Deporte en precario

Por David Sierra

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Rueda de prensa de los trabajadores deportivos agrupados en CC.OO / Fuente: Guadalagaradiario

Era siempre el primero en llegar. Era el guardián de todas las entradas. También de las salidas. Su responsabilidad no estaba pagada. Con el uniforme de la empresa ya desgastado por el ajetreo diario de muchas jornadas de esfuerzos, y que se hacía ostensible a través del tejido descolorido, su percha era la única que mantenía en pie ese imperio forjado al candor de la crisis económica. Su percha era la única que hacía acto de presencia en domingo. Esos que los pliegos obligan a prestar el servicio; que establecen los horarios; las exigencias de las tareas; pero que rara vez se acuerdan de las espaldas de quienes los cumplen.

Nunca dijo no. Se mostraba agradecido. Agraciado. Y ese fue su error. Quería el puesto. Había soñado siempre con estar en un lugar como ese; rodeado de todo lo que le apasionaba. El deporte en estado puro. Con sus inconvenientes, pero también con las muchas virtudes que le hacían olvidar las injusticias a las que estaba sometido el puesto. El que le habían atribuido, desacorde con las funciones encomendadas. Era un todoterreno. Le gustaba enseñar, corregir, organizar, e incluso, algunas veces, hasta ordenar. Se involucraba para que el servicio fuera pulcro. Como el más fiero de los soldados que une su alma a una bandera, a un logo, sin importarle ni tan siquiera su propia vida. Otros tantos, no tan obstinados, abandonaron el barco y se embarcaron en otras aventuras más cercanas a sus propios intereses.

En su camino, algunos como él le acompañaron. Compartían aficiones y ganas. Compartían conocimientos, que se prestaban en reuniones de sala. Entre mancuernas y elípticas. Entre canchas y vestuarios donde, de vez en cuando, el asunto profesional traspasaba la frontera de lo íntimo y lo privado. Las confesiones sinceras ponían de manifiesto que no era oro todo lo que relucía. Detrás de cada camiseta había algo más que un logotipo; había una cruda historia. Y todas juntas manifestaban el cáncer de todo un sector sometido a la ley de la demanda: Esa que estimulaba a pasar por el aro en nombre de la cola del paro.

Negociar siempre fue una de sus virtudes. Como la sensibilidad por el sufrimiento ajeno. Su capacidad para empatizar en ambas situaciones le llevó a sobrevivir y a salvar a muchos de la quema. A perpetuar su sumisión, a mantener las voces discordantes en el anonimato. A ofrecer la otra mejilla en espera de cambios, de tiempos mejores. De un horizonte más próspero en el que las cuentas, por fin, saliesen. Sin necesidad de sobres. Espejismos de una ciudad que se enorgullece de ser capital europea del deporte.

El juego del más barato ha sido al que han jugado las administraciones municipales durante estos últimos años. Las reglas premiaban al que más se apretase el cinturón, sin importar a costa de que o de quien. Los números por encima de todo, en nombre de la Ley Montoro. De no infringir la regla de gasto. El importe como medida objetiva para desviar la atención de la irregularidad en las adjudicaciones. Para implorar a la transparencia en el procedimiento y eliminar los índices en las sospechas. Que para eso existen los intermediarios. Nunca antes deporte y política estuvieron tan lejos y tan cerca. Casi de la mano.

Intrépido le dicen algunos. Pero no está sólo y son más los rebelados. También les han tachado de cuerdos ausentes. O bien de osados, valientes, revolucionarios. Quizá idiotas, traidores, y hasta algún que otro Judas. Una puñalada trapera a los que se lucran dentro del sector que más beneficios a la salud crea. Salieron a la palestra. Se quitaron la soga que les asfixiaba. Plantaron cara; un precedente. Revindicaron el fruto de su trabajo, de su cosecha arrebatada a través de nóminas ficticias, de condiciones plasmadas en contratos injustos sellados sobre la inferioridad que emana de la necesidad y bajo la protección de la reforma laboral. Rubricados en letra minúscula, incapaz de ser atendida con el sudor de la frente.

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Aprobación de la moción presentada por Ahora Guadalajara. / Fuente: Ahora Guadalajara

El camino va dejando cadáveres. Daños colaterales que siempre estuvieron presentes. Y por eso, aunque duelan, no causan sorpresa. Sí indignación; tristeza e incomprensión. Pero ya es tarde para recular. Tampoco quieren. Han hecho pasar por el aro a quienes siempre han optado por rodearlo. Han sentado las bases que, quizá ellos nunca aprovechen, pero de las que se beneficiarán los nuevos que lleguen. Han recuperado, con moción incluida, la tan necesaria lucha sindical, alienada estratégicamente por la patronal para encubrir la precariedad. Esa que esconde la gestión de nuestro deporte.

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