El peliculón del “Caso Fraguas”

Manifestantes que apoyan a los encausados por el "Caso Fraguas". // Foto: Henares al Día

Manifestantes que apoyan a los encausados por el “Caso Fraguas”. // Foto: Henares al Día

Por Patricia Biosca

Todo el mundo conoce a algún “bienqueda”. Es esa clase de personas que prefiere dar largas o contestar con silencios incluso aunque su pan esté en juego: el miedo a enemistarse con alguien es tan grande que le paraliza en el campo de la reacción, incluso en el terreno de la necesidad física básica. Es un rasgo de la personalidad que provocaría que, en su fiesta de cumpleaños, el bienqueda invitase tanto a Batman como al Joker (Dos Caras ya pasa de él tras cansarse de su tibieza, así que eso que se ahorra en cubierto). Y luego, si la montan en los postres, dirá que no se esperaba una reacción así por parte de ambos (aunque el “Gotham Observer” publicase días antes un extenso reportaje de cómo la pareja afilaba la cubertería de casa). La misma sensación que se me queda con la película del “Caso Fraguas”: el “bienquedismo” protagoniza el largometraje de la mano del guión del PSOE, que busca convertir la acción y la mala leche de “Malditos Bastardos” en los problemas cotidianos que se resuelven con la sonrisa de una chiquilla en “La casa de la pradera”. ¡Luces, cámaras y acción!

La trama del “Caso Fraguas” empieza en los años 60, cuando fue abandonado el citado pueblo porque Mr. Marshall tampoco le dio por visitar la Guadalajara profunda. La segunda entrega cambia totalmente de escenario para rodar algo así como “Salvar al soldado Ryan”, pero en versión serrana: los militares tomaron la zona para hacer maniobras después de que el Gobierno nacional expropiara no se sabe muy bien de qué forma aquellos terrenos (los antiguos poseedores de las tierras ya no están para películas y sus hijos no recuerdan haber firmado papel alguno para que aquello acabase lleno de gente vestida de camuflaje tirando bombas y pegando tiros, a lo “Rambo”). Esta mezcla entre “Apocalypse Now” y “Amanece, que no es poco” en los dominios de Fraguas termina en los noventa, cuando ya no hay ladrillos para cargarse a cañonazos. Ahí empieza “El mundo sin humanos” y la naturaleza empieza a tomar el protagonismo de la cinta, en un proceso lento al que solo se asoman algunos nostálgicos al antiguo cementerio, donde descansan los huesos de “Los santos inocentes” de sus antepasados.

El plano vuelve a cambiar en 2013, cuando un grupo de jóvenes llega para instalarse en la zona a lo “Wild Wild Country” (si no han visto este documental, se lo recomiendo encarecidamente). Al principio, los anteriores moradores les miran con recelo. Pero la relación cambia de la desconfianza a la amistad, como cuando “Mulán” llega para enrolarse en las huestes del ejército chino y no da pie con bola hasta que se pone a escalar una cucaña (recuerdo desde aquí para el mayor y menos reconocido temazo de Disney, “Con valor”) y acaba haciéndose colega de los misóginos de sus compañeros, que solo quieren a las mujeres para que les hagan de florero y les cocinen. El caso es que la simbiosis que parecía imposible se torna efectiva: los lugareños apoyan e incluso ayudan a los recién llegados, que se constituyen en la Asociación de Repobladores Rurales de la Sierra Norte.

Pero aquí llegan los “malos”, como los Decepticons en “Transformers” o los extraterrestres en “Independence Day”: la amenaza se cierne desde una galaxia muy, muy lejana, ubicada en Toledo y llamada Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Ésta tiene sus satélites en Guadalajara provincia y le hacen llegar al Darth Vader del momento la situación irregular en la que vivía aquel país de Nunca Jamás (en aquellas épocas, por junio de 2015 -fecha en la que los acusados fueron a testificar por primera vez- regía con férrea mano María Dolores de Cospedal, aunque estaba en las últimas horas de mandato y la era Emiliano García Page, como la era de Acuario en el musical “Hair”, llena de promesas, pelazos y laca, estaba a punto de aparecer en escena).

Entonces la comedia se torna en drama y la historia sigue entre abogados y juicios, como “Erin Brockovich“, pero sin Julia Roberts (aunque los repobladores de Fraguas y el novio de la abogada parece que comparten estilista). El Imperio les acusaba de usurpación, daños y delito contra la ordenación del territorio, y pedía cuatro años de estancia en “Alcatraz” para los seis jóvenes señalados. Los repobladores insistían: se trata de un “Territorio comanche” abandonado a su suerte que están intentando recuperar levantando los mismos muros que una vez albergaron familias, “sonrisas y lágrimas”.

La última película se estrenaba este viernes, cuando se celebraba el juicio en el edificio de los juzgados de la Plaza Beladiez en Guadalajara, donde medio centenar de “extras” se congregaban antes de la cita para mostrar su apoyo a los encausados. Los mismos que durante los últimos años han sabido jugar sus cartas e involucrar a los medios de comunicación en la contienda, periodistas que se frotaban las manos con una jugosa historia, como Rita Skeeter antes de entrevistar al joven Harry Potter.

Por toda esta trayectoria, la expectación estaba más alta que cuando se estrenó “El hobbit” después del éxito global de “El señor de los anillos”, y nadie quería ser la Cruella de Vil de la película. Así fue como el “buenismo” llegó para deshacer el nudo de la trama, defraudando a los críticos no sin antes darle unos toques de cine independiente a lo “Mullholland Drive”: intentando que al espectador no le quede nada claro de quién era la culpa en todo este embrollo (“Al final, los de asuntos internos le tendieron una trampa”, que diría Homer Simpson). Por eso, para dulcificar el relato y en vista de que llegan en breve los Oscar políticos (las elecciones autonómicas de 2019), la Junta ha retirado el hilarante cargo de daños en la propiedad (recordemos que los acusados construyeron sobre las ruinas que quedaban del pueblo después de ser bombardeadas por el ejército español. ¡Chúpate esa, Buñuel!). De esta manera es como, oh casualidad, las condenas se rebajan a dos años de prisión, por lo que los acusados no irán a prisión, intentando cerrar las bocas de aquellos que decían que las penas eran abusivas y desproporcionadas.

Mientras, “La cortina de humo” hace que los ciudadanos de a pie olviden secuelas de otros asuntos como las obras del Hospital, tan estancadas como las aguas que reposan en sus cimientos; la paralización del campus universitario y los dimes y diretes con el Ayuntamiento de Guadalajara; la supuesta aluminosis del Palacio del Infantado de la que nunca más se supo a pesar de la urgencia con la que se convocó aquella alarmante rueda de prensa; o que Batman y el Joker se han liado a cuchillazos en la fiesta de cumpleaños de García Page mientras el presidente dice que ya había navajazos antes de que él llegase… Pero esas son otras películas que ya retomaremos más adelante, que no quiero que este artículo quede tan largo y zozobrante como “Titanic”.

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