Asumir la pérdida

Imagen del pantano de Entrepeñas en Sacedón en agosto de 2015. //Foto: Patricia Biosca

El pantano de Entrepeñas ha mejorado algo sus reservas pero sigue contando con un aspecto muy alejado de sus momentos de máximo esplendor. // Foto: cedida

Por Borja Montero

En la ciencia psicológica, se consideran casi canónicas las cinco fases del duelo establecidas hace alrededor de medio siglo por la investigadora Elisabeth Kluber-Ross. Se trata de cinco estados de ánimo que todo ser humano atraviesa a la hora de lidiar con situaciones difíciles y drásticas y, más concretamente, con el fallecimiento de sus allegados. Negación, ira, negociación, depresión y aceptación son los distintos estados que, según esta teoría, se han de pasar, si bien algunas fases pueden ser más largas que otras y no son igual de intensas o prolongadas en unos sujetos que en otros. En lo que se refiere a una de las malas noticias que recurrentemente tiene que afrontar la ciudadanía de Guadalajara, la del trasvase Tajo-Segura, esta semana ha confirmado que el duelo está casi superado.

El Ministerio de Medio Ambiente ha confirmado esta semana las sospechas que su titular, Isabel García Tejerina, había hecho circular desde hace tiempo: habrá un nuevo trasvase. La Comisión de Explotación no ha hecho otra cosa estos días que poner cifras al anuncio de la ministra, si bien tampoco era una sorpresa cuál sería su decisión: trasvasar cada gota de agua que supere el mínimo de 400 hectómetros cúbicos de los embalses de Entrepeñas y Buendía, en este caso los 20 hectómetros al mes que permite el nivel 3 de la Ley reguladora del trasvase. No por conocidas, estas noticias son menos desalentadoras para las esperanzas de los vecinos de los pueblos ribereños, que veían en el agitado final del invierno, con nieves y tormentas, una posible tabla de salvación para su verano, quizás sin cisternas para el abastecimiento esta vez, quizás con algún turista ocasional a lo largo de los fines de semana de primavera.

Sin embargo, los planes del Ministerio eran otros y su confirmación ha servido para mostrar en qué fase del duelo se encuentran cada uno de los actores implicados. Parece que el estado de negación ya está plenamente superado por todos después de casi cuarenta años de funcionamiento de la tubería, mientras que las manifestaciones espontáneas el pasado martes en Toledo y Talavera de la Reina muestran que algunos todavía se encuentran en la segunda estación, la de ira y enfado con cada nueva noticia al respecto del tema. La clase política, por su parte, parece estar instalada en la tercera fase, la de negociación, algo razonable dada la idiosincrasia del oficio de político en sí. Así, a pesar de algunas sonoras amenazas de llevar las decisiones de la Comisión de Explotación y del Ministerio a los tribunales y de la presencia de representantes públicos en las manifestaciones ciudadanas, lo habitual es que los consejeros de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha se muestren categóricos con los intereses hidráulicos de la región pero con un ojo en poder negociar o revertir en parte las consecuencias negativas de las decisiones ministeriales.

¿Y Guadalajara? ¿Dónde se encuentra dentro de estos cinco pasos? Pues lamentablemente ya ha superado todas estas fases y parece encontrarse en algún lugar indeterminado entre el cuarto y el quinto estado, entre la depresión y la aceptación. Solamente eso explicaría la razón por la que la nueva decisión del Ministerio no ha provocado ni una sola respuesta ciudadana en la provincia más perjudicada por los planes trasvasistas, a excepción de la habitual reivindicación de la Asociación de Municipios Riberenos, que vuelve a pedir que la lámina mínima de agua antes de cualquier trasvase sea del 40% de la capacidad de ambos embalses, esto es, más del doble de agua del que hay ahora mismo.

Mientras en otras localidades, como se ha mencionado anteriormente, se echaron a la calle alrededor de dos millares de personas, Guadalajara guardaba silencio, quizás consciente de que el nuevo paso dado esta semana por el Ministerio no trae nada nuevo, de que el muerto ya estaba muerto antes de esta nueva decisión y que este nuevo paso es una pelea entre los herederos para repartirse las pocas joyas que quedan en la caja fuerte. La nueva realidad climática presenta un panorama muy poco halagüeño para el futuro del río Tajo, y mucho más si se continúa con la idea de que hay algo parecido a agua sobrante en una cuenca que ha perdido gran parte de su esplendor en las ultimas dos décadas.

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