Réquiem por el mayor espectáculo del mundo.

 

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El Circo Kaos -sin animales- pasó por Guadalajara en enero dentro de su gira 2018.

Por Gloria Magro. 

«Divertilandia Circo Musical. Homenaje al mundo infantil», una única función el próximo sábado 21.

Hoy, sábado 21 de abril,  es el Día Mundial del Circo. Coincidiendo con esa fecha, el último circo en plantarse precisamente este día en Guadalajara no tiene animales, ni carpa, ni  se ubicará en su lugar habitual del recinto ferial sino a cubierto en el complejo San José.  En realidad, tampoco es un circo sino un espectáculo musical con magia y payasos que utiliza la palabra circo para promocionarse. A unas horas del comienzo de su única función no sabemos aún si colgarán el cartel de no hay entradas, aunque es posible aventurar que hubieran estado más acertados los organizadores cambiándole el nombre. Estos días no parece que la palabra circo sea una buena baza publicitaria para atraer público. Será por eso que este último espectáculo que nos visita sea un tanto descafeinado. 

La palabra circo está ahora mismo unida a las imágenes de las cuatro elefantas accidentadas en la A-30 vagando heridas y desorientadas tras el accidente del camión que las transportaba, mientras su compañera yacía muerta en la cuneta.  El suceso supuso una conmoción para la opinión pública, un clavo más en el ataúd que parece enterrar «el mayor espectáculo del mundo» tal y como lo conocemos. El progreso y un público cada vez más concienciado amenazan un espectáculo familiar que en su expresión más clásica presenta sobre la pista central payasos, trapecistas, equilibristas y domadores con sus animales. Cerca de trescientos mil españoles han firmado estas últimas semanas una petición para que la Unión Europea prohíba los circos con animales salvajes.

Los tiempos cambian y también la sensibilidad de la sociedad. A día de hoy sería impensable un pasacalles con los animales como se hacía hasta hace relativamente poco cuando un circo recalaba en Guadalajara.  Pocos ayuntamientos, por no decir ninguno, autorizarían que elefantes, panteras y leones recorrieran las calles de la ciudad encerrados en sus jaulas como reclamo y sin embargo, hasta hace no tanto nos parecía tan normal. Cada vez son más los municipios que se declaran libres de espectáculos con animales salvajes, entendiendo por tales los circos, que no la tauromaquia. En Castilla-La Mancha son once los ayuntamientos que los prohíben según la web InfoCircos que monitoriza la utilización  de animales en exhibiciones públicas.

En Guadalajara no son bien recibidos en Marchamalo ni en Azuqueca de Henares, ni tampoco en Guadalajara capital, donde el Pleno del Ayuntamiento aprobó en noviembre de 2016 su prohibición. Pese a ello, un año después el consistorio permitió la instalación del circo Quirós, uno de los últimos animalistas que recorren España, aduciendo su legalidad ya que según manifestó el vice alcalde, Jaime Carnicero,  en Castilla-La Mancha no hay una legislación que regule estos espectáculos con animales, «por tanto, defender que se prohíban los circos con animales sin poderse apoyar en ninguna normativa no se puede plantear, ya que la moción no se sustenta en ninguna ley”. Sin embargo, esta circunstancia podría cambiar próximamente. Antes del verano se espera que esté aprobada la nueva Ley Regional de Bienestar Animal que lleva tramitándose cerca de un año y que se presupone acabará con la presencia de animales salvajes en representaciones circenses, según palabras del consejero de Agricultura y Medio Ambiente, Francisco Martínez Arroyo.

Al igual que los zoos tienen difícil justificación a día de hoy, fuera del ámbito de la conservación y divulgación de las especies, la presencia de animales salvajes adiestrados en las pistas para divertimento del público presente no encaja bien en sociedades civilizadas y modernas. A decir verdad, ni tampoco domésticos, como bien se ha encargado de divulgar la Asociación de Circos Reunidos, para quienes las elefantas accidentadas, de raza asiática, son en origen animales domésticos de tiro, no salvajes. También es cierto que la competencia con otros entretenimientos como el cine y el cambio en los hábitos de ocio de los potenciales espectadores juegan en contra del circo hoy sin necesidad de entrar en la presencia o no de tigres, focas o elefantes adiestrados.

El público demanda cada vez espectáculos más elaborados y complejos, que requieren de mayores inversiones, además de una renovación constante de los números. Esto conlleva el aumento de los costes de funcionamiento y explotación,  de por sí elevados dada su naturaleza nómada y el gran número de personal que necesita movilizar para su instalación. Por este motivo,  el circo es a día de hoy un negocio inviable a pequeña escala y sin embargo, la mayoría de los circos que circulan por España son pequeños negocios familiares procedentes en su mayoría del sur de Italia y con varias generaciones de tradición. Además, suelen ser animalistas.

Los espectáculos circenses que gozan en los últimos años del favor incondicional del público van unidos a números complejos ejecutados por ex atletas de nivel olímpico dentro de una temática única que engloba una experiencia total de acrobacias, luz y sonido. Y sin animales. Es el Cirque du Soleil, un auténtico acontecimiento que solo se instala en grandes capitales del mundo y que ha conseguido revitalizar y dar un futuro al mayor espectáculo del mundo. Se trata de una auténtica multinacional que funciona a gran escala, como si de un estudio de cine se tratara, con presupuestos estratosféricos. La sede central está en Las Vegas, pese a que su origen es francés, y de su factoría salen un elevado número de espectáculos al año que van rotando de país en país, de modo que siempre hay un público expectante dispuesto a pagar precios estratosféricos justificados por su gran calidad. Valga un ejemplo, las entradas para «Tótem» del Cirque du Soleil en Barcelona este próximo mayo arrancan en los 70 euros por persona, algo muy alejado del espíritu familiar y de proximidad del circo tradicional que recorre las carreteras de España. De momento, esta tarde en Guadalajara se puede disfrutar de un espectáculo mucho más modesto y más o menos circense en el recinto San José, «para grandes y chicos, pasen y vean». 

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