El Infantado, decadencia y caída de un jardín palaciego.

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Los jardines actuales datan de 1987, inspirados en los que se cree se proyectaron en el s.XVI

Por Gloria Magro. 

En mayo de 1987, hace estos días 31 años, se inauguraban los nuevos jardines del Palacio del Infantado, inspirados en el conjunto paisajístico que se cree se diseñó en el s. XVI para el V duque del Infantado, según los indicios históricos de los que se tiene constancia. Fruto de un acuerdo entre el Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento de Guadalajara y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, el uso y mantenimiento de los jardines pasó a principios de esa década a manos del consistorio alcarreño. Un plan de rehabilitación y un presupuesto de 82 millones de pesetas devolvieron lo que para entonces era una escombrera a su uso ornamental original. Hoy, sin embargo, apenas tres décadas después, los jardines del palacio acusan una falta de mantenimiento que ha propiciado su deterioro y decadencia, tanto en lo referente a la jardinería como a las estructuras que contiene. Desde hace tiempo, los jardineros municipales mantienen este espacio bajo mínimos, a la espera de que la moción aprobada por el pleno de Ayuntamiento en diciembre de 2017 que insta a revitalizar este conjunto paisajístico, se ponga en marcha. Mientras tanto, la plataforma Abraza el Infantado quiere que los guadalajareños sean conscientes del valor histórico que tienen los jardines del palacio del Infantado y reivindican su uso recreativo y cultural para la ciudad. 

El Palacio del Infantado, el edificio más emblemático de Guadalajara permanece cerrado a cal y canto desde hace varias semanas, mientras se dirime si la aluminosis repentinamente encontrada -y de la que no parecía haber rastro hace seis meses, fecha de la última inspección técnica- precisa de tan drástica medida. A la espera del inicio de las obras que le libren de ese mal y con los ecos de la indignación pública que suscita el futuro piso del actual duque aún resonando, las polémicas quedan silenciadas unos pocos pasos más allá, sólo con atravesar una verja de hierro que aún no ha sido cerrada. A un costado del palacio hoy clausurado, en lo que se supone son los restos de un antiquísimo jardín de corte renacentista, se respira paz y sosiego. Y también un abandono y una decadencia que se arrastra desde hace décadas pese a que una vez rehabilitado y con un plan integral que lo aborde en sus múltiples vertientes, este espacio de uso municipal que hasta este año venía acogiendo el Maratón de los Cuentos y actividades culturales en las noches veraniegas, podría tener múltiples usos.

Así lo reivindican tanto el grupo municipal de Ahora Guadalajara como la plataforma ciudadana Abraza el Infantado. Esta semana, cuando se cumplen tres décadas de su inauguración, una conferencia y una visita guiada a los jardines tratan de poner el foco público en la necesidad de devolver el brillo a un espacio aletargado y en franca decadencia pese a su indudable valor histórico. Según la ingeniera agrónoma y paisajista, Aída Salas, de la Asociación de Jardicultura, una de las ponentes de la conferencia y de la visita guiada, el de 1987 fué un buen proyecto, pero treinta y un años después, la falta de mantenimiento ha acabado afectado gravemente a la vegetación y a los pavimentos y es el origen de los defectos actuales. “El diseño es acertado -afirma, según su experiencia en investigación de jardines históricos- pero habría que recuperar la idea primigenia: el bosque ordenado, la pérgola, el anfiteatro. Y el acceso por la plaza de Oñate, una reivindicación histórica”. En su opinión, entre los aciertos de los arquitectos responsables del proyecto en los años ochenta, está el uso de especies europeas de larga tradición, así como la inclusión de elementos arquitectónicos que remiten a su ornamentación original.

