Sin el Escartín, no hay paraíso

Por David Gómez

Lance del partido entre el Deportivo Guadalajara y el Villacañas | Foto: Club Deportivo Guadalajara

Villacañas bajó al Deportivo Guadalajara de la nube. A domicilio, tocó la de cal. Igual que el año pasado. Hay cosas que no cambian en el conjunto morado. Aunque, todo sea dicho, los chicos de Javi Meléndez no ofrecieron una mala imagen. Dominaron la posesión, compitieron a un rocoso Villacañas y gozaron de claras ocasiones para llevarse algún botín hacia Guadalajara. Pero fue el balón parado quien, otra vez, condenó a los alcarreños. Pese a contar con muchos más futbolistas que la pasada jornada, el técnico deportivista solo introdujo un cambio con respecto al once que derrotó al Azuqueca seis días atrás. Alcorace entraba en el lateral izquierdo y avanzaba la posición de Kaoe, que ocupó el extremo zurdo y dejó a Adolf por la derecha y a Jony de referencia atacante.

Con esa disposición, el Dépor entró al partido mandando. La puesta en escena visitante confirmaba que las magníficas sensaciones ofrecidas frente al Azuqueca no eran un mero espejismo. Dominador absoluto del balón, el Deportivo disfrutó de las mejores ocasiones para marcar en el primer acto. Los locales, por su parte, trataban de aprovechar alguna pérdida morada en la medular para salir con velocidad al contraataque. No tardó en amenazar el Dépor los dominios de Rodri con un centro que el cancerbero estuvo a punto de dejar en las botas de Kaoe. No bajaba el pistón el cuadro morado, que lo probaba desde lejos con un Jony muy activo. Dos disparos desde fuera del área del valenciano estaban cerca de sorprender al guardameta local.

Pero el Villacañas no se amedrentaba. Consciente de las debilidades arriacenses por arriba, quiso encontrar en los balones colgados un filón. Y así fue. La más clara de los rojillos en la primera mitad llegaría a balón parado, desde la esquina. Una media chilena de Andrés en el área pequeña estaba a punto de sorprender a Dar Korolev, que tuvo la habilidad de blocar el balón y no conceder así una segunda oportunidad a sus contrincantes. Poco después, Capelo rozaba el tanto con un cabezazo que se perdía por encima del larguero. Eran los mejores minutos de los locales cuando llegó la oportunidad del encuentro. Nader recibe un pase entre líneas de Chilo, la defensa no acierta a despejar y su disparo, dentro del área, se estrella en el larguero.

Aquel esférico pudo haber cambiado la suerte del encuentro. Solo el travesaño evitó que el Dépor anotara uno de esos tantos llamados psicológicos, pues la primera parte estaba dando a su fin. La reanudación apenas modificó el guion de la contienda. Las llegadas al área se alternaban, Villacañas y Dépor trataban de ser fieles a sus estilos y la igualdad imperaba hasta el 70′. A 20 minutos del final, se produjo la jugada decisiva del partido. Tras un córner botado desde la derecha, Cabrera se abría paso entre el barullo del área y sorprendía a Korolev con un disparo raso y pegado al palo. El jarro de agua fría afectó notablemente al Dépor, que pudo encajar el segundo en una magnífica jugada individual de Novillo. El ’21’ rojillo se deshizo de Nader con un espectacular caño, pero su disparo fue taponado providencialmente por Alcorace cuando ya se disponía a marcar.

Por si esto fuera poco, Pantxi era expulsado a diez minutos del final por doble amarilla. Más madera para un Dépor que no desistió y que estuvo cerca de alcanzar el empate. La más clara fue de Adolf, que remató de cabeza un envío de Samu desde la derecha. Sin embargo, su testarazo picado se perdía por línea de fondo. Con ello, se desvanecieron las opciones de un Deportivo que mereció más, pero que terminó claudicando para delirio del público de Las Pirámides. Fuera de casa, ya son seis partidos consecutivos sin ganar. O lo que es lo mismo, seis meses sin sacar los tres puntos a domicilio. Lejos pilla ya aquel 11 de marzo en el que los morados sí consiguieron asaltar, precisamente, Las Pirámides de Villacañas. Sin el Escartín, no hay paraíso.

Adolfo apacigua el ímpetu de La Solana

El Club Deportivo Marchamalo estrenó su casillero en la temporada 2018/2019 de Tercera División. En su estreno como local, el combinado gallardo tuvo que contener el coraje y la valentía de un recién ascendido como La Solana. El cuadro manchego mostró una gran imagen en su primera salida del curso y complicó la vida a los de ‘Nito’ Alonso, que no resolvieron el encuentro hasta los últimos compases. Fue una tarde de fútbol vibrante para los aficionados que se dieron cita en el Estadio de La Solana, pues el dominio, las ocasiones y los goles se alternaban constantemente. En el primer minuto, Juli le ganaba la partida en el mano a mano a Fuentes, el punta solanero.

No tardó en responder el Marchamalo al inicio fulgurante de los amarillos. Haciendo valer su condición de local, los verdillos dieron un paso al frente y se pusieron por delante transcurridos apenas seis minutos de juego. Dani Cabanillas culminaba una fantástica jugada entre Aitor Rubio y Lucas Nitz que levantaba a la hinchada local de sus asientos. Tras un año de ausencia en el Deportivo Guadalajara, Cabanillas volvía a anotar en la que siempre había sido su casa. Hay idilios que nunca cambian. Ni siquiera el 1-0 cambió el patrón de juego de La Solana. El fútbol alegre y ofensivo de los visitantes estuvo cerca de encontrar su premio al cuarto de hora, cuando Juli sacó una mano prodigiosa que evitó el tanto de Manuel en el segundo palo. La soberbia actuación del cancerbero gallardo se acrecentaba cuando el Marchamalo hacía gala de su eficacia en ataque. En el 25′, Aitor forzaba un despeje defectuoso de Candi y Dani Cabanillas, en estado de gracia, cruzaba el balón para anotar el 2-0.

