El Ferial aparcado.

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La provisionalidad permanente se ha instalado en el recinto. Foto: Asun Rubio.

Por Gloria Magro. 

El vídeo promocional de la Feria 2018 que circula por las redes sociales es magnífico, soberbio en su factura y contenido. El recinto, la iluminación, las cifras de eventos, de público que maneja, apabullan y se ven a simple vista: poco texto hace falta para ilustrar lo evidente. Ese vídeo de apenas treinta segundos es un ejercicio de marketing perfectamente ejecutado y seguro que muy rentable para la ciudad, el escaparate de su poderío económico, ejemplo de como rentabilizar y retornar multiplicada la fuerte inversión municipal que cuesta una semana festiva. Estamos hablando de la Feria de Albacete, que un año más coincide en fechas con las de Guadalajara. Y pocas coincidencias más podemos citar. Los albaceteños nos llevan años luz en todo y por todo en cuanto a Fiestas Patronales se refiere. Y así seguirá siendo mientras mantengamos el actual modelo de Ferias en Guadalajara.

Albacete mueve cifras de vértigo en su semana de Feria. Por lo pronto, un desfile de más de 60 carrozas, 20 charangas y dos bandas de música para abrir boca. Y cifra en millones de euros el retorno para la ciudad de la inversión municipal en estos festejos. La Feria cuenta con su propia página web y aparece en la Wikipedia, además de estar catalogada como de Interés Internacional. Actividades lúdicas 24 horas al día,  diez tardes de toros, oferta gastronómica de prestigio con restaurantes de verdad y no meros chiringuitos, estudios de televisión y radio con emisiones en directo. Y lo más importante, una ciudad entera volcada durante una semana en su Feria, el más potente motor económico local efímero que se pueda concebir, cimentado sobre un modelo festivo del que deberíamos tomar nota.

Y a los albaceteños seguro que les gana por goleada la Feria de Sevilla, se podría argumentar con no poca razón. Pero en el ámbito regional, los manchegos tienen muy trabajado el tema y les funciona y la Feria resulta de éxito arrollador e incuestionable para su Ayuntamiento popular, mientras que en Guadalajara el modelo actual parece estancado en algo que no gusta pero que sin embargo permanece inmóvil con pequeños cambios anuales que no dejan contento a nadie.

La clave está en la ubicación. La capital manchega cuenta con un inmenso recinto ferial, la llamada “sartén”, construido en el s.XVIII para albergar la feria de ganado, y que a día de hoy y con la expansión de la ciudad queda ubicado en pleno centro. El recinto, ampliado y bien mantenido a lo largo de los años, concentra toda la actividad festiva en estos días, tanto el espacio de casetas estables, como la plaza de toros, la iglesia de la Patrona, la Virgen de los Llanos, y el pabellón de conciertos. Incluso tiene una amplia zona de botellón controlado. En la pasada edición pasaron por allí dos millones y medio de personas. Hoy, sábado 15 de septiembre, la oferta sólo de conciertos para esta noche está a años luz de lo que ofrece Guadalajara. Además de la amplia programación municipal, las casetas de Ferias compiten entre sí por ofrecer las mejores actuaciones y atraen a artistas de primera categoría, sin destrozar por ello instalaciones deportivas ni convertir el resto de la ciudad en un vertedero.

Está claro que no es posible comparar un recinto histórico estratégicamente ubicado y de dimensiones lo suficientemente amplias como para recoger toda la actividad lúdica de una ciudad de cerca de doscientos mil habitantes con nuestras Ferias, que tienen lugar en el parking trasero de un centro comercial. Imposible competir, crecer, desarrollarse u optar a cualquier tipo de reconocimiento turístico con semejante precariedad. Sin servicios públicos, baños propiamente dichos, casetas estables y bien dotadas, ni facilidades para los feriantes o visitantes. No podemos pretender articular unas Ferias dignas en semejante espacio provisional. Después de diez años instaladas en un lugar indigno e inapropiado a todas luces, no hay ninguna alternativa seria ni ninguna otra propuesta a debatir o considerar. El Ayuntamiento da la callada por respuesta y se empecina en manifestar que así, tal y como están planteadas, las Ferias son un modelo de éxito. O están ciegos o les falta ambición y visión de futuro. Si apelaran al presupuesto municipal, a las posibilidades modestas de una ciudad pequeña como la nuestra, se podría entender. Pero mientras las Ferias de Guadalajara estén ahí, no dejaremos de parecer una capital de tercera regional. Poco retorno para el Ayuntamiento y para la ciudad puede esperarse de unos cuantos chiringuitos que tienen que desarrollar su negocio sin espacio ni facilidades de ningún tipo. No es de extrañar que la oferta gastronómica estos días sea la que es, aún inferior a la que había en el antiguo recinto Ferial. Una década perdida, sino más. Y el próximo año, si acaban de trasladar ahí a todas las peñas, el desastre será aún mayor.

Al margen del programa de actividades, o de si es idóneo o ético que el Ayuntamiento gaste más o menos en festejos, el foco de atención debería de estar en conseguir una ubicación para las Ferias estable y céntrica. Y para las peñas. Y después nos centramos en el programa. Cuantas oportunidades se han perdido y que falta de planificación. La incorporación del Fuerte San Francisco a la ciudad, con sus miles de hectáreas, fue una. O la ampliación por Aguas Vivas y después por Los Valles. Al desarrollo urbanístico, la codicia constructora y la falta de previsión puede achacarse que en todos estos años no se haya planteado ningún proyecto serio de recinto ferial, pero con un gobierno municipal estable durante varias legislaturas, era de esperar un poco más de liderazgo y de proyecto, visto que se trata de una necesidad más que evidente. Y sin embargo, la Feria sigue ocupando a día de hoy el parking trasero de un centro comercial. Y ahí seguirá.

“El modelo actual no gusta -afirma Lucía de Luz, portavoz del grupo municipal socialista- las peñas están divididas, luego la ciudad también lo está”. Ese es otro punto a debatir: donde ubicar las peñas y por ende, donde ubicar la actividad nocturna. Queremos la Feria por toda la ciudad, la queremos en el centro, en la periferia, en los barrios… ruido, suciedad y molestias para todos o solo para unos pocos, por zonas. El debate nos incumbe a todos los guadalajareños. Las Ferias de Guadalajara son nuestra semana grande, pero también una buena oportunidad de negocio y de impulso económico, muy necesitado en la ciudad hoy. “Y sin embargo, este equipo de gobierno sigue desaprovechando oportunidades y sumiendo a la ciudad en un continuo letargo”, prosigue la concejal del PSOE.

La opinión de Ahora Guadalajara va en el mismo sentido. No gusta el programa, ni el de este año ni el de los anteriores, se cuestiona el modelo, que definen a día de hoy como “ roto” y en último termino se apunta a la ubicación como quid del problema. “Ha pasado por alto dos condiciones imprescindibles– afirman desde este grupo municipal- integrar a la ciudad en la fiesta de día, mejorando la programación diurna en vez de empeorarla y apostar por un recinto en condiciones para la noche y no la alternativa actual con unos accesos penosos”.

Vistos los precedentes, el letargo va para rato. Ahí están la Ciudad del Transporte, o el nuevo Campus Universitario, por no hablar del proyecto inacabado del Fuerte, el complejo de colegio de las Cristinas o el edificio de la antigua cárcel, todos con un largo e inacabado calvario administrativo de por medio. Si por no tener, Guadalajara no tiene ni biblioteca pública municipal que merezca tal nombre, así que poner sobre la mesa un proyecto de recinto ferial que solo se ha de usar una semana al año, parece ciencia ficción. Y pese a ello, un año más, cuando paseen estos días por el parking de El Corte Inglés, si no lo han pensado ya, háganlo: imaginen como podrían ser las Ferias en otro sitio, en un recinto propio estable, y hagan un ejercicio de imaginación más: piensen en lo que podría aportar a la ciudad un lugar así, no solo en Ferias sino durante todo el año. ¿A qué suena bien? Es la economía, estúpidos, habría que añadir.

No somos Albacete ni pretendemos serlo -187.000 habitantes, 150 millones de euros de presupuesto municipal, frente a los 80 mil habitantes de Guadalajara y la mitad de presupuesto-, pero está claro que podíamos tomar nota o al menos abrir un debate público que condujera a otro modelo de Ferias, empezando por su ubicación. Y no solo los partidos políticos y sus responsables, ni siquiera solo los feriantes, hosteleros y peñistas, sino también nosotros, los ciudadanos.

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