A la fuerza, ahorcan

Por David Sierra

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que los pastores salían a su labor con el morral lleno y la cantimplora vacía.  Conocían de primera mano los mejores lugares donde manaba el agua más pura, fresca y saludable. Y aprovechaban esa sapiencia, adquirida en muchos casos a través de la experiencia, la investigación sobre el terreno y la radio, en su propio beneficio. A veces, las menos, compartían el secreto con la más tierna chavalería, que en contadas ocasiones se saltaba las reglas para adentrarse en los espacios prohibidos en torno a las riberas de ríos y arroyos.

agua

La proliferación de pozos, unos ilegales y otros no tanto pero igual de perjudiciales, junto con el desmán en el riego de huertas y cultivos situados en los márgenes fluviales unido a la carencia de lluvias generó que esas fuentes naturales dejasen de manar sin el más mínimo estímulo humano por recuperarlas. Ni los pastores, ya sin rebaño, se quejaron.

España es un país de contrastes. Incluso en el clima y en sus afecciones. Sin desdeñar la mano del hombre, cuyas consecuencias están siempre presentes tras sus actuaciones. La desigual distribución de una riqueza tan esencial como el agua genera conflictos y muchos beneficios. Los conflictos suelen ser sociales quedando lo otro para los particulares. No llueve a gusto de todos. Y de eso se encargan los cielos y los gobiernos.

Cada territorio posee unos recursos y carece de otros. De ahí que surgieran esos principios de solidaridad y, en estos últimos tiempos, de sostenibilidad para facilitar la vida de los habitantes de unos y otros lugares. Sin embargo, la imposición del principio de rentabilidad sobre los anteriores en todos los ámbitos ha precipitado que las desigualdades ya no sean tenidas en cuenta. Salvo que actúe la tecnología y la voluntad política para reducirlas.

La solución que Zapatero puso sobre la mesa para acabar con la guerra del agua entre autonomías y cerrar la alternativa a un trasvase desde el Ebro al sudeste español comienza a dar algunos frutos. A la fuerza ahorcan dice el dicho. Las denostadas desaladoras que se hicieron tras inversiones millonarias han permitido, no sin problemas para ponerlas en funcionamiento después de un largo periodo sin apenas actividad, cumplir con su cometido cuando el Gobierno se vio obligado a cerrar el grifo de lodo del trasvase Tajo-Segura.

A pesar de los problemas de electricidad para su puesta en marcha, la desaladora de Torrevieja, que costó en su día casi 300 millones de euros, ha servido para atenuar la escasez hídrica ante la última y reciente sequia siendo la tabla de salvación de este territorio alicantino. Las cifras que ofrece el Diario.es son elocuentes dado que la puesta en marcha de esta infraestructura ha generado entre el 1 de enero y el 11 de marzo 9,1 hectómetros cúbicos de agua potable. En 2017 la producción fue de 44,3 hm/3. Y si las últimos temporales no hubiesen hecho acto de presencia y las inversiones para su correcta electrificación fueran una prioridad sería fácil llegar a su máximo rendimiento, la generación de hasta 80 hectómetros cúbicos de agua al año. E incluso llegar a los 120 si se aplican las mejoras pertinentes. Además, plantas como ésta permitirían aliviar la situación de los sobreexplotados acuíferos que satisfacen las necesidades hídricas de muchos municipios de la costa levantina.

torrevieja

Planta desaladora de Torrevieja. / Fuente: ACCIONA

Sin embargo, desde los despachos ministeriales que ‘gestionan’ el negocio del agua vuelve a embarcarse la idea de un nuevo dictamen trasvasista desde la cabecera del Tajo, ahora que ha recuperado algo de nivel. Pan para hoy y hambre para mañana. Pues será complicado que entrada ya la primavera las lluvias que puedan caer hasta la época estival sirvan para recuperar mínimamente el tono de estos embalses. Y mientras la provincia alcarreña se lamenta, los ribereños tiemblan. Anuncian protestas, silenciadas por la indiferencia de quienes no les afecta el problema.

La solución al trasvase pasa por convertirlo en una infraestructura sostenible que confluya junto a otras alternativas de abastecimiento de manera que la gestión hídrica recupere su carácter solidario y alejarlo de los criterios de rentabilidad que aún a día de hoy manipulan su razón de ser.

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