De lobos, pastores y corderos

Lobos con piel de pastor

Portada del libro del periodista alcarreño. // Foto: Edit. San Pablo

*Por Juan Ignacio Cortés.

El escándalo de los abusos sexuales de menores dentro de la Iglesia católica fue definido por Benedicto XVI como la mayor crisis de la institución desde la reforma protestante. Lo que comenzó como un leve rumor sobre algunos sacerdotes más cariñosos de lo debido en Estados Unidos, se reveló con el tiempo un complejo entramado de horror y silencio en el que jugaban un papel esencial centenares de sacerdotes abusadores, miles de víctimas y una jerarquía eclesiástica que no quiso darse por enterada y que trabajó duro para ocultar los abusos creyendo así defender la reputación de la Iglesia. Con su actitud solo consiguió agrandar el abismo de dolor en el que habían caído las víctimas.

El dolor (y el coraje) de esas víctimas es el núcleo de la historia que cuenta Lobos con piel de pastor , libro que acaba de publicar la Editorial San Pablo y del cual soy autor (confieso que escribir esto me causa rubor, pues el libro no existiría si no fuera por la insistencia de Mª Ángeles López, la valiente directora de esta editorial católica; la generosidad de Javier, F. L., Emiliano y Daniel, víctimas que me permitieron asomarme a su dolor para poder contar esta historia; y de la sabiduría de gentes que han abordado el tema antes que yo como la periodista Irene Gómez, la criminóloga Gema Varona y el sacerdote y canonista Gil José Sáez).

Los primeros indicios de la tormenta que tanto ha hecho zozobrar la nave de la Iglesia datan de los años cincuenta. En los noventa había estallado con una notable virulencia que tomaría fuerza de huracán con el comienzo del milenio y que dejaría maltrechas las estructuras de la Iglesia en Estados Unidos, Irlanda, Australia, Austria, Alemania, Bélgica, Holanda… Esas estructuras siguen más o menos intactas en países como Italia o España, en donde los expertos sospechan que existen cientos o miles de víctimas que sufren en silencio un horror que para ellos es constante, que les pudre el alma y que ha condenado a muchos a una vida de desesperanza, drogas, sexo atormentado, incapacidad de recibir afecto…

Es cierto que ese horror no sólo se vive en el seno de la Iglesia. Se da en las familias, en los clubes deportivos, en las escuelas. Es un horror al que no queremos mirar cara a cara, que tendemos a ocultar en el fondo de nuestro inconsciente individual y colectivo. Pero en el caso de la pederastia dentro de la Iglesia el horror tiene connotaciones particulares, pues es ejercido por sacerdotes.

Aquellos que para los católicos son la representación de la pureza y el bien absoluto que es Dios se transforman ante los ojos de la víctima en la encarnación de un mal total que destroza sus vidas. El propio papa Francisco ha descrito los actos de pederastia como un “sacrificio diabólico”. Marie Collins, una víctima de abusos irlandesa describía esta contradicción con una frase demoledora: “Las mismas manos que te dan la comunión se introducen en tu vagina al día siguiente”.

Cuando tras algunas reticencias asumí el encargo de Mª Ángeles López para escribir este libro sabía poco de una historia que reúne todas las características de una tragedia de Shakespeare: religión, ideales, traición, sexo… Cuando me fui adentrando en los meandros de lo sucedido me di cuenta de tres cosas: el territorio del dolor es mucho mayor de lo que pensaba; ningún libro en español contaba la genealogía y el desarrollo de la crisis; poca gente se ha preguntado en público qué pasa en España.

Respondiendo a estas tres cuestiones, Lobos con piel de pastor pretende contar la historia y trazar un mapa no exhaustivo –sería imposible, pues los abusos de menores dentro de la Iglesia católica son un fenómeno tristemente global–  de la crisis de la pederastia eclesial para después preguntarse qué está pasando en España y examinar cómo la Iglesia está abordando la cuestión en nuestro país. La primera pregunta resulta difícil de responder. Hay todavía mucho silencio en torno al tema.

La segunda tiene una respuesta tristemente desalentadora: La Iglesia española tiende a ignorar el tema y no han puesto en marcha mecanismos de prevención de los abusos y de atención a las víctimas –pocas o muchas, sabemos al menos de medio centenar cuyos casos han trascendido a la esfera pública- que se sienten ignoradas, maltratadas y engañadas por una Iglesia que un día vieron como madre. Esto debe cambiar cuanto antes. Ojalá que no sea necesario que un día el Papa llame a Roma a nuestros obispos  para preguntarles qué han hecho de sus hermanos víctimas de abusos y castigarles de cara a la pared como ha hecho con los obispos chilenos porque se han lavado las manos de la sangre de víctimas inocentes

F.L., una de las víctimas españolas con las que tuve el privilegio de hablar, le decía en una carta al Papa Francisco que hemos llegado a un momento en el que “sobran las palabras y faltan hechos”. No puedo estar más de acuerdo.

Juan Ignacio Cortés

Juan Ignacio Cortés. Foto: Edit. San Pablo

 *Juan Ignacio Cortes (Guadalajara, 1970) es periodista y responsable de prensa con amplia experiencia en el campo del desarrollo y los derechos humanos, Ha trabajado para organizaciones internacionales como FIDA –agencia de Naciones Unidas especializada en desarrollo rural–, Amnistía Internacional y Cáritas. El miércoles 20 de junio a las 19:00 presenta su libro en la Biblioteca Pública de Guadalajara. 

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.