropa a los puntos de recogida, esas largas colas que se ven algunos días y a determinadas horas ante las iglesias donde se efectúan los repartos.

El primer comentario ante el post de la vecina que encontró las bolsas era que es una lástima tirar comida en perfecto estado con la cantidad de gente necesitada que hay en la ciudad. Siguieron algunos en la misma línea, intentando buscar el origen de las bolsas, que pronto quedó determinado que eran del reparto de Cáritas en la iglesia cercana. Pero a continuación salieron a relucir las manchas del tigre: los que pasan hambre en Guadalajara no son de Guadalajara sino que están en Guadalajara. Esta distinción ya parecía decir mucho de quién así pensaba y cosechó bastantes adhesiones. Lo siguiente se veía venir: la culpa de que se tire comida de este modo es de los que la reciben, porque realmente no la necesitan. Según algún vecino de Guadalajara y seguidor de este grupo de Facebook, habría que controlar no solo el reparto sino exigir algo así como un carnet de pobre y hacerles un seguimiento de ingresos… un censo de menesterosos, de pedigüeños, a cambio de unos kilos de arroz y lentejas y algo de ropa usada. Tremendo. Y ahí empezó el coro de palmeros a asentir: es público y notorio que  las ONG son culpables de la mala gestión distributiva porque no se puede consentir que quienes acuden a recibir lo que los demás no necesitamos se permitan el lujo de desperdiciarlo.

Y así, post tras post, en una retahíla de lugares comunes de los que es fácil extraer conclusiones tan trilladas como curiosas: los que piden en Guadalajara no son de aquí, luego no se les debería de dar nada. Si son extranjeros, menos que nada, que produce efectos llamada: cruzar medio continente africano y jugarse la vida en el Estrecho por un kilo de lentejas en Guadalajara. Deberían de sobrar los comentarios, pero no, a esto se le apostilla que por esta razón los pobres locales no reciben lo que les corresponde. Y a continuación se “profundiza” en el problema: los pobres de Guadalajara, con carnet de pobre y arraigo probado tiran igualmente la ayuda que se les presta y  que siempre son los mismos y son conocidos y muchas veces no son pobres, pobres, porque tienen recursos, que hay muchas trampas con estas cosas. ¡Ay,  cuanto mejor nos iría si fiscalizásemos igual de bien la actuación de otros colectivos que realmente manejan recursos públicos, dinero de todos, en vez de preocuparnos por estas miserias!

Otra cuestión que quedaba clara para algunos de los amigos del consistorio es que la gente pide porque no quiere trabajar. Sin duda consideran que en febrero y marzo y con la que está cayéndonos estos días debe de ser una alternativa mucho mejor pararse en una acera con una manta a esperar que la comida de ese día y de los siguientes provenga de la voluntad ajena. En fin. Otra opción es que el Ayuntamiento les busque trabajo limpiando la ciudad. Este comentario suscitó mucho aplauso virtual. De haberse dado por aludidos, los operarios de la contrata municipal tienen que estar encantados con la propuesta: su trabajo a cambio de comida y como último escalón social, sin duda una opción muy meditada y a tener en cuenta. Esperemos que no.

Y así discurría el post, muy animado y ambientado. Eran los menos quienes se compadecían de las familias en situación de necesidad extrema y  afirmaban que seguirían colaborando con ONGs, donando ropa y ayudando en la medida de sus posibilidades.  Qué poca caridad hay en este grupo pese a las muchas imágenes de  procesiones y de imágenes de la Virgen de la Antigua que se comparten. Y todo por unas bolsas de comida en la calle. Tal vez olvidadas, tal vez perdidas. Y aún así, algo hemos avanzado: no había comentarios racistas ni xenófobos, tan dados a aparecer en estos foros. Aplaudamos por ello, hasta aquí hay unos límites. Lástima que estén a un nivel tan bajo.

No nos damos cuenta de cómo nos definen nuestras palabras, nuestros comentarios en las redes, en abierto, con nuestro nombre por delante, al alcance de todo el mundo. Y sin embargo, qué pensamientos tan lineales, tan poco reflexivos, tan banales y trillados se dejan caer a la menor ocasión. Facebook, Twitter, los grupos de whasup de todo pelaje son un altavoz público al alcance de cualquiera. Lástima que éste sea el uso que hacemos muchas veces de ellas. Y las palabras no se las lleva el viento, ahí quedan, fiel reflejo de lo que pensamos, de lo que somos. Podriamos ser un poco mejores, sólo con leer dos veces lo que escribimos, no ya para corregir las faltas de ortografía, que también, sino para no sonrojar a los demás con nuestros desvaríos.

 

 

 

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Un pensamiento en “Desvaríos publicos

  1. Felicidades por el artículo, Gloria. Resume muy bien ese estigma social que tiene la pobreza, la exclusión social y la condición de inmigrante.
    Solo un pero, dices que al menos no se leen comentarios racistas o xenófobos. No he tenido el “placer” de leer la publicación, pero en el momento en el que de habla de “los pobres de Guadalajara y los de fuera” o que a los extranjeros ni agua.. eso es xenofobia en estado puro, y la xenofobia y el racismo rara vez no van de la mano.

    Lo dicho, felicidades, y gracias 😉

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