El segundo tanto suponía un golpe muy duro para los solaneros, pero estos no estaban dispuestos a tirar la toalla. Con dos tantos de renta, el Marchamalo cedió por completo la iniciativa. Error fatal. En el 29′, después de que Illana desbaratara el segundo mano a mano de Fuentes con Juli, el delantero visitante aprovechaba un envío de esquina para acortar distancias. Había partido. Vaya si lo había. Tras una media hora frenética, ambas escuadras se dieron una tregua. Las hostilidades se reanudarían en la segunda parte. Dicho y hecho. Primer minuto, primera ocasión. Esta vez, de Lucas Nitz. Sin embargo, Candi le aguantó en el mano a mano e impidió el tercero de los locales. La Solana respondió cinco minutos más tarde con un disparo de David Sevilla, pero Juli estaba en estado de gracia.

Superado el aviso, llegaron los minutos de mayor dominio del Marchamalo. Con ello, también las mejores ocasiones. Un centro de Lucas que no encontró rematador y un testarazo de Zamora amenazaron con sentenciar el encuentro. Sin embargo, esta vez, la eficacia de la que había hecho gala el Marchamalo en el primer acto brillaba por su ausencia. Y por supuesto, quien perdona en el fútbol, lo paga. Así, en el 68′, Javi Grillo igualaba el marcador con un libre directo que se colaba por la escuadra. Una locura. Con el Marchamalo en la lona, La Solana cercaba la portería de Juli. Meshak tuvo en sus botas la remontada, pero el control se le fue largo. Cuando más noqueado estaba el Marchamalo, Cheki sacó el guante de su bota y colocó un balón al área que Adolfo solo tuvo que empujar. Tocaba sufrir, pero lo más difícil estaba hecho. Finalmente, los tres puntos quedaron en casa. Nunca un triunfo supo mejor.

El Manchego ahonda en el desastroso inicio del Azuqueca

Un desastre. Solo así se puede definir el comienzo de temporada del Club Deportivo Azuqueca. Si la imagen ofrecida en el Pedro Escartín ya fue decepcionante, el reestreno de Manolo Alfaro con su afición fue peor aún. A los rojinegros les queda mucho, muchísimo para parecerse al equipo que, por jugadores, se presupone que debe ser. El cuadro azudense, muy endeble atrás, realizó numerosas concesiones a su rival. En el centro del campo, fueron incapaces de asumir el control del juego. Y, cuando Pancorbo (siempre Pancorbo) les puso en ventaja, no tuvieron la suficiente solidez como para administrar su mínima renta.

Bajo un calor abrasador, el Azuqueca se derritió con el paso de los minutos. Empezó bien, con un disparo de Neila desde la frontal tras una dejada de cara de Pancorbo. Sin embargo, pronto aparecerían los errores atrás. Un mal envío en largo de Jonás Basso rebotó en Abraham. El ‘7’ del Manchego se quedó con el cuero y esperó la diagonal de Antonio Fernández. El verdugo del Marchamalo la pasada semana con dos goles no acertó en el mano a mano con Ortigosa. Fue la primera de un Manchego que llegaría con mucho peligro al área rival. Abraham volvería loca a la defensa local con sus regates desde la banda izquierda. Remates a bocajarro, córners fallados desde el punto de penalti… el Manchego perdonó y lo pagó.

Entre tanto apuro, el Azuqueca encontró a su capitán. Fue tan sencillo como un balón colgado de Neila desde la derecha. Pancorbo, con un cabezazo cruzado, hizo el resto. Por si ese premio fuera poco, Abraham era expulsado en las protestas que sucedieron al gol. Sin esperarlo, el Azuqueca se encontraba en ventaja y con un hombre más. Ni por esas. En los últimos minutos del primer acto, tanto ‘Pan’ como Neila tuvieron algún que otro disparo para incrementar la renta. Pero lo que llegó fue el empate en la última jugada del primer período. Luis Poblete remató un balón colgado desde el centro del campo y, con una extraña parábola, sorprendió a Ortigosa.

Nadie daba crédito en el San Miguel. Pero la estupefacción que invadía a los hinchas rojinegros se incrementaría con el transcurso de la segunda mitad. De nuevo a balón parado, el Manchego Ciudad Real le daría la vuelta al partido. En un envío de esquina al segundo palo, Ortigosa se come el balón y Neila se olvida de la marca. Entre tanto regalo, Luis Poblete volvía a marcar a placer. 25 minutos tenían los locales para arreglar el desaguisado, pero su única baza eran los disparos lejanos. Uno de ellos, el de Jonás Basso, estuvo a punto de convertirse en el gol de la jornada. Sin embargo, los nervios terminaron apoderándose del Azuqueca y de Dani Ortigosa. El cancerbero completó una horrible actuación al provocar una expulsión innecesaria. Con Basso bajo los palos y la afición desquiciada, el Azuqueca terminó perdiendo tres puntos de los que duelen de verdad. Queda mucho por mejorar.

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