La tortura no es cultura (II).

Por Gloria Magro.

Hace unos días compartí unas imágenes de denuncia que había difundido La Camada en las que se veía un gatito cruelmente maltratado. Las fotos del animalito en la consulta del veterinario, con su carita de pena y los rastros evidentes de tortura por su pequeño cuerpo, suscitaron la repulsa unánime de todos aquellos que las vieron, así como la condena pública del responsable de semejante atrocidad. Al mismo tiempo se difundía en las redes sociales el artículo anterior a este, del mismo título. La imagen que lo acompañaba era también de un animal con signos externos más que evidentes de estar siendo maltratado, solo que en este caso no era un pequeño gatito, sino un toro en un festejo popular, con el hocico ensangrentado y los cuernos amarrados ante un público de niños al fondo. Al parecer esa segunda fotografía no removió las mismas conciencias. O tal vez si lo hizo y por eso hubo quien optó por no permitir que su grupo de Facebook la viese ni que tuviera acceso directo al texto que ilustraba.

El artículo del sábado pasado sobre los festejos taurinos populares en Guadalajara propició todo tipo de comentarios de repulsa hacia aquellos que para divertirse son capaces de infringir semejante daño a un animal hermoso y noble por naturaleza como es el toro. Nadie se mostró a favor y admitió públicamente disfrutar en este tipo de festivales cuando la realidad es que cuando se celebran, las plazas y calles de los pueblos se llenan de gente que parece no reparar en el sufrimiento del animal y a los que no parece importarles lo más mínimo su suerte. Esto es un hecho indiscutible, como también lo es y así lo reflejan los datos oficiales, que a día de hoy las plazas de toros no se llenan y la Fiesta Nacional está en pleno retroceso. Pero mientras el sector taurino con mayúsculas busca como reinventarse y ser rentable económicamente, porque de eso se trata en el fondo por más que se hable de arte e idiosincrasia cultural, flaco favor le hacen a la Tauromaquia los festejos de menor categoría en torno a los que giran la mayor parte de las fiestas de los pueblos.

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Sufrimiento animal como diversión, una situación generalizada. Foto: G.A.

A ese público iba dirigido también mi artículo. Lástima que no tuvieran la oportunidad de leerlo ni de opinar.  El foro cercano que a mí me parecía más interesante y donde más conciencias podía haber removido -porque se aleja de mi círculo y acoge un mayor espectro social- optó por eliminarlo e impedir así que sus numerosos suscriptores pudiesen reflexionar y dejar constancia de su opinión. Para mí evidente disgusto, se optó por la censura, como si los temas de controversia e interés desapareciesen si se ocultan. O como si la continuidad de los festejos con animales causase vergüenza no solo a los abolicionistas.

Me aseguran que Guadalajara es la provincia de España donde más festivales taurinos se celebran y por tanto donde el sector mueve más dinero e influencias y menos dispuesto está a tolerar disidencias. Sin embargo, la opinión pública hace tiempo que perdió el miedo a denunciar prácticas aberrantes de maltrato animal y los festejos con toros están en pleno centro de la polémica por más que se escuden en la tradición o en el destino inevitable y trágico de la especie. Las redes sociales están llenas de imágenes repulsivas que dan testimonio de lo que ocurre en muchos pueblos a lo largo de los meses de verano.  Los encierros por el campo, las vaquillas o las becerradas no son la Fiesta Nacional aunque se escuden en ella para celebrarlas. En la práctica acogen todo tipo de aberraciones donde no se pone límites al maltrato. La falta de autorregulación en estas celebraciones pseudo culturales y pseudo tradicionales será el fin de la Fiesta en opinión de los animalistas, una corriente imparable a día de hoy y no habrá más responsables que quienes las amparan y consientes.

Escribo estas líneas desde Buenos Aires. Es difícil encontrar afición taurina por aquí. Las constituciones de los países americanos tras su independencia proscribieron casi por unanimidad las corridas por considerarlas prácticas incívicas ya en el s.XIX, según explica Albino Hernández. De festivales populares ni hablamos, claro. La única plaza que queda en pié en el cono sur es la de Uruguay y está en ruinas. Colombia, Méjico, Ecuador, Perú y Venezuela son la excepción aunque la Fiesta es una actividad residual, no llenan sus cosos y la afición se limita a un entretenimiento de las élites que no deja de ser vista como una extravagancia propia de ricos ociosos.

En Guadalajara, la manifestación del día 2 de septiembre ha sido el primer aviso serio de que el maltrato a los toros no debe de tener cabida en las programaciones festivas. Y esto no acaba aquí. Habrá mas manifestaciones pidiendo el fin de los festejos y cada vez serán más numerosas por más que cierto sector esté interesado en minimizar su repercusión. Desde Guadalajara Antitaurina creen que es cuestión de tiempo que haya más gente manifestándose fuera que la que acude a presenciar las corridas. Desde el otro lado, por contra,  hay quien afirma que a a esa primera concentración de antitaurinos apenas acudieron un puñado de personas que ni siquiera eran de aquí y que además venían con el autobús y el bocadillo pagado. A esto responden desde la primera plataforma animalista de la provincia, que los aficionados que acuden al coso de Las Cruces en Ferias tampoco son guadalajareños sino aficionados de pueblo de escaso nivel taurino y que ni aún así consiguen llenar su aforo. También apuntan a que sin subvenciones públicas ni la Feria de Guadalajara ni los festejos populares podrían celebrarse.

Es evidente que hay debate e interés en el tema y de eso se trata, de que nos posicionemos, pero no en mi correo personal sino en un foro público de debate. Lamentablemente, el sector taurino parece que se oculta y se avergüenza de su afición. La callada por respuesta o la censura. No en todos los casos. Me aclara una buena amiga, madre de una joven promesa del toreo que vió truncada su carrera después de un percance en una plaza, que la progresión de los toreros exige la celebración de becerradas y festivales, claves en su formación. Otro buen amigo me remite a la carta publicada en un periódico local en agosto de un aficionado de Hita quejándose del exceso de celo de la guardia civil en la plaza de esta localidad cuando un aficionado tiró un flotador a la plaza y fué inmediatamente apercibido. En opinión de este espectador, el actual reglamento taurino cada vez es más restrictivo y va a acabar con la Fiesta.

Opiniones para todos los gustos, distintas sensibilidades. ¿Pero qué tienen que decir los que acuden a encierros y vaquillas? ¿Qué opina el aficionado de a pié? ¿En qué foros se mueven? ¿Con que argumentos defienden estas prácticas a día de hoy? Cuanto de cultura popular hay en todo esto y cuanto de incultura en cada festejo de pueblo. Ni los alcaldes se atreven a decir lo que piensan ni porqué acceden a programar toros en sus municipios cuando en privado despotrican. La ley del silencio se impone sobre algo considerado vergonzoso.

Estos días se ha propuesto someter la Tauromaquia a votación popular, como si los toros pudieran ser sometidos a una legislación distinta a la que ampara al resto de animales, como si el maltrato pudiera ser refrendado en las urnas. “Es una cuestión de mentalidad, afirma Albino Hernández, portavoz de Guadalajara Antitaurina, la violencia más extrema va unida a la Tauromaquia. Su fin supondría un cambio de mentalidad social. Ese es el primero de nuestros muchos objetivos a este respecto”. Evidentemente no es el objetivo de los que gustan de ver a los toros y vaquillas corriendo por el campo o las calles, solo que su opinión no la sabemos, al menos en Guadalajara.

 

 

 C j

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