Negras perspectivas

Por Borja Montero

El Centro Cívico Municipal, esa mole arquitectónica conocida como el Edificio Negro que alguien creyó acertado construir en un enclave íntimo del centro de la ciudad, lleva unos años siendo un quebradero de cabeza para los gestores municipales, y ahora lo va a empezar a ser para sus habituales inquilinos. Si, en los últimos tiempos, el debate se había centrado en cuáles eran las obras de reforma y mantenimiento necesarias para el edificio y si debía procederse a un cambio de imagen y/o de uso para intentar naturalizar la presencia de tamaña intromisión urbanística en su entorno, ahora, cuando las obras están decididas y a punto de comenzar, la polémica se centra en qué va a pasar con los actuales usuarios y moradores del edificio una vez que se adecente el inmueble.

La Federación de Asociaciones Culturales de Guadalajara ha emitido esta semana un comunicado en el que expresan su malestar y su temor por la situación vivida. Así, narran la peripecia que han tenido que atravesar para conseguir algo de información y una reunión con el alcalde y el concejal del ramo, y destacan la falta de información acerca del proyecto en sí y, sobre todo, de si el Ayuntamiento ha contado con ellos para su planes de futuro.

Y ahí está la clave. El Consistorio nunca ha sido muy claro con cuáles eran sus planes para la remodelación del Centro Cívico y, de hecho, ha sido bastante timorato a la hora de llevar a cabo las obras, ya que es un tema del que se lleva hablando varios años. Sin embargo, una vez que se ha decidido la deriva que tomará el asunto, tanto es así que se pretende comenzar las obras en algo más de una mes, a mediados de junio, no ha habdio una comunicación formal, ni de anuncio a los ciudadanos ni de notificación a las asociaciones inquilinas del recinto, para informar de la futura deriva del edificio. La Federación de Asociaciones asegura que ya no habrá sitio para ellos en el inmueble, que todo estará dedicado a oficinas municipales, tanto de servicios de prestación directa como para empresas adjudicatarias y concesionarias, una decisión que no es del todo descabellada ya que facilita al vecino la orientación a la hora de llevar a cabo sus trámites y gestiones y reduce el coste de los servicios privatizados al otorgar a los prestatarios una sede fija sin necesidad de alquilar o comprar ningún local u oficina.

El problema de esta decisión es que no se ha comunicado a la población, como sería de recibo cuando se pretende llevar a cabo un cambio que puede afectar directamente a los ciudadanos en sus relaciones con la administración, y que no se ha informado a los primeros interesados, a aquellos que deben desalojar el Centro Cívico antes de que comiencen las obras y a los que, por otra parte, no se ha adelantado nada acerca de su futuro cercano.

Y es que la parte mas grave de este asunto es que el Ayuntamiento planea dejar sin sede a los colectivos que allí se albergan. Ya sea por acción o por omisión, a día de hoy no hay solución habitacional para estas asociaciones. Lo único que saben es que podrán utilizar los centros sociales para sus reuniones, aunque tampoco se ha concretado cuáles serán los horarios o disponibilidades de cada uno de estos espacios, lo que impide planificación alguna, pero no tienen idea de dónde podrán dejar sus papeles y demás enseres, dónde se harán visibles y accesibles a la ciudadanía. Aprovechando la mala gestión propia, los responsables municipales han optado por cargar contra la Junta de Comunidades y achacan al Gobierno regional la nueva condición de ‘sin techo’ de las asociaciones, ya que su hogar ideal sería el Ateneo Municipal, un argumento que no deja de tener parte de razón pero que no exculpa que el Consistorio haya tenido sensibilidad cero para con las asociaciones de la ciudad, algo a lo que los colectivos deberían estar ya acostumbrados dadas las frecuentes faltas de consideración de los equipos de Gobierno del PP desde hace una década en lo que a reparto de subvenciones, voluntad de colaboración, cesión de espacios y participación institucional se refiere.

Uno de los aspectos que mantiene viva una ciudad, más allá de campañas comerciales o turísticas, de terrazas en el centro o de actividades festivas o deportivas (muchas de ellas organizadas directamente por asociaciones ciudadanas o en colaboración con ellas), es su tejido social y uno de los objetivos de cualquier administración pública debe ser facilitar en la medida de sus posibilidades la actividad de cuantos colectivos puedan ser interesantes o beneficiosos para la comunidad. Guadalajara cuenta con espacios suficientes para no dejar en la calle a las asociaciones afectadas por las obras y, sobre todo, debe tratarlas con la dignidad y el respeto suficientes como para tomarlas en cuenta a la hora de tomar sus decisiones.

Y cuando el Ateneo esté listo, ya se mudarán allí, pero eso es otra batalla.

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