Los visitantes del palacio que estos días no tienen más remedio que conformarse con ver la galería de poniente desde los jardines, lidian con el suelo embarrado, contemplan el estanque vacío y si se aventuran hasta el anfiteatro, no pueden dejar de asombrarse con su aspecto de patio trasero desolado, por más que todo el conjunto está limpio y en cierto modo mantenido. Es difícil que los turistas o los guadalajareños visualicen a día de hoy lo que en su día fué el lujoso recinto privado de recreo y esparcimiento de sucesivas generaciones de duques del Infantado, escenario en el siglo XVIII del primer encuentro galante entre Felipe V e Isabel de Farnesio. Ni la ornamentada fuente de mármol genovés, que describe Herrera Casado en sus escritos, ni el estanque de Diana, ni el laberinto del Minotauro -imprescindible en este tipo de jardines mitológicos-, ni el anfiteatro; nada queda del jardín original cuyos planos se guardan en el Archivo Histórico Nacional  Y sin embargo, desde Jardicultura hacen hincapié en el encanto que se respira por sus avenidas de cipreses, por el bosque ordenado -aunque hoy desordenado- de árboles del paraíso, por la pérgola, por su desdibujado laberinto, por más que el descuido de estos años le reste vigor y presencia.

Desde la oposición municipal, las llamadas de atención sobre el estado de los jardines han sido constantes a lo largo de los últimos años. El Ayuntamiento, a remolque del grupo municipal socialista, ha ido reparando y manteniendo, pero sin acometer un plan global de actuaciones,  pese a que las necesidades de este tipo de jardines son abundantes y exigen un cuidadoso mantenimiento, como recalcan desde la Asociación de Jardicultura. La solución pasaría por una actuación integral que acometiera la mejora de las especies plantadas y su actualización, así como el control de altura de los árboles para recuperar la vista original desde la galería superior del palacio, la recuperación de bordillos y otros elementos arquitectónicos, el mantenimiento de la geometría de las composiciones y un largo etcétera. Además, habría que replantearse, cuentan, algunos espacios actualmente desaprovechados o no terminados de rematar en el proyecto de los años ochenta. Se trataría, según Aída Salas, “de reivindicar un plan de gestión jardinera planificada y controlada. El jardín merece un plan en sí mismo, concreto para este espacio, como lo hay en otras ciudades”.

Tanto en esta asociación como en Ahora Guadalajara, se cree que, con el palacio del Infantado cerrado, es el momento de poner en valor los jardines desde su reposición, conservación y mejora. Y recalcan que hasta la fecha su uso ha sido residual y ha estado por tanto poco aprovechado cuando se trata de un espacio cultural dinámico pese a estar vinculado al palacio y que pese a lo que pudiera parecer, no está sujeto a normas estrictas ya que su trazado actual es muy reciente. A esto habría que añadir que la protección del Infantado como Bien de Interés Cultural vincula el jardín con el edificio principal, como señala Susana Martínez, concejala de Ahora Guadalajara, quien resalta la importancia de este recinto de cara a una futura declaración del palacio como Patrimonio de la Humanidad. La paisajista y arquitecta Cristina Pacheco, de Jardicultura, destaca a su vez, un aspecto único y diferenciador de este recinto, como es la certeza de que este espacio siempre se ha albergado históricamente un jardín “al haberse podido rastrear su existencia remontándonos a las antiguas casas de los Mendoza anteriores al primer palacio construido, al menos seiscientos años atrás”.

Ahora, como entonces, la razón de ser de los jardines del Infantado estriba en que sean disfrutados plenamente, ya no por los duques y sus aristocráticos visitantes, sino por todos los guadalajareños y los turistas que llegan hasta ellos atraídos por el hermoso palacio renacentista que se ve reflejado en sus frondosas avenidas. A lo largo de este años 2018 deberían de ponerse en marcha las iniciativas que refleja la moción aprobada por el pleno del Ayuntamiento, para lo cual recabaría el apoyo de otras administraciones, como la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. Se trataría de un proyecto de intervención integral y multidisciplinar tras el que el consistorio alcarreño se compromete a promover actividades en su interior y que a la vez reconoce la relación indisoluble entre el edificio y sus jardines adyacentes. Hoy por hoy se desconoce si los contactos entre administraciones han comenzado, el Ayuntamiento mantiene un silencio sepulcral sobre todo lo que tenga que ver con el palacio, su clausura e incluso el piso del duque. Esperemos que con los jardines los guadalajareños tengan más suerte.

