Dislexia, normalizar y visibilizar (dis) capacidades distintas.

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Los niños disléxicos no son vagos ni discapacitados intelectuales, requieren medios de aprendizaje adaptados y que se normalicen sus necesidades escolares.

 

Por Gloria Magro. 

El hijo de Penélope tiene 18 años y acaba de abandonar sus estudios de FP pese a saber que sin una titulación su futuro profesional es incierto y que no será fácil que se incorpore al mercado laboral. Claro está que el fracaso escolar no le diferencia de otros muchos jóvenes en su situación, un número estadístico más, pero sus dificultades de lectoescritura sí. Y también que habilidades rutinarias y que damos por sentado como pronunciar y comprender algunas palabras, números y conceptos temporales, para él son una dificultad añadida. Así, hasta los escalafones más bajos del sistema laboral estarán difícilmente a su alcance. El hijo de Penélope es disléxico y su historia personal está marcada por años de frustraciones asociadas a las dificultades de aprendizaje que ha tenido que afrontar toda su vida. En su caso, el entorno escolar no ha estado preparado para afrontar la formación cuando se tienen capacidades distintas.  Penélope Villalobos acaba de poner en marcha DIXGUADA, Asociación de Dislexia y otras dificultades Específicas del Aprendizaje de Guadalajara, ww.dixguada.org.  En apenas tres meses además de las tres personas iniciales implicadas en el proyecto, ya son más de treinta las familias inscritas. 

Se calcula que más de un diez por ciento de los niños son disléxicos y también muchas personas que han llegado a la edad adulta sin saber ponerle un nombre a sus dificultades de aprendizaje pese a que han convivido toda su vida con ellas y tal vez estas diferencias han determinado sus caminos vitales, distintos en muchos casos si hubieran tenido un diagnóstico temprano y una atención personalizada durante la etapa escolar.

Se suele definir a la dislexia como un cajón de sastre en el que cabe un amplio abanico de alteraciones lingüisticas, de comprensón lectora, dificultades de escritura y de comprensión espacio temporal: discalculia, dispraxia, disfasia, disortografía, disgrafia… La variedad de dis es tan extensa que se ha llegado a negar el problema y a decir que la dislexia no existe como tal. O a confundirla en muchos casos con otro tipo de trastornos, como los déficit de atención, otro saco con mucho fondo donde se agrupan problemas de todo tipo. Si algo está claro para padres, profesionales y profesores, es que los niños dislexicos no aprenden al mismo ritmo que sus compañeros porque sus mecanismos mentales son distintos. No aprenden menos ni tienen menos capacidad, sino que aprenden distinto y necesitan por tanto de mecanismos de aprendizaje adaptados a sus necesidades.

Para Felipe López, responsable de asesoramiento pedagógico de Gabitep, www. gabitep.com, centro polivalente de Psicología, Pedagogía y Logopedia, y con largos años de experiencia diagnosticando y ayudando a niños y adultos disléxicos, la clave está en el proceso de decodificación de la información, la dislexia es (en su conjunto) “una dificultad para procesar a la velocidad normal los códigos lingüísticos”. Así, cuando se es disléxico, “el lenguaje se convierte en un auténtico trabalenguas”. López cree que se trata de un problema real, “es una alteración clara”, pero no una enfermedad, sino una forma distinta de percibir y procesar la información. Los dislexicos  la archivan de una forma desordenada que luego les hace muy complicado recuperarla. Leer, comprender lo que se lee y repetirlo en un tiempo que se considera normal para una conversación en la vida diaria o en un examen escolar o profesional es un handicap del que son plenamente conscientes. Sin embargo, según el gabinete de orientación de Gabitep, con apoyo y métodos de aprendizaje adaptados, los niños y adultos disléxicos consiguen avances significativos. Y también seguridad en sí mismos.

La persona disléxica lo será toda su vida así que cuanto antes se obtenga un diagnóstico, antes podrá estar acompañada de una adaptación personalizada del aprendizaje. Debería de estar estandarizado que en el primer o segundo curso de Primaria y no mucho más tarde, cuando los niños comienzan a leer, los colegios estén preparados para detectar si hay un déficit cualitativo: el niño no entiende lo que lee, pese a memorizar los códigos de lectura, las palabras, y que además éstas no se fijan en su memoria unidas a un significado. En otros casos, son los mismos niños quienes se dan cuenta de que algo ocurre y piden ayuda, como el hijo de Rafa García, secretario de Dixguada, hoy de 15 años pero que en su día vió como sus compañeros aprendían a leer a un ritmo que a él se le hacía difícil de seguir. En la actualidad hay incluso aplicaciones que mediante un sencillo test permiten a los padres intuir si tienen un hijo con dislexia y buscar un diagnóstico certero. Una de ellas, Dytective, dentro del programa Change Dyslexia, permite detectarla desde los 3 años y en 2016 ganó el Premio Princesa de Girona en el apartado social.

