Esa huella que no se puede borrar.

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Agosto concentra históricamente las mayores tragedias en Guadalajara. Foto: L.V.Pérez.

Por Gloria Magro.

Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va,

va dejando una huella que no se puede borrar. 

A partir de cierta edad es imposible escuchar estos compases  de la sevillana “El adiós”, de los Amigos de Ginés y no retroceder a la despedida de Chanquete en aquel eterno Verano Azul de 1981. Es un tema mítico, de recuerdos, nostalgia y despedidas. Junto con “El final del verano” del Dúo Dinámico es la banda sonora de los últimos días agosto y primeros de septiembre. Este año, si acaso los dos temas se solapan. Demasiadas despedidas este verano en Guadalajara, demasiados adioses nos hemos dejado por el camino. La lista de los que no volverán en septiembre a nuestra vida cotidiana es larga y dolorosa este año, por mucho que algunas fueran despedidas largamente anunciadas. 
Más allá del sol y la playa, los pueblo y sus fiestas, el balance de este verano 2018 que ya se nos va de las manos como si de un puñado de arena escurriéndose por entre los dedos se tratase, es agridulce. Podría tratarse de una percepción personal mía, que podría ser, pero creo que va más allá, que es un sentimiento compartido por todos los que tenemos el corazón sembrado de las huellas de los que nos han dejado estos meses de verano. Se fué Iván Lázaro y su adiós en el colegio Salesianos colapsó la calle Toledo, por más que ya se hubiera despedido de todos aquellos que tuvieron la suerte de conocerle en un festival solidario que reunió semanas antes a toda una generación en la Plaza de Toros de Guadalajara. Nos acordaremos de vivir en su nombre, ese es su legado. El 8 de septiembre la Agapito´s Rock Band le rendirá homenaje con un concierto en su peña.

El mismo día que nos despedíamos de Iván, también partió Ana. Qué decir de Ana Fernández Day. Qué combatió durante demasiado tiempo a la enfermedad que finalmente se la llevó, que fué un combate desigual, en el que no tuvo muchas oportunidades pese a que no dió la partida por perdida en ningún momento, que la queríamos muchos todos los que tuvimos la suerte de cruzarnos en su camino… La dulce Ana, presencia constante en las redes sociales de Guadalajara, con su ánimo, su espíritu naif, sus alumnos, su extensa familia. También hay que acordarse de vivir en su nombre. Nunca te olvidaremos, querida Ana.

Y después falleció Belén Almazán, un adió más que a buen seguro no tuvo tanta repercusión. Su nombre no dirá nada más allá de su círculo sentimental, pero su muerte también se ha llevado con ella un buen pedazo de vida de sus padres, de su hijo, dada la rapidez de la enfermedad, su furia. Y volvimos al tanatorio, a los pésames, las despedidas. Y podría citar al fotógrafo que cayó fulminado por un infarto también este verano mientras hacía un reportaje en Torija, a una edad a la que los suyos no esperaban ni mucho menos perderle. Y al treintañero recién casado al que una mala e inexplicable caída de moto en La Huerce ha privado de ver crecer a su pequeña Candela, justo cuando se cumple el aniversario de otro accidente, el que se llevó por delante la vida de su único hermano y tres amigos más en Espinosa de Henares. Todos jóvenes, todos en agosto, siempre en agosto.

Será mera casualidad pero el verano concentra siempre lo peor de cada año en. Guadalajara, lo más triste y luctuoso en una realidad que se sucede cada cierto tiempo. Agosto es un mes trágico en la provincia. Cuando se va acercando este mes fatídico que hoy enterramos, no es que se me encoja el corazón, es que me entra una cierta congoja vital, una expectativa nefasta y de malos augurios, como si fuera a ocurrir lo inevitable, sea lo que fuere que pueda ocurrir, y cuando llega el 1 de septiembre, hoy sábado en este 2018, la nube negra se dispersa. Unos años nos libramos y otros no, cuando los presagios, maldita sea, se acaban cumpliendo.

Cuando era becaria en medios de Guadalajara en los años 1990 y después, ya como periodista, incluso en estos últimos años, cuando estaba totalmente alejada de la actualidad de la provincia, agosto era y es un mes al que tenerle respeto y del que siempre temer lo peor. Dice mi amiga Susana López, del SUMMA, que sí, que por su experiencia, en verano se incrementan las incidencias y que tiene relación directa con la concentración de personas, los desplazamientos e incluso el calor. Podría ser, o será, seguramente. Tanta fiesta, tanto desplazamiento, tantos encierros, alargamos los días y las noches, tentamos a la suerte, la vida se exprime más en verano. Pero luego hay otra serie de circunstancias aleatorias que vienen de la mano del destino. Y porqué será que el destino siempre se ceba con nosotros.

Un mes de agosto se quemaron los pinares del Ducado de Medinaceli y se llevaron la vida de los once miembros del retén de Cogolludo, algo que nunca debió de suceder, que no suele suceder y que no tiene sentido una década después. Y un mes de agosto una riada recorrió Yebra y Almoguera sembrando el caos y la muerte pese a que las riadas en la provincia son extremadamente inusuales en verano. Diez vidas arrastró aquel torrente mortal. Una somnolienta tarde de verano de 2011 cuatro veinteñaeros se encontraron fortuitamente y unieron fatalmente su destino. Nunca llegaron a Espinosa de Henares. Un accidente difícil de explicar en una recta despejada seguido de un incendio quebró sus vida y la de sus familias, la de todo un pueblo, Jadraque, que no les olvida. Mucho más reciente está la nube tóxica que desde Chiloeches pareció envolver Guadalajara en un holocausto medioambiental hace un par de veranos. La tragedia que pudo ser y afortunadamente no fué. Será porque aún no era agosto, sino 29 de julio, nos libró el calendario.

Me alegro de que acabe agosto, me alegro sinceramente. Y no solo porque las vacaciones tardías cuando se toman en septiembre, como es mi caso, parece que saben mejor, ni porque se acerquen las Ferias o mentalmente abramos un nuevo calendario vital a partir de hoy. Se trata más bien de la certeza de que un año más hemos dado esquinazo a la desgracia colectiva. Y pese a todo, el balance del verano que se nos va, que se nos ha ido, esa arena que se sigue deslizando por entre nuestros dedos sin que podamos evitarlo, es desolador. Os llevamos en el corazón, amigos. Por siempre.

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