El enemigo invisible

Por Borja Montero

A pesar de que nació como la lucha de unos ecologistas agoreros que daban más importancia de la debida a unos cuantos indicadores al azar, el cambio climático se ha ganado con el paso de los años un merecido lugar en la agenda pública, por nuestro propio bien, convenciendo incluso a los más excépticos de que hay que tomar cartas en el asunto. A nivel de instituciones públicas, nadie duda ya de poner en marcha sus medidas, con el único interrogante de si la intensidad de las mismas es la adecuada. El Ayuntamiento de Guadalajara ha anunciado esta semana su compromiso de reducir sus emisiones de gases nocivas en un 40 por ciento.

Se trata de un objetivo nada descabellado, habida cuenta de que el plazo de tiempo acordado es relativamente amplio, hasta 2030, y que el Consistorio lleva buen camino en esta lucha contra su propia huella ecológica. Y eso que el Ayuntamiento no ha llevado a cabo movimientos revolucionarios en sus formas de consumir ni ha llevado a cabo cambios profundos. Únicamente renovando la flota de vehículos municipales, incluyendo autobuses, camiones de recogida de basura y otros vehículos de limpieza, cuya compra no depende directamente del Consistorio sino de las contratas responsables, y cambiándolos por modelos híbridos, de combustibles más sostenibles o de bajas emisiones y sustituyendo las bombillas de las farolas por faros LED se ha conseguido una reducción significativa de sus emisiones, de modo que, por el momento, no se plantea un cambio de estrategia, sino que se pretende ir mejorando la eficiencia de los edificios municipales con la implantación de iluminación LED y sin tener en mente actuaciones más drásticas de reducción del consumo o, mucho menos, cambio de modelo energético.

El camino del Ayuntamiento ya está en marcha y está comenzando a dar sus resultados. Sin embargo, los servicios municipales y los edificios públicos en general solamente consumen un porcentaje mínimo de la energía que la ciudad necesita y, por tanto, su volumen de emisiones de gases nocivos no es el más representativo. Son los ciudadanos los que tienen que tomar buen ejemplo de lo que hace su Ayuntamiento y plantearse estos pequeños gestos en su vida diaria, a la hora de cambiar las bombillas de casa, de coger el coche para trayectos cortos o con una alternativa cómoda de transporte, de enchufar o apagar determinados aparatos más o menos necesarios y otro abanicos de pequeñas medidas que cualquier vecino puede llevar a cabo sin modificar sustancialmente su modo de vida. Ahora la pelota está en el tejado de cada uno de nosotros, que tenemos que hacer este pequeño cambio de hábitos y decidir si estamos dispuestos a dar incluso algún pasito más en detrimento de cierta comodidad pero en favor de nuestro propio futuro, tanto como individuos como a nivel de especie.

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