No es lo mismo

Por Borja Montero

No han pasado ni dos meses desde que las reivindicaciones feministas, cada vez más presentes en el día a día de nuestra sociedad en los últimos años, dieran un definitivo aldabonazo en la puerta de los asuntos pendientes y urgentes de la agenda pública gracias a las movilizaciones convocadas con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora (saben que a mi me gusta la denominación clásica), una ocasión en la que no pude pasar por lato el hecho de que los protagonistas institucionales en el acto oficial celebrado en Guadalajara fueron cuatro hombres. Como el transcurso de las semanas, aquellos que se prendieron lazos morados de sus solapas los han vuelto a guardar en el fondo de los cajones y han vuelto a sus viejos prejuicios y diferenciaciones estúpidas, lejos de hacerse eco de aquellas demandas. Lo que viene a continuación no deja de ser anecdótico pero precisamente por ello da cuenta de que muchos no tienen la mínima intención de cambiar absolutamente nada, ni siquiera lo más visible, ni siquiera lo menos grave.

Entre las diferentes campañas que el Ayuntamiento de Guadalajara organiza con la finalidad de dinamizar el comercio y la hostelería de la ciudad, las fiestas del Día de la Madre y del Día del Padre son dos de las fechas marcadas en rojo, conscientes de que los presentes a los progenitores y las comidas de celebración de tales festividades pueden ser dos puntales para el mantenimiento y el crecimiento de los negocios capitalinos. Así, a lo largo de esta legislatura, la concejalía de Promoción Económica ha inventado dos iniciativas que priman la fidelidad de los clientes de los comercios de la ciudad con descuentos y regalos.

Hasta ahí, todo bien. El problema viene cuando se analizan los pormenores de cada una de las campañas, ya que, como se puede inferir de toda esta explicación previa, no son exactamente iguales. La que se celebra en los alrededores del 19 de marzo lleva por título “Padres y tapas” (en la primera edición se bautizó como “Papá se va de tapas”) y consiste en el obsequio a los compradores en las tiendas adheridas a la iniciativa de vales para degustar gratuitamente tapas en los bares y restaurantes participantes en la Ruta de la Tapa, que tradicionalmente se celebra un par de semanas después. La que tiene lugar en los primeros día de mayo, con el título “Mamá se va al teatro”, ofrece a los clientes de los comercios guadalajareños descuentos en la adquisición de entradas para los espectáculos del Teatro Buero Vallejo.

A pesar de que los beneficiarios de estas campañas son los compradores y clientes de las tiendas, hombres y mujeres, niños y niñas indistintamente, y que tanto la gastronomía como el teatro son pasatiempos y deleites igualmente honrosos para el cuerpo y el alma, el mensaje que envían estas campañas, con un funcionamiento idéntico pero premios tan distintos, y sobre todo si nos atenemos a sus denominación originales, con una estructura semántica igual peor con actividades diferenciadas dependiendo del género del sujeto, parece ser que el ocio adecuado para padres y madres es distinto, que solamente los progenitores masculinos pueden celebrar su día tomando un trago y un tentempié con su prole, mientras que las mujeres han de reservarse a placeres más respetables como dar un paseo en una soleada tarde de domingo, disfrutar de una obra de teatro y estar de vuelta en casa a la hora de la cena. Precisamente porque cabe suponer el el espíritu de estas campañas comerciales no se corresponde con la imagen que se trasladan de ellos sus nombres, cande darle una vuelta a la imagen de las mismas, no tanto a la idea, que no deja de ser una promoción de descuentos y obsequios como otros cientos a lo largo del año en todo tipo de comercios. Las soluciones son muy variadas y, sobre todo, sencillas, ya que basta con un ligero cambio de nombre o con igualar los premios otorgados en ambas campañas.

Como apuntaba antes, no pasa de ser anecdótico, pero en muchas ocasiones la imagen y la intencionalidad que traslucen nuestras formas de ser y comunicar se vuelven tan importantes o más que el trasfondo más profundo de nuestros actos.

(Si no, miren como en la vecina Comunidad de Madrid su presidenta ha dimitido por el trasiego de unas cremas sin repercusión penal en lugar de por mentir descaradamente a la cara de todo aquel que se le cruzaba durante más de un mes, amén de otras acusaciones y trapos sucios aún sin aclarar).

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