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Se tiene constancia de la existencia de un huerto o jardín en estos terrenos durante los últimos seis siglos, lo que da idea de su valor histórico.

Esplendor en la hierba.

Estos días, las lluvias primaverales dotan de vida las curiosas estructuras en lo que antaño fué el orgullo del V duque del Infantado, Iñigo López de Mendoza (1536-1601). El noble, riquísimo en su tiempo y artífice de la suntuosa decoración renacentista del edificio heredado de su abuelo,  mandó diseñar un jardín anexo que diera esplendor y prestigio a su palacio, a la manera italiana de la época, en competencia con Felipe II, que en esos años había convertido el viejo Alcázar de Madrid en un palacio real rodeándolo  de bellos jardines. Anteriormente, se cree que ya existía un huerto o jardín medieval adyacente al primer edificio palaciego construido por el II duque del Infantado, Iñigo López de Mendoza y de la Vega (1479-1500) sobre unos solares de su familia. Según el investigador de jardines históricos de la Asociación de Jardicultura y licenciado en Bellas Artes, Antonio Durán, que ha rastreado los orígenes y el devenir histórico de este espacio, se tiene constancia de la existencia de antiguas canalizaciones subterráneas que hacían llegar el agua desde el Sotillo hasta el interior del recinto palaciego, aprovechando la pendiente natural de la ciudad, para después continuar su recorrido por el jardín y por último verter el sobrante para su uso público en una suerte de sistema de abastecimiento a la manera árabe que perduró hasta que los ingenieros de la Academia en el s.XIX lo consideraron innecesario.

El V duque, a la vez que engalanaba de frescos y artesonados el interior del palacio, encargó en Italia mármoles para una fuente monumental que impresionara a los ilustres visitantes del palacio del Infantado. También se ubicó un laberinto del Minotauro donde practicar juegos galantes, un gran estanque en el que nadaban cisnes y una gran cantidad de peces y parterres y frondosos árboles con que simular un bosque dentro del recinto cerrado del jardín. Años después, cuando sus descendientes abandonaron Guadalajara para instalarse en la Corte y nunca más volver, todo el conjunto entró en decadencia. El palacio y sus jardines fueron desapareciendo de los registros históricos. De vez en cuando un viajero, un pintor o un escritor de paso por tierras alcarreñas, daba cuenta de que el palacio seguía en pié y a veces se apuntaba la existencia de un huerto o jardín anexo. En el siglo XIX el palacio acabó convertido en colegio de huérfanas y su entonces propietario, el marqués de Novaliches, del que se decía tenía buen gusto, le añadió un jardín delantero perimetrado con una verja, tal y como se puede ver en multitud de imágenes de la época. Las monjas mantuvieron algún tipo de jardín allí, del que se guardan imágenes poco precisas. Durante la rehabilitación del conjunto histórico tras la guerra civil, los jardines no entraron en los planes de restauración y a poco estuvieron de perderse para siempre, sepultados entre escombros. Hoy parece que tienen una nueva oportunidad, si el Ayuntamiento tiene a bien llevar a cabo la moción aprobada en pleno el pasado diciembre.

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Un pensamiento en “El Infantado, decadencia y caída de un jardín palaciego.

  1. A VER SI HAY UN PROYECTO INTEGRAL Y GLOBAL SERIO PARA YA EN TODO EL PALACIO.

    Que se restaure todo según planos originales,(jardines, artesonados, mobiliario,…). Que se invierta de verdad para ser imagen de la ciudad y puerta de la provincia.
    Patrimonio Unesco YA

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