Guadalajara, provincia de Moderdonia

De izquierda a derecha, Quequé, David Broncano e Ignatius, creadores de Moderdonia. // Foto: Ayuntamiento de Moderdonia

De izquierda a derecha, Quequé, David Broncano e Ignatius, creadores de Moderdonia. // Foto: Ayuntamiento de Moderdonia

Por Patricia Biosca

Si mis predicciones no se equivocan (y no suelen hacerlo, porque soy asidua a leer horóscopos y eso me otorga cierta titularidad cósmica por el simple hecho de invertir mi tiempo en este entretenido y lúdico pasatiempo), cuando lean estas líneas estaré camino del evento más multitudinario que recogerá un pueblo de Guadalajara este año. Un encuentro que viene a encumbrar toda la chorrada “millennial” (adjetivo que se aplica a todo lo relativo a la generación de mediados de los ochenta, finales de los noventa, quienes convivieron con la cinta de casete, el vídeo VHS, el programa “Vídeos vídeos”, “El juego de la Oca” presentado por Emilio Aragón, el walkman, el discman, las boy bands, las Spice Girls, el disquete, el DVD, los smartphones y ahora les ha dado fuerte con los “wereables” y el aguacate -así que imagínense cómo están nuestras cabezas de perdidas-) en un solo concepto que está muy de moda últimamente: un país propio. ¿Les suena acaso Moderdonia?

Se trata de una nación creada por los cómicos y presentadores del programa “La vida moderna” (Cadena SER) David Broncano, Ignatius y Quequé que no tiene patria pero sí bandera (y que se vende por un euro en Ebay). Hoy hace un año que sus fundadores se fueron hasta Valdelagua, una pedanía de Budia, para proclamar oficialmente su reinado de la tontuna y la despreocupación. Allí se juntaron unas 500 personas que se apilaban sobre los muros y se sentaban en los aledaños de la plaza, desafiando al calor con camisetas mojadas sobre sus cabezas (seguro que ya estaban pensando mal), solo para ver a sus ídolos “moderdonnials” con un arrojo por el que cualquier político pagaría por reflejar en las encuestas de popularidad. Mientras, los líderes del país inventado (de forma literal, mientras iban a grabar a Guadalajara) afirman que sienten “estupefacción” ante la acogida de las masas perdidas, pero que “les da igual”, han declarado para Europa Press.

Así que con la mamarrachez como bandera, intentarán repetir el éxito hoy, en Villanueva de la Torre, un lugar mucho más cercano y comunicado con la Comunidad de Madrid, lo que hace sospechar que la afluencia de público será aún mayor. Aquí se (nos) juntarán (juntaremos) toda clase de prototipos de la generación antes mencionada: de los “hipsters” con cuidada barba a los montañeros que llevan las botas de montaña hasta al bautizo de su sobrino; de los usuarios habituales de gimnasio a los que les gusta que los demás noten su inversión a los llamados “fofisanos”, que son aquellos “entrados en carne” de toda la vida pero que ahora tienen un nombre muy elegante; de los fans que escriben en redes sociales que han conseguido, con mucho esfuerzo y sacrificio, un chicle de sus ídolos (pero que pueden enterrar en un día solo por algo de relevancia en Instagram) a los groupies de humoristas que utilizan sus castigados (y no en el gimnasio) cuerpos para crear humor (y que piensan “coño, si él lo ha conseguido con esa barriga, ¡yo también puedo!”); los que van porque Twitter lo dice y los que creen que van porque son diferentes al resto; los irreverentes y los que siguen la corriente. “Jovencitos confusos” que necesitan (necesitamos) grupos en los que sentirse (sentirnos) identificados, y Moderdonia ofrece ese protector halo: no exige mayor responsabilidad que poner la radio pero otorga una fuente de sabiduría perfecta para quedar fetén delante de los amigos.

“Somos una generación con una responsabilidad. Si nos descuidamos, podríamos dar un paso atrás. El exceso de corrección política y de puritanismo puede hacer que todo lo que hemos avanzado en muchos campos, sin darnos cuenta, se pierda”, continuaba Broncano en la entrevista. Una frase que, conociendo un poco la trayectoria de la única figura de poder (y único millennial de verdad del grupo de tres), no se sabe si va en serio o en broma. ¿Se podrían levantar ampollas con esta frase en un contexto serio? Sí. ¿Y si viene acompañado de un escenario tan hilarante como que Moderdonia lucha contra su “némesis opresora”, Antiguonia, con Pollito de Troya (ellos afirman que se trata de un “Don Pelayo moderno”, pero en realidad se trata de Ignatius medio desnudo) como referente de la lucha? Pues también, pero las tres capas de chorrada que la cubren parecen restar sobriedad al argumento. Entre medias verdades y tremendas mentiras se mueve Moderdonia, la capital del millennialismo, en la que sus moradores se permiten el lujo de hacer chistes de borrachos, gangosos o murcianos (ojo, que Arévalo y Bertín Osborne puede que se mosqueen si leen estas palabras), sin olvidar las siempre entrañables figuras de Franco y Hitler. Y, que se sepa, aún no han provocado más altercado que la ocupación de un pueblo de Guadalajara. 

No me juzguen por la locura que embarga mi furiosa pluma, que mi generación fue la que se crió con Leticia Sabater en “Con mucha marcha” y no con Alaska presentando “La bola de cristal”.

 

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