Debate por la fe

Por David Sierra

Era un hombre bueno. Eso consideraban la mayor parte de los vecinos del pueblo. Quizá un poco tragón, gustaba atracarse de bollos caseros con bota de vino en mano. Siempre le escurría el último chorretazo por la barbilla dejando constancia de la fiesta a modo de lámpara. La camisa siempre era gris, a tono con el pantalón negro y lo único que rompía la estética lúgubre era el alzacuellos. Su aspecto, barrigón sin llegar al extremo, junto con una voz sosegada y limpia que le ayudaba en la oratoria, correspondía con su personalidad bonachona.

obispado.jpg

Obispado de Sigüenza – Guadalajara / Fuente: http://www.siguenza-guadalajara.org

Era un hombre condescendiente. Desde el púlpito, en el altar sermoneaba los pasajes bíblicos que alternaba con otros de la cotidianeidad. Y muchas veces generaba, quizá sin saberlo, malentendidos entre los feligreses. Sobre todo en aquellos menos puestos en la actualidad. Conocía al dedillo cada parte de la misa que recitaba casi sin respiro, puesto que era consciente de que el tiempo nunca jugaba de su parte y una ceremonia demasiado larga generaba bostezos entre los devotos.

Acudía cuando le requerían, y aunque algunos le acusaban de calentarse en braseros ajenos durante demasiado tiempo, lo cierto es que no era el caso. Dedicaba el tiempo que le robaban; escuchaba con atención, digería la información; y guardaba silencio como secreto de confesión de lo que en ese momento se cocinaba. No tomaba parte por nadie y sólo se pronunciaba claramente en los ambientes más íntimos. En conversaciones sinceras.

Todos anteponían el “don” a su nombre. Como una celebridad a la que hubiera que respetar por encima del resto. Se lo había ganado. Y nadie, ni tan siquiera los agnósticos –que los había- se habían planteado suprimirle este vocablo de respeto y distinción social. Su benevolencia y paciencia con los chavales le permitía poder elegir en cada acto litúrgico quienes le acompañaban en la función de monaguillos. Y aunque tenía sus preferencias, que más que basadas en la fe se sostenían en la experiencia de los candidatos, nunca las manifestó públicamente. Pagaba cincuenta pesetas, que después fueron cien, a cada muchacho. Una paga de fin de semana que ayudaba a enaltecer la devoción de los más jóvenes.

Cuando se fue, su vacío nunca llegó a ser cubierto de la misma manera por sus sustitutos y la comparación con su legado y sus anécdotas siempre estuvieron presentes. Los tiempos y la vida fueron cambiando a pasos agigantados sin que los herederos pudieran adaptar el mensaje a las nuevas formas de entender esa creencia que llegó incluso a determinar las formas de relacionarse. La parroquia perdió presencia en la vida pública y las acciones fracasaban, una tras otra, bien por defecto o por exceso. Fueron años de decadencia, de cestillos vacíos, de errores en la manera de ejercer la acción pastoral. De involución religiosa.

Lo pone de manifiesto el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) en la última estadística sobre convicciones y creencias donde señala que en los últimos diez años se ha producido un descenso de siete puntos en la población que se considera católica y de casi seis puntos entre la que se proclama no creyente. Y los datos son aterradores para los partidarios de la fe católica si atendemos a la estadística de religiosos practicantes por edad donde la media está en algo más del 5% entre los 18 y los 64 años de edad.

Conceptos como igualdad, aborto, divorcio, feminismo, patriarcado, caridad, inmigración, redes sociales u homosexualidad, entre otros han de ocupar un espacio en el discurso religioso en concordancia con el sentido común y la evolución social. Francisco inició ese camino mediante la aceptación de tales términos en el mensaje evangelizador. Y promoviendo una tarea de humanización de los mismos, apartándoles de la demonización.

Han tenido que pasar varios años para que esa labor haya llegado a Guadalajara. Lo anunciaba a su manera el obispo, ‘Don Atilano’, con la convocatoria de una asamblea de sacerdotes y fieles para estudiar la manera de llegar a la sociedad actual. Y, sobre todo, a la del ayer; que según avanzan los tiempos, es la del mañana. El Sínodo, como así se llama a esta concentración, podría llevar incluso años. Por delante, sus componentes tienen una ardua actividad de autocrítica, que será muy complicado atender sin la implicación de otros actores sociales que ayuden a situar y encauzar las nuevas conceptualizaciones dentro de esa nueva estrategia pastoral.

Por ver está si los sectores eclesiásticos más conservadores, que en Guadalajara tienen un peso decisorio importante, frenan el sentimiento renovador impulsado por el obispo y permiten dar cabida a las nuevas formas de entender y practicar el catolicismo, que ya se está adoptando en algunas parroquias influenciadas por la interculturalidad que aportan sus feligreses. Introducir el debate, no obstante, ya es un avance.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .