La burbuja alcarreña

Cámara Guadalajara

Antigua sede de la Camara de Comercio, en la Calle Mayor // Foto: http://www.camara

Por Álvaro Nuño.

La Cámara de Comercio e Industria de Guadalajara está a punto de pasar a la historia. Este organismo, que fue durante más de un siglo el corazón de la vida económica de la provincia, y en la última década, el escenario principal de las luchas de poder entre los diferentes sectores político-económicos, dejará de existir cuando finalice el proceso de extinción aprobado por la Consejería de Economía de la Junta de Comunidades el pasado 7 de septiembre y publicado ya en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha, al concurrir “circunstancias objetivas que hacen manifiestamente imposible solucionar la situación de inviabilidad económica-financiera y patrimonial” por la que atraviesa desde hace años.

Las Cámaras de Comercio fueron creadas a finales del siglo XIX aglutinando a las diferentes organizaciones gremiales con el objetivo de defender los intereses de las empresas y como órganos consultivos y de colaboración con las Administraciones Públicas en todo aquello que tuviera relación con la representación del comercio y la industria. De hecho, hasta enero de 2011 funcionaban como los colegios profesionales y la pertenencia a ellas era obligatoria para toda empresa y profesional que llevara a cabo una actividad económica en su ámbito de actuación. Este carácter las dotaba de una capacidad de representación y económica -gracias al pago de la cuota cameral- enorme que se desinfló como un globo a partir de esa fecha, coincidiendo además con la crisis y el estallido de la burbuja inmobiliaria.

En Guadalajara, los dirigentes de la Cámara ostentaban este poder de manera muy visible, organizado actos reservados a las élites económicas, políticas y mediáticas de la sociedad alcarreña. Famosas eran las veladas que, por ejemplo, con motivo de las Ferias y Fiestas de la ciudad, se organizaban anualmente en el jardín trasero de su sede de la Calle Mayor, con fuentes ornamentales iluminadas, un ejército de camareros con pajarita sirviendo bandejas de suculenta comida y bebida, y todo ello amenizado con música clásica en directo. Coincidían esos tiempos con la bonanza económica y la Cámara de Comercio era fiel reflejo de la que parecía una provincia boyante. Y al frente de todo, nominalmente su presidente, el empresario local Carlos Remártínez, junto al todopoderoso secretario Carlos García Llorente, tras su incombustible pipa, que sólo cambiaba por ostentosos puros cuando la categoría de la mesa y la posterior sobremesa así lo requería en los restaurantes más lujosos de la provincia y de Madrid. Y tras ellos, siempre la sombra oculta del constructor y promotor Javier Heredia, que se supone era el ordenante y a la vez beneficiario de todos los negocios que se hilaban en el palacete de la Calle Mayor hoy vacío.

De aquella época fueron los dos grandes proyectos que la Cámara decía encabezar, que nunca se llevaron a cabo y que, finalmente, terminaron por cavar la tumba a la que ahora la Junta -como órgano tuteante- simplemente le clava la cruz. Nos referimos por un lado al Palacio de Congresos, un proyecto que nunca pasó de ser una simple infografía y que se iba a convertir, según la literatura cameral, en el gran Palacio de Exposiciones de Guadalajara, en el Ifema alcarreño. Nunca se puso un ladrillo, ni siquiera se trazó un plano, pero los responsables de la institución vendían la moto muy bien a los medios de comunicación a base de páginas de publicidad en color. Incluso el Ayuntamiento cedió unos terrenos para levantarlo al otro lado de la autovía, junto al cuartel de los GEO, pero revirtieron rápidamente al Consistorio ante la inconsistencia del proyecto.

La otra piedra en el camino fue el Círculo Mercantil, un espacio que pretendía dedicarse a la formación de los empresarios, empleando en él las últimas tecnologías del momento y una plantilla de 200 profesionales de la máxima categoría. Con un presupuesto de 4,6 millones de euros y 2.000 metros cuadrados, se llegó a inaugurar en el mes de noviembre del año 2009 por todo la alto, con la presencia incluso del  primer secretario de Educación de la Embajada china en España, el director general de una prestigiosa Escuela de Dirección de Empresas perteneciente a la Universidad de Navarra y la directora de otra Escuela de Formación Política. Ese día, los numerosos invitados junto a los medios de comunicación comimos -doy fe porque yo estaba entre ellos- en el entonces restaurante más caro de la ciudad, que se reservó por completo para la ocasión. Así se las gastaba la Cámara y así gastaba el dinero de sus socios.

Pero como en el caso del Palacio de Congresos, todo resultó ser un pufo. El Círculo Mercantil realmente nunca abrió ni impartió ni una sola hora de formación a nadie. Situado en la entreplanta de un edificio de la calle Toledo, carecía de licencia de construcción, contraviniendo todas las normas urbanísticas y contando con la férrea oposición de todos los vecinos, que vieron como en la obra se ocupaban zonas comunes de su inmueble o impedían acceder a los garajes para conectar unas bajantes ilegales a los desagües del edificio. Todo fue un esperpento, eso sí, todo carísimo y vendido a la sociedad a través de los medios de comunicación con páginas de publicidad y cuñas de radio que, de paso, acallaban cualquier tipo de crítica pública en esa época.

Apenas cuatro meses más tarde, en marzo de 2010, un grupo de empresarios crítico con el anterior Comité, encabezado por el presidente de Hercesa Juan José Cercadillo, y por la CEOE -hasta entonces la otra organización patronal a batir-, ganó sorpresivamente una polémica votación, finalizando la etapa de Remartínez-García Llorente-Heredia y alzando de presidente a Cercadillo, quien dimitiría junto a toda su ejecutiva apenas dos años después por no ver “ninguna luz” en el futuro de la institución. A la reducción del 90% de los ingresos provenientes de la cuota cameral obligatoria por haber sido eliminada por el Gobierno, se unieron la crisis económica y la herencia recibida, la sentencia de un juzgado de Guadalajara que obligaba a demoler el polémico Círculo Mercantil por ser declarado ilegal y el embargo de las cuentas y la sede de la Calle Mayor. De hecho, una empresa del propio expresidente optaría a comprar el edificio cuando salió a subasta judicial en septiembre de 2014 valorado en 4.730.000 euros para hacer frente a las múltiples deudas e impagos que arrastraba -y sigue arrastrando- la Cámara.

Cuatro años después de todo ese periplo y con la institución agonizante y técnicamente desaparecida, la Junta ha designado a un administrador concursal que deberá elaborar en un plazo de 45 días un inventario de activos y la relación de créditos y acreedores de la Cámara para que, en el plazo de un mes, pongan en conocimiento la existencia de créditos a su favor por si pudieran ser saldados con los pocos bienes que todavía posea esta institución centenaria en nuestra provincia, ahora a punto de desaparecer víctima de la especulación y la codicia.

 

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