Hijos de puta

Por David Sierra

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Evaristo Páramo, vocalista de Gatillazo / Fuente: Mundo deportivo.

Aún eran unos adolescentes cargados de andrógenos cuando escucharon esa primera canción. Se la puso el primo mayor de uno de ellos en un antiguo radiocasete de doble pletina, prestado sin permiso. Era una cinta ‘virgen’ con la grabación pirateada de otra magnética de las que antaño, allá por la década de los ochenta, se exponían a la venta en las gasolineras para acompañar los viajes de los primeros automóviles con radio incorporada. En la ‘peña’, un antiguo local cochera preparado para las primeras borracheras, nadie se inmutó durante la escucha.

Sonaba una música cañera con una voz difícil de catalogar, que alternaba melodías y gritos entre una retahíla de insultos y descalificaciones a diestro y siniestro que no dejaban títere con cabeza. Los temas, cortos pero intensos, únicamente encontraban la pausa que otorga el directo a los vocalistas para ofrecer al público presente algo más. “Esta canción va dedicada al ho-no-ra-bi-lí-si-mo alcalde de la ciudad. Y pa’ su puta madre” decía. Era Evaristo. Ninguno sabía su nombre. Pero desde ese momento, su música se convirtió en himno y ellos en unos auténticos ‘hijos de puta’.

La religión, los gobiernos, los partidos políticos, la Iglesia, el fascismo, la banca, el ejército, las fuerzas de seguridad o la explotación laboral han sido puntos de mira habitual en las canciones de la Polla Records, uno de los grupos punk con más solera en el panorama musical por su transgresión en las letras y en los propios conciertos desde que se iniciaran a finales de década de los setenta. Y aún hoy algunos de sus temas más famosos siguen cerrando verbenas en los pueblos de nuestra provincia con vasos cargados de medicina emocional al aire.

Después de casi 40 años en los escenarios, este grupo que ahora se hace llamar Gatillazo ha vuelto a ser noticia como afectado de la Ley Mordaza, después de que la Guardia Civil tramitara el pasado viernes una denuncia a su cantante por gritar “hijo puta, policía” tras la actuación en el Festival Primavera Trompetera, celebrado en Jerez de la Frontera (Cádiz), según informó el propio cuerpo policial a través de su cuenta de twitter. En el tweet también aclaraban, ante las especulaciones surgidas en las redes s

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Evaristo durante un concierto. / Fuente: El Atlántico.

ociales sobre una supuesta detención o retención del vocalista, que los agentes únicamente habían procedido a notificarle dicha denuncia.

Sin embargo, la rumorología ante las diferentes versiones que han proliferado a través de la fibra han puesto de manifiesto, una vez más, lo sencillo que resulta desvirtuar la realidad y acomodar los hechos a un determinado cometido. En este caso, presentarlo como un argumento más en la acusación sobre la afección al derecho a la libertad de expresión que numerosos colectivos han otorgado a la reciente Ley de Seguridad Ciudadana.

Al margen de las motivaciones de los detractores de la norma aprobada en 2015, y a la espera de un cambio de rumbo en el ejecutivo central que marque otro camino en las modificaciones que se puedan introducir al texto, cuya ponencia para su reforma se encuentra en el Congreso, el debate sobre las limitaciones a la libertad de expresarse vuelve a estar en la agenda pública ante la existencia de determinados grupos habitualmente expuestos al escarnio popular a quienes se les ha dotado de herramientas más contundentes para defenderse, que a otros. Los derechos al honor, a la intimidad, a la propia imagen, a la protección de la juventud y la infancia ya no son los únicos que marcan esas limitaciones donde ahora ha entrado en juego el fenómeno de la incitación al odio y la violencia, sin disponer de un mecanismo acertado o protocolario para detectar los contextos en los que se produce y los procedimientos de actuación en cada caso. Todo queda en manos de la subjetividad de una norma y de quienes deben velar por la garantía de estas libertades en su cumplimiento.

Estableciendo un símil entendible para el ciudadano de a pie, la Ley Mordaza sería lo que en fútbol el reglamento donde las modificaciones introducidas para regular el desarrollo del juego han dejado buena parte de las decisiones a los criterios arbitrables de manera que la polémica, jornada tras jornada, está servida para deleite de las tertulias de patio tan proclives en los medios de comunicación actuales.

Evaristo se enfrenta a una multa de 600 euros por faltar al respeto a las fuerzas de seguridad. Por ofender a las personas que como autoridad estaban allí. Por menospreciar al árbitro. Por decir en la cara lo mismo que cientos de personas en la grada. Por juguetear con la subjetividad de los que ostentan el poder de sancionar. Por insultar, simple y llanamente, en libertad. Por ser, a fin de cuentas, un ‘hijo de puta’.

Un pensamiento en “Hijos de puta

  1. Cada uno ha de asumir sus actos y la libertad de expresión acaba donde comienzan los derechos del otro y su LIBERTAD,PUNTO Y FINAL.
    ¿Qué NO o SÍ sucedería si sustituyésemos la palabra Policías por otro nombre propio o cualquier otro colectivo + SU INSULTO…? Por ejemplo raper@s,punkys,gays,periodist@s,
    african@s o aceituner@s hij@s de…

    LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EXISTE COMO EXISTE EL DERECHO AL HONOR DEL OFENDIDO Y SU EJERCICIO Y PUNTO.
    EL INSULTO SIEMPRE ES OBJETIVO CON LA ANIMOSIDAD DEBIDA DE OFENSA, COMO ES EL CASO,EL EJERCICIO DEL DERECHO DEL OFENDIDO ES PERSONALÍSIMO PERO NUNCA SUBJETIVO.
    EJERCER TUS DERECHOS SE LLAMA DEMOCRACIA

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