El tedio

Por Borja Montero

La Real Academia Española define tedio como “aburrimiento extremo o estado de ánimo del que soporta algo o a alguien que no le interesa”, haciendo hincapié en lo desagradable del término en su segunda acepción, “fuerte rechazo que se siente por algo”. Analizando pormenorizadamente estas dos definiciones, creo que la palabra puede ajustarse de forma bastante certera a la situación por la que atravesamos los ciudadanos en momentos determinados de cada legislatura, así como también el sentimiento que afecta a algunos políticos con responsabilidades en determinadas administraciones. Siempre hay proyectos que se complican o problemas sobrevenidos pero, lamentablemente, la situación de tedio, tanto para electores como para elegidos, parece algo inevitable en determinados pasajes del calendario político o cuando se abordan materias que requieren de la colaboración con terceras personas, que no dependen únicamente de la decisión y de los trámites de un solo órgano. 

Esta semana, el Ayuntamiento de la capital y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha han vuelto a gresca con motivo del retraso en la apertura del aparcamiento del Hospital Universitario de Guadalajara. Al margen de las consideraciones de temporalidad electoral que podría haber detrás del tema (esperemos que no sea así ya que aún queda más de un año para las elecciones y eso querría decir que los guadalajareños podemos pasar muchos meses sin el consabido parking: unos retrasando la solución técnica del asunto para acercar su inauguración a los comicios, otros sacando punta a la inspección para no dar la licencia en esta legislatura y poder denunciar la inoperancia del contrario), el ciudadano medio, el que acude al Hospital y no tiene espacio material para dejar el coche, no puede evitar sentir tedio ante la situación. Y es que el aparcamiento se puede ver, se puede tocar, no es una entelequia irrealizable o cuyas obras anden retrasadas (eso es harina de otro costal). Pero no se abre. Y el ciudadano todo lo que puede leer son titulares contradictorios sobre lo maravillosas que son las nuevas instalaciones o las deficiencias técnicas que presentan. Tantos titulares, durante tantos meses, que se aburre.

“El esfuerzo inútil conduce a la melancolía”, decía José Ortega y Gassett, e intentar entender cuáles son las motivaciones de unos y otros actores políticos en situaciones como ésta es uno de los esfuerzos más inútiles a los que un elector puede enfrentarse. Uno esperaría un poco de cortesía institucional y de trabajo conjunto en pos de objetivos comunes que beneficiaran a la ciudadanía, pero ahí es donde entra la otra parte del tedio, quizás el primigenio, el causante del otro: el tedio de los políticos. Como apuntaba antes, puede haber proyectos que se compliquen o soluciones técnicas de cierta dificultad y que exijan un sobreesfuerzo o una dosis extra de paciencia a los implicados, pero hay ocasiones en las que es la propia desgana o animadversión de los gestores públicos a un determinado proyecto los que hacen que éste se eternice. Pero el tedio institucional no es aceptable, por lo que hay que dar la imagen de que se trabaja incansablemente en pos de todas las metas; de ahí las declaraciones rimbombantes y grandilocuentes, en muchas ocasiones vacías y de cara a la galería, de otros momentos o las acusaciones cruzadas que vemos en este tema: todos defienden que son su gestión de la cosa en sí por lo que la culpa siempre es del otro.

Y al final, en términos menos filosóficos y más refraneriles, “entre uno y otro, la casa sin barrer”.

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