‘Cadena perpetua’

Por David Sierra

“No hay día que pase sin que me arrepienta, no porque esté preso ni porque usted crea que debería hacerlo. Pienso en cómo era yo entonces, un chico joven y estúpido que cometió un terrible crimen. Y quisiera hablar con él, me gustaría que entrara en razón, decirle como son las cosas, pero no puedo. El chico se fue hace años y este viejo es lo único que queda. He de vivir con eso. ¿Rehabilitado? Es solo una palabra de mierda. Así que rellene sus formularios hijo y no me haga perder más el tiempo. Porque si le digo la verdad, me trae sin cuidado.” Es el párrafo con el que Ellis Redding, caracterizado por el actor Morgan Freeman, respondía al comité evaluador que concedía la libertad condicional a los presos en la película “Cadena Perpetua”.

freeman

Este drama carcelario, que ha cumplido 24 años desde su estreno, narra el ingreso y estancia en prisión de Andrew Dufresne (interpretado por Tim Robbin), condenado a cadena perpetua tras ser acusado del asesinato de su mujer y el amante de ésta. A pesar de que todas las pruebas incriminatorias le apuntan como el culpable del crimen en el momento del juicio, durante su reclusión aparecen nuevos indicios que indican todo lo contrario, cuestionando de este modo la dureza punitiva en el sistema judicial norteamericano de la época y las consecuencias ante un posible error en la sentencia.

La película, procedente de un relato de Stephen King, ha vuelto a la parrilla televisiva auspiciada por la actualidad ante la Proposición de Ley impulsada por el PNV (Partido Nacionalista Vasco) para la derogación de la conocida como ‘prisión permanente revisable’, la máxima pena privativa de libertad que recoge el Código Penal español. Desde que fuera introducida en marzo de 2015 como parte de la Ley de Seguridad Ciudadana con el único apoyo del Partido Popular, en aquel tiempo con rodillo absoluto, la medida no ha estado exenta de polémica en cuanto a los supuestos para su aplicación, aunque hasta el momento sólo se ha hecho en un caso, el de David Oubel, condenado a esta pena al reconocer haber degollado a sus dos hijas de 4 y 9 años, en julio de 2015.

Recordemos que esta condena está restringida en su aplicación a los supuestos de asesinato donde entran en juego circunstancias tales como que la víctima sea menor de 16 años, que haya sido violada, que sean varias, que sea el Rey o un jefe de Estado; o bien que el verdugo pertenezca a una organización criminal, sea un genocida, un violador, un torturador, un pirómano asesino o el líder norcoreano Kim Jong-un.

El reciente hallazgo del cadáver de Gabriel Cruz, el niño de 8 años asesinado en Almería ha vuelto a ensalzar los ánimos de quienes pretenden evitar la derogación de este castigo y que además defienden su endurecimiento con la ampliación de los supuestos para su aplicación. Léase Partido Popular y Ciudadanos. Algo en lo que el resto de formaciones no están de acuerdo y alertan de la peligrosidad de modificar las regulaciones ‘en caliente’ y a rebufo de casos sangrantes de repulsa social unánime. En este sentido ya se han posicionado más de un centenar de catedráticos, jueces y fiscales que ven en la cadena perpetua revisable un paso atrás en la configuración de los valores de una sociedad democrática como pretende serlo la española.

Y es que, a la hora de incrementar los supuestos en los que pudiera ser aplicable la ‘cadena perpetua’ podrían aceptarse propuestas como, por ejemplo, la de incluir aquellos casos en los que la muerte de la víctima o víctimas se hubiese producido como consecuencia de la devaluación de servicios esenciales públicos a consecuencia de una malversación económica o por una gestión fraudulenta.

Por eso, más allá de que los programas de rehabilitación y reinserción de los presos sean o no eficaces, que es hacia donde tienden a ir destinados los esfuerzos en política penitenciaria, y mientras la Justicia sea aplicada por el ser humano e interpelables los veredictos y, por ende, vulnerables a errores que puedan conllevar el ajusticiamiento de inocentes como culpables, es quizá conveniente gozar de un código penal cauteloso y moderado en el apartado de las condenas. Pues siempre será más injusta la penitencia con el inocente que la condescendencia con el criminal.

 

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