Page vuelve al tajo

Hospital de Guadalajara

Emiliano García Page (en el centro) durante la visita a las obras del hospital. // Foto: Guadaque

Por Álvaro Nuño.

Por fin el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, acudía el pasado miércoles a Guadalajara capital a visitar unas obras, y no unas obras cualquiera sino quizás el reto –“institucional y político”, según sus propias declaraciones- que tiene la Junta en esta provincia, que no es otro que la finalización del Hospital Universitario. Como en las grandes ocasiones ya casi olvidadas de las épocas de vacas gordas, Page y una numerosa cohorte de cargos políticos y técnicos, seguidos de las cámaras de los medios de comunicación, se calzaban el casco de albañil y el preceptivo chaleco fosforito de seguridad para recorrer el interior de esos edificios fantasma coronados durante los últimos años por unas grúas inertes que vistas desde el horizonte parecían el monte del Calvario.

“El hospital va viento en popa. Hay mucha gente ya trabajando y va a incrementarse la plantilla. Seguramente mucha gente no puede verlo porque las obras van por el interior pero estamos razonablemente contentos después de años de incertidumbre, de conflictos. Este hospital es un objetivo social, institucional y, por supuesto, político” decía Page antes de comenzar la visita, acompañado del Consejero de Sanidad, Jesús Fernández, la directora del Hospital y los responsables técnicos de las empresas que están llevando a cabo los trabajos. Como buen visitante de obras, el presidente ponía cara de interés cuando los ingenieros -en este caso ingeniera- le enseñaban los planos de lo que se está  haciendo o queda por hacer, observaba y saludaba a los albañiles moviendo andamios o enyesando paredes, paseaba por pasillos con cables colgando del techo y miraba la panorámica que tendremos los pacientes desde las ventanas de nuestras habitaciones cuando tengan cristales y camas, se supone que para finales de 2020, según las últimas previsiones y si nada se tuerce de nuevo, porque el propio consejero se guardaba las espaldas al respecto apuntando que habrá que ver cómo se desarrollan las obras en este 2018 por parte de la empresa para poder concretar con exactitud la posible fecha de finalización, sabedor de que estas declaraciones con plazo incluido las carga el diablo y de que las certificaciones de obras hay que pagarlas, algo que en el pasado, el gobierno del socialista José María Barreda, dejó de hacer.

Pero no cabe duda de que esta visita tiene una lectura claramente política para el actual gobierno de Castilla-La Mancha. La obra por excelencia en nuestra provincia, la de mayor presupuesto, relevancia social y seguro que la más visible para todos los ciudadanos marcha ya “a buen ritmo”, después de años en los que por unas cosas o por otras allí no se movía ni un ladrillo. Ahora mismo trabajan en ella 155 personas llevando a cabo trabajos de albañilería, carpintería, tabiquería, cerrajería, fontanería, saneamiento, electricidad y climatización entre otros -en este último aspecto se podían pasar los operarios por el actual hospital a echar un ojo porque parece que también lo necesita- en los que el Sescam prevé gastarse 17 millones de euros este año. Con posterioridad vendrán los equipamientos en servicios, tecnología, los 16 quirófanos y consultas, que en este último caso pasarán de las 95 actuales a tener 172. Por último, cuando las nuevas instalaciones estén listas, se procederá a renovar las actuales para homologar unas y otras a la actual normativa y a las últimas tecnologías en materia sanitaria.

Y de un proyecto que parece que marcha viento en popa, a otro que está varado y sin visos de partir, también en la capital y también competencia de la Junta de Comunidades, como es el manido campus universitario de Las Cristinas. “Guadalajara no se va a quedar sin nuevo Campus”, afirmó contundente Emiliano García Page espetado por los medios locales y lanzó una acusación velada contra su archienemigo político, el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Guadalajara, al añadir: “si no se dejan de cambiar comas en los proyectos, innecesarias y estériles, absurdas para perder tiempo, tengo prevista una reunión con el Ministerio de Defensa para, si es necesario, realizar una negociación bilateral”.

No es la primera vez -ni seguramente será la última- que cuando aparece una autoridad regional siempre se remite en este asunto a la firma del famoso contrato-programa que deberían firmar ambas parte, además del Ministerio de Defensa y la Universidad de Alcalá. El propio consejero de Educación, Ángel Felpeto, esperaba que “en los próximos días podamos firmarlo”. Eso lo decía nada menos que el 27 de mayo, hace ya tres meses -por eso los plazos hay que cogerlos con pinzas cuando se trata de estos asuntos en boca de responsables políticos- y de la famosa firma no hemos sabido nada de nada hasta que hoy Page ha hablado de las comas y los acentos que, evidentemente, debe estar poniendo el Consistorio capitalino. De ser así, se reproduciría de nuevo otra batalla en la guerra Junta-PSOE contra Ayuntamiento-PP como la vivida y sufrida con la finalización de las obras del aparcamiento del propio hospital, con un cruce interminable de acusaciones mutuas que los ciudadanos contemplaban entre boquiabierto y cariacontecidos mientras tenían que aparcar sus coches en los barrizales aledaños o pagar en los parkings privados.

Por supuesto, las declaraciones de un bando han sido respondidas inmediatamente por el de enfrente, en este caso por el vicealcalde Jaime Carnicero, acusando a Page “de mala fe” o de que “no se entera de nada” de lo que ocurre en su propio Gobierno y anunciando que habrá una próxima reunión sobre este asunto “sólo y exclusivamente a nivel técnico” donde “se está llegando a un intercambio fluido de documentación” porque “no estamos hablando de comas”. 

Como ya ocurriera con el aparcamiento del hospital, aquí se está ocultando información a los ciudadanos, escudándose unos en la dialéctica y otros en los técnicos para no decir a las claras qué es lo que ocurre con ese convenio que, en principio, ya estaba aprobado por todos y cuáles son los impedimentos para que un proyecto de este calibre no avance ni un milímetro durante meses. Alguien tiene que poner en este caso los puntos sobre las íes y dedicar todos los esfuerzos técnicos, económicos y políticos para que el futuro campus de Guadalajara no encalle definitivamente. De no ser así, ni unos ni otros gobernarán para verlo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.