La clave del aprendizaje es la lectoescritura, por tanto, si la dislexia no se detecta en esta etapa, los problemas empezarán a acumularse. Se hace necesario que los profesionales de la educación estén entrenados y tengan un protocolo claro de actuación. Por ley, los padres de niños disléxicos pueden solicitar la adaptación de la evaluación de sus hijos en los centros escolares hasta las pruebas de Selectividad. A día de hoy, afirman desde la jefatura de estudios de colegios públicos de Guadalajara con los que se ha puesto en contacto El Hexágono, el profesorado está sensibilizado y formado en inteligencias múltiples, tanto para detectar el potencial de cada alumno y sus fortalezas, como para afrontar problemas de aprendizaje cómo éste. Y aseguran que los centros trabajan no solo la adaptación de los medios de aprendizaje, sino también la motivación, que se trata sin duda de una labor conjunta entre el alumno, el orientador escolar y los padres y que el apoyo se mantiene hasta la etapa universitaria.

Nada de esto se cumplió en el caso del hijo de Penélope Villalobos, su relato vital y escolar es más bien la historia de un fracaso del sistema y  la lucha personal de su madre porque se reconociera la dislexia de su hijo y se le ofrecieran los apoyos necesarios. A día de hoy, es una realidad palpable que los recursos públicos son insuficientes para conseguir la igualdad de oportunidades de estos niños.  Los padres deben de afrontar largos años de apoyo extraescolar que acompañen su aprendizaje, un desgaste económico, sumado al emocional, que no todas las familias se pueden permitir pese a que es imprescindible. Desde su experiencia, en Dixguada afirman que el sistema de detección y adaptación escolar no funciona realmente, depende de la voluntad y sensibilidad individual de los profesores y no tiene una continuidad. Los niños disléxicos, afirman, dedican el doble de horas al estudio que los demás, puesto que deben dedicar mucho más tiempo a fijar contenidos que luego no son evaluados en función de ese esfuerzo, generando frustración y falta de autoestima. “Nosotros nunca tenemos vacaciones, estos niños trabajan más que nadie y luego no ven resultados (académicos)”, afirma Rafa García. Y el problema empeora cuando pasan a Educación Secundaria y Formación Profesional. Ahí, creen que los apoyos realmente no existen y los adolescentes disléxicos quedan abandonados a su suerte, lo que les impide en la práctica terminar de formarse y acceder a la universidad o al mercado laboral en igualdad de condiciones.

Desde Dixguada quieren trabajar en la visibilización y normalización de este problema que cada vez afecta a más niños, puesto que los diagnósticos están aumentando en la actualidad, según constatan los especialistas. Se trata de un proyecto ilusionante, el fin de una lucha hasta ahora personal de muchos padres que consideran a sus hijos víctimas del sistema. “Queremos acompañarles, que puedan desarrollar todo su potencial”, explican. El próximo otoño está prevista la presentación oficial de la asociación, así como la celebración de una Semana de la Dislexia en Villanueva de la Torre, donde tienen su sede. En la página web que han opuesto en marcha ofrecen todo tipo de información útil para los padres, así como la posibilidad de unirse a ellos. También valoran muy positivamente la acogida que han tenido por parte de la Delegación de Educación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, con la que esperan colaborar estrechamente en un futuro próximo.

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Adaptar los medios de evaluación escolar, entre otras medidas, clave para su éxito académico.

 

Hacia un Plan Nacional sobre Dislexia.

La Consejería de Educación de Castilla-La Mancha está especialmente sensibilizada con las necesidades especiales de aprendizaje, dentro de la atención a la diversidad amparada por  la LOMCE. El presidente de Disfam, la asociación mallorquina pionera en España sobre dislexia, Iñaki Muñoz, se reunió con el consejero Angel Felpeto en Cuenca hace unos meses y valora muy positivamente la predisposición de la Consejería a trabajar en un decreto que amplíe el marco de actuación, a diferencia de otras comunidades como la madrileña, donde según esta asociación no se está haciendo nada a este respecto. El modelo a implantar en nuestra región sería el protocolo que se sigue en Baleares, el más avanzado. “Se trata de conseguir la igualdad de oportunidades en las aulas, explica Muñoz, mediante adaptaciones curriculares no significativas ciclo a ciclo hasta Bachillerato y FP”.

En la actualidad, el esfuerzo de las asociaciones en materia de legislación se centra en elaborar un Plan Nacional de la Dislexia. La primera asociación en buscar el reconocimiento y la atención legislativa fue Disfam,  por cuya iniciativa la Ley Orgánica de Educación ampara tanto a la dislexia como a otras dificultades de aprendizaje, facilitando que las distintas comunidades autónomas puedan legislar en este ámbito.  A través de Ciudadanos han presentado una Proposición No de Ley que culmina más de quince años de trabajo y que podría ampliar el campo de acción de las administraciones regionales aunque en la actualidad, con el reciente cambio de gobierno, se encuentra en compás de espera. El presidente de honor de Disfam es el ex presidente de Castilla-La Mancha, José Bono. Además de cambios legislativos, las distintas asociaciones reclaman la necesidad de volver a un sistema de becas que iguale las oportunidades de todos los alumnos.

A TENER EN CUENTA:
1. Las personas con dislexia y otras dificultades específicas de aprendizaje están amparadas por el artículo 71, 72 y 79 BIS de la Ley Orgánica de Educación.
2. En muchas Comunidades Autónomas, existen decretos que también amparan a este colectivo.
3. Los padres tienen el derecho a exigir que se cumpla dicha legislación.

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