Otra vez Luz de Yebes

Por Borja Montero

En muchas ocasiones, se achaca a la mala suerte la desventura de un proyecto o una empresa aunque, asumiendo que siempre hay cosas que pueden salir mal y que no dependen propiamente de las cavilaciones y los cálculos previos a su puesta en marcha, la mayor parte de los errores y fracasos se pueden explicar, tras un análisis sosegado y sopesado, por cuestiones mucho más racionales que la fortuna, el azar o la ventura. Uno de los mejores ejemplos de estos desventurados anhelos del alma humana que se van al traste al toparse con la realidad es el colegio Luz de Yebes, una aventura cuyos primeros pasos administrativos se dieron hace doce años, que ha requerido de ingente inversión tanto pública como privada y que, por esa mala suerte que esconde muchos fallos , no ha sido para los ciudadanos todo lo útil que se podría esperar. La última noticia, quizás nada sorprendente habida cuenta de los problemas que ha tenido este centro escolar desde su génesis, es que dos empresas relacionadas con la trama Púnica, una de las más activas redes de corrupción en los municipios de la vecina Comunidad de Madrid, han estado implicadas en diferentes momentos en el proyecto de este colegio, unos hechos que el Ayuntamiento de Yebes ha puesto en conocimiento de la Fiscalía que se encarga de esta importante causa.

Pareciera que, después de una década de crisis económica, no quedarían ya ecos de aquella forma de hacer negocios, urbanismo y política que terminó por sacudir los cimientos de toda una sociedad, al menos nada que no supiéramos o que pudiera sorprendernos. Lo habitual era la construcción de viviendas, a lo que muchos promotores sedientos de pelotazos intentaron que los Ayuntamientos dedicaran cada centímetro de suelo disponible. Rara es la localidad que no tiene algún edificio deshabitado o, incluso, inacabado. Sin embargo, algunos otros empresarios del sector, más previsores, se fijaron en los servicios que todos esos nuevos desarrollos urbanísticos iban a necesitar, algo que llevaba algo más de tramitación ya que, en la mayoría de las ocasiones, implicada a varias administraciones y, si bien lidiar con un ayuntamiento aludiendo al bienestar de los vecinos o al efecto llamada que una determinada oferta de servicios puede ejercer para la atracción de futuros vecinos puede resultar medianamente sencillo, más complicado es llamar a varias puertas. Así, era más sencillo hacer centros sociales, auditorios, teatros y polideportivos que centros de salud.

Lo de los colegios es una solución intermedia, y probablemente el equipamiento que más puede llamar la atención a una pareja joven dispuesta a comprar una vivienda, una conjunción de características que, en el plano provincial, dio como resultado Luz de Yebes y los distintos culebrones que ha llevado aparejados desde el inicio. El procedimiento era muy similar al de otras instalaciones municipales, pero jugando además con la necesidad básica que es la educación. Por un lado, se convencía al Ayuntamiento de la necesidad de un centro de estas características para atender a toda la nueva población, jugando la carta de que, con semejante llegada de nuevos vecinos con sus hijos en edad escolar, la Junta de Comunidades no iba a tener más remedio que conceder el concierto educativo para atender la demanda en la zona. Y así la empresa constructora se hacía con un terreno dotacional cedido gratuitamente con el requisito indispensable de que lo que allí se construyera tuviera finalidad educativa.

La empresa edifica y el colegio nace. Si funciona, perfecto: las familias matriculan allí a sus hijos y, con sus cuotas, tanto los promotores del inmueble como los responsables de la gestión educativa pueden ir viendo resultados a su inversión. Si se cumplen las expectativas poblacionales, mejor aún, ya que se firma el concierto y quien paga no son los esforzados padres, sino la administración. Y si no funciona, se cierra y, en virtud del acuerdo de cesión firmado y de la pactada dedicación exclusiva a materia educativa, se devuelve el terreno al Ayuntamiento, cobrándole evidentemente un precio por los edificios que se han dejado perfectamente construidos y en funcionamiento.

Esta lógica macabra la hemos visto repetida en cientos de ocasiones en la provincia y está en la base misma de gran parte de los casos de corrupción política que salen cada día en las noticias, sobre todo de la trama Púnica con la que Luz de Yebes podría estar emparentado. Lo habitual era sacarle el dinero a los ayuntamientos de una forma más directa, construyendo algo que directamente pagara el consistorio, siempre con la connivencia de alguien dentro de la casa. Sin embargo, no deja de ser quizás más chocante para lo que aún tenemos algo de decencia que se tracen todos estos vericuetos y laberintos para asegurarse el pelotazo urbanístico en algo tan delicado y necesario como la educación. Si la cosa hubiera funcionado, quizás las empresas implicadas en el proyecto, la construcción y la puesta en marcha del proyecto habría sido considerados casi unos mesías del conocimiento, que se instalaron en el desierto por el bien de la educación y al final el tiempo les dio la razón. Pero las cosas no han resultado así y el transcurrir de los acontecimientos ha desenmascarado algo mucho menos agradable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.