Medio verdades matemáticas

Abe Simpson baila el limbo en un crucero // Foto: Fox

Abe Simpson baila el limbo en un crucero // Foto: Fox

Por Patricia Biosca

Un año más, Guadalajara vuelve a estar a la cabeza entre las ciudades con más de 20.000 habitantes con mayor esperanza de vida de España. Concretamente, la capital arriacense tiene una media de 84,5 años, lo que la coloca sexta en el ránking nacional, por detrás de Rivas-Vaciamadrid (con un cercano 85,8), Pozuelo de Alarcón (85,5 años), Majadahonda (85,29, Alcorcón (85) y Las Rozas (84,9). Este dato, que en realidad solo sirve para hinchar pecho en tertulias con el codo apoyado en la barra o como argumento político peregrino (que ya huele a elecciones) es, en realidad, solo eso: un número. Y sospecho que, como mucho, desde el INE (el Instituto Nacional de Estadística, el mayor amante estatal de cifras y letras del país) nos regalarán una banderita para colgarla en los balcones del Ayuntamiento, porque poco rédito se puede sacar de las estadísticas.

El hecho de estar empatados con Salamanca, que tiene 144.00 habitantes (Guadalajara tiene apenas  84.000), no significa que nuestra Sanidad sea mejor. De hecho, Salamanca cuenta con tres centros hospitalarios y cuatro en la provincia, mientras que nuestra ciudad tiene tres para toda su extensión. Sin embargo, las listas de espera son parejas: Salamanca tiene esperando para operarse a 5.325 personas; Guadalajara, en cambio, “solo” 4.338. Es decir, que aunque los caprichosos números nos digan que, a priori, en la provincia tenemos que esperar menos, el hecho de ser la mitad de población hace que el dato se quede un poco exiguo. El contexto es lo que tiene, y si no que se lo digan a Milli Vanilli, que movían la boca que daba gusto pero que no sabían ni por asomo lo que era un do sostenido. Lo mismo tiene razón alguien que yo me sé y es verdad lo que dice: “Los viejos no se ponen malos por no ir al Hospital de Guadalajara”.

Muchos agoreros pensarán que la explicación de que en Guadalajara la gente viva más es que, en realidad, hay mucho anciano. La condena de la pirámide poblacional envejecida es una cruz que aprendemos todos los escolares en geografía: “El sombrero de la curva nos indica que la mayoría de la gente que se refleja es mayor”, recuerdo diciendo a mi profesora. De hecho, esa enseñanza la tengo tan interiorizada (junto con lo que es una baja presión atmosférica, la tierra arcillosa y lo que significa “chirimiri” o “calabobos” -gracias, don Fredes-) que fue lo primero que pensé al ver la noticia de que en nuestra ciudad se vive mucho más que en otros sitios. Pero, al buscar los datos, en realidad la población de la capital arriacense solo tenía una leve visera: la mayoría de la gente tiene entre 35 y 49 años, la edad fértil de moda. Es cierto que hay un repunte entre las personas que tienen ya ocho décadas a sus espaldas o más (con mujeres especialmente longevas), pero los niños siguen teniendo una presencia más fuerte que los ancianos. Así que no, no esperemos una revolución como aquel capítulo de Los Simpson en el que el abuelo Abe y sus colegas acaban imponiendo el toque de queda a los menores de 70 (aunque, para ser justos, ellos lo achacan a que los ancianos votan siempre en bloque, como los caminantes blancos de camino a Invernalia… dejo a su imaginación quién es el dragón que acecha).

Descartados todos estas cifras “objetivas” y sin alma, solo nos queda darle una explicación sociológica. El país con mayor esperanza de vida en el mundo es, desde hace un tiempo, Japón (con 83,9 años), donde se achaca esta longevidad a su estilo de vida, sobre todo por la alimentación saludable y la actividad física. En Guadalajara, con las migas, los bizcochos borrachos o la miel (en cantidades industriales), quizá se pueda descartar la primera premisa. El ejercicio es otro cantar (que dirían Milli Vanilli): los numerosos parques de la ciudad están llenos de máquinas de gimnasio de vívidos colores que llaman la atención de intrépidos deportistas talluditos, niños con vocación aventurera y jóvenes inconscientes tras una noche de copas. Y no olvidemos el cliché romántico entre ancianos y obras: solo con pasear por el centro se pueden ver muchos andamios y solares que podrán nostálgico a más de uno. Al final va a ser que hay que hacer del recuerdo disciplina olímpica para continuar con los buenos datos y que las novedosas carreras de polvos de colores se cambien por duelos en taca-taca por medio del parque de la Concordia.

Así, al menos los políticos podrán seguir aprovechando los números, aunque estas verdades científicas se acaben retorciendo para contar medias mentiras. No te preocupes por tus problemas con las matemáticas, los míos son todavía mayores“, dijo Einstein una vez. Al menos espero que estas líneas sirvan para resolver alguna disputa en algún bar en el que la gente no repare más que en los números de la cuenta.

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