Por algo será

Guadalajara, vista desde la ventanilla de un avión hace una semana // Foto: Alfredo López Regidor (Facebook)

Por Álvaro Nuño.

Navegando esta semana por los grupos locales de Facebook -ejercicio que realizo habitualmente-, me paré a ver en detalle una fotografía aérea de la ciudad que publicó Alfredo López Regidor el pasado 25 de marzo en el grupo “Alcarreños por el Facebook” y que reproducimos sobre este texto. La instantánea está realizada, según él mismo dice, con su móvil desde la ventanilla de un avión y se puede contemplar la ciudad de Guadalajara al completo con la perspectiva que da la altura. Apenas dos nubes interrumpen la magnífica visión de la capital. Parándose en los detalles, uno puede distinguir claramente el curso de la autovía a la derecha del casco urbano, el verde cauce  del río Henares serpenteante por su interior o la zona de expansión de Aguas Vivas justo debajo de una pequeña nube blanca que hay sobre la ciudad.

Pero indagando en la geografía de la ciudad, lo que más me ha llamado la atención a mí es la trama urbanística que se distingue perfectamente definida de lo que pretende ser desde 2005 uno los nuevos polígonos industriales de la ciudad, el de El Ruiseñor. En la imagen aérea se sitúa a la izquierda del todo, justo al lado de una de las nubes y ya en la superficie es el terreno que se extiende entre la vía del ferrocarril, la carretera de Cabanillas y la de Marchamalo. 18 años después de comenzado poco o nada se sabe todavía de este proyecto industrial, salvo que está completamente vacío -como bien muestra la imagen de Alfredo- y parece que con las obras de urbanización a medio terminar puesto que la empresa promotora ya ha tenido que pedir dos prórrogas  al Ayuntamiento  para hacerlo, la última de ellas aprobada hace casi ya tres años, en mayo de 2015.

Reconocía entonces el concejal de Urbanismo y primer teniente de alcalde, Jaime Carnicero, que el desarrollo del polígono había pasado por muchas dificultades -hay que recordar, pro ejemplo, que este era suelo elegido como primera opción por la Junta para levantar el Campus Universitario y un Parque Científico y Tecnológico asociado a él- pero también recordaba que esa zona permitirá tener suelo industrial a Guadalajara, comprometiéndose a hacer un “seguimiento especial del sector para que las obras se terminaran finalmente”. Desconocemos cómo van esas obras porque la foto aérea no da muchos detalles, exactamente los mismos que el Ayuntamiento o que la propia promotora.

Alguna noticia más reciente tenemos del otro gran proyecto de suelo industrial en la capital, el de la Ciudad del Transporte –aprobado desde febrero de 2015– y que Guadalajara comparte con el vecino Marchamalo. Sorprende, sin embargo, la diferencia de desarrollo de este proyecto a un lado y al otro de ambos términos municipales. Mientras que del millón de metros cuadrados capitalinos apenas tenemos noticia de 10.000 -correspondientes a una parcela propiedad municipal que el Consistorio sacó a subasta y que parece tener ya comprador, lo que reportará una suculenta cantidad de dinero a la cuentas municipales-, en Marchamalo, una multinacional de la logística ha anunciado la ocupación de 200.000 metros cuadrados con dos naves que crearán 3.000 nuevos empleos. La empresa además, ha anunciado ya plazos del comienzo de la actividad -prevista para el próximo mes de octubre- y que la parte de urbanización correspondiente se realizará de manera simultánea. Sin duda hay que felicitar a los gallardos por esa buena noticia, pero a la vez habría que preguntarse, ¿por qué en la parte capitalina de ese mismo proyecto no se anuncia avance alguno?, ¿qué ha hecho a esta empresa instalar sus naves logísticas en Marchamalo y no en Guadalajara?

Otras localidades vecinas como Cabanillas del Campo también parecen estar aprovechando el tirón de la logística de una manera mucho más efectiva de lo que hace la capital alcarreña. El pasado mes de julio se ponía la primera piedra de una fábrica de latas con 100 millones de inversión prevista y la creación de 120 empleos en el horizonte. El alcalde campiñero, José García Salinas, hablaba orgulloso este mismo mes de “la segunda gran expansión industrial de nuestra historia”, que ha llevado a Cabanillas en estos últimos dos años y medio a vivir “un nuevo tiempo de crecimiento, con la llegada constante de empresas nacionales y multinacionales que están creando centenares de puestos de trabajo”.

Mientras esto ocurre en las localidades vecinas del Corredor del Henares, los grandes proyectos industriales, logísticos o terciarios en Guadalajara capital brillan por su ausencia, con el desarrollo de nuevo suelo para estos fines empantanado desde hace más de una década, como el citado polígono del Ruiseñor o la fachada de uso terciario y comercial de la autovía A2, entre el centro comercial y el cuartel de los GEOs. “Espero que en los próximos años genere la dinamización económica de esta zona de la ciudad”, afirmaba esperanzado el alcalde, Antonio Román, nada menos que en septiembre de 2014, cuando se abrió el puente de Dalí. Ni siquiera hay que volver a la foto aérea de Alfredo -donde también se distinguen estas parcelas- para observar como estos terrenos siguen yermos y sin uso, reflejo de una inactividad que parece rodear a la ciudad dentro de su término municipal, pero que no comparten los municipios colindantes. ¡Por algo será!

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2 pensamientos en “Por algo será

  1. Me ha parecido muy interesante esta “panorámica” de Álvaro Nuño sobre el suelo industrial en Guadalajara y los municipios vecinos. Más allá del planteamiento, que comparto y creo que está muy bien señalado, de qué pasa a uno y otro lado, creo que también es oportuna una reflexión de fondo con consecuencias sociológicas muy destacables y que exige miradas expertas y profundas. Personalmente, me cuesta “celebrar” como una gran noticia este “crecimiento” basado en el monocultivo de la logística, que genera -todos lo vemos a nuestro alrededor- un empleo miserable desde casi todos los puntos de vista: sueldos, temporalidad, baja cualificación, motivación, mantenimiento de proyectos empresariales a largo plazo, etc. Es como si nos animasen a celebrar alegremente que para no morir de hambre tenemos que comer todos los días sopas de ajo…
    La pregunta, si es que hay algún experto en la sala, es la siguiente: ¿De veras estamos condenados sin remedio a este monocultivo de la logística?

  2. Gracias por tu participación Rubén. Aunque también comparto tu reflexión, tengo la esperanza de que con el desarrollo de suelo exista la posibilidad de que se instalen otras industrias, como las tecnológicas en el polígono del Ruiseñor, recuperando su primer planteamiento. En Cabanillas, por ejemplo, cito la instalación de una fábrica de latas que no es logística. Lo que está claro es que si no se dispone de suelo, ni las unas, ni las otras

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