Verdad, justicia y reparación.

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977 nombres escritos en folios y expuestos cada 1 de noviembre, la única memoria de lo sucedido en las tapias del cementerio de Guadalajara ochenta años después.

 

Aquí en Guadalajara hay una fosa común con cientos de compañeros ejecutados por defender la justicia, la democracia y la libertad. Las hermanas de Luz, luchadoras por la Memoria Histórica, han confeccionado una bandera tricolor con tanto cariño que la extienden cuando nos reunimos… ¡que a mí me salen las lagrimas cuando veo los nombres de los muchos compañeros que allí están! El ayuntamiento del PP se niega a poner sus nombres, en cambio puso allí una placa ofensiva y amenazante “En recuerdo de los fallecidos que yacieron aquí por causa de sus ideas. Para que sirva de memoria a todos los hombres…”

Emilia Cañadas Dombriz.(*)

Por Gloria Magro.

Aunque la lluvia se tomó un descanso y el día amaneció soleado, el cementerio resulta en estas fechas un lugar húmedo y frío, y este año si cabe más. Quizá por eso el pasado jueves algunos de los familiares que cada 1 de noviembre acuden a dar visibilidad a sus muertos sin sepultura, sin lápida, sin nombre y sin justicia, este año faltaron a su cita. Quizá también porque el tiempo pasa por los hijos y los nietos de los represaliados, cada vez más mayores. El paso del tiempo es inmisericorde, como también lo es la falta de justicia y de reparación. Y de dignidad. Cientos de familias de Guadalajara siguen a día de hoy, en 2018, llevando flores a una fosa donde no hay nombres, ni sepulturas, ni monolitos, ni nada que recuerde con rigor histórico lo sucedido en las tapias del cementerio de Guadalajara durante la represión que siguió a la Guerra Civil. Rodeados de familias que SI pueden honrar a sus muertos, los familiares de los represaliados por el franquismo sólo pueden dirigirse a un trozo de césped sin identificar. Allí yacen sus abuelos, procedentes de pueblos de toda la provincia, a cuatro metros bajo tierra, para vergüenza del grupo municipal Popular. 

La memoria histórica de 977 guadalajareños fusilados por tener una ideología distinta a la del régimen yace en una franja del cementerio que el Ayuntamiento se niega desde hace una década a dignificar y poner en valor incumpliendo la moción aprobada en pleno y a la que sólo se opuso el grupo Popular.

En varias áreas del cementerio de Guadalajara fueron enterradas, en la posguerra, 977 personas víctimas mortales de la represión franquista, según la investigación histórica realizada por el  Foro por la Memoria de Guadalajara. Esta cifra da una muestra de la magnitud de la represión y la necesidad de reparación institucional. La gran mayoría de estas personas, más de 800 fueron ejecutadas “en cumplimiento de sentencia” por “adhesión a la rebelión” por, precisamente, haber hecho lo contrario y permanecer leales al gobierno legítimo de la España democrática. El resto fueron asesinados en prisión, víctimas de torturas, palizas o ejecuciones sin siquiera un simulacro de juicio o muertos por enfermedades e infecciones derivadas de las condiciones en prisión.

Los lugares de enterramiento fueron la Fosa Común del Cementerio Católico y la Fosa Común del Cementerio Civil, dependiendo de si antes de ser fusilados accedían a confesarse o de si aceptaban encabezar las línea de despedida a sus familiares con proclamas de adhesión al régimen. Otros restos están en el osario. Estos tres espacios son espacios de memoria democrática, antifascista, y por ello deben ser preservados e identificados.

Concepción de Luz recuerda el día en que a mediados de abril de 2009 su padre por primera vez se atrevió a preguntar en voz alta si la nueva Ley de Memoria Histórica podría servir para localizar a su padre, vecino de Tendilla y llevado a la cárcel de Guadalajara al acabar la Guerra Civil.

(**) La desaparición del abuelo fue muy dolorosa para mi padre. En nuestra casa, igual que ocurrió en tantas otras, nunca se habló de la guerra, nunca de política. Resultaba muy peligroso hacer averiguaciones, no había certeza de su paradero y por supuesto nada sobre la causa o el juicio que se le siguió. Se impuso un olvido forzoso que según él era la mejor manera de protegernos y protegerse. De alguna manera, fue el miedo lo que hizo a mi padre levantar a nuestro alrededor un muro de silencio que ha durado 69 años. Aunque siempre estuve interesada en saber, no quise hacerlo a sus espaldas y de pronto, a sus 83 años, mi padre expresó su deseo de localizar al abuelo, saber dónde estaba y si era posible encontrarlo, desvelar algunas incógnitas sobre lo sucedido. Fue entonces cuando entre mi hermana y yo comenzamos la búsqueda.

Encontrar a Saturnino De Luz Médel fue asombrosamente sencillo y rápido. Sus nietas, Concepción y Salceda, comprobaron como los libros del cementerio de Guadalajara contenían el registro minucioso de todos los fusilados durante la represión que siguió al final de la contienda, su filiación y la ubicación exacta de los cuerpos en la fosa.

Encontramos su nombre en el libro del cementerio de Guadalajara. Allí quedó constatado su enterramiento en una fosa común del patio de Santa Isabel, el 13 de mayo de 1940. Por desgracia también constaté que entre 1976 y 1977 (primeros años de la democracia) el cementerio se quedaba pequeño y sin encomendarse a nadie, el Ayuntamiento de Guadalajara (igual en dictadura que en democracia), levantó parte de la fosa común de la guerra y trató de reutilizar el terreno. Nos pusimos en contacto con un antiguo empleado del cementerio, ya jubilado, quien muy amablemente nos contó que aquellos presos que se confesaron fueron metidos en cajas antes de ser enterrados. Los que se negaron a confesarse con el sacerdote fueron amontonados y enterrados en el cementerio civil (…). El 13 de mayo de 2009, 69 aniversario de su desaparición, acompañamos a mi padre a visitar la fosa común y mostrarle el lugar en el que más o menos estaba ubicado el enterramiento. 

La búsqueda de Saturnino fue el germen de la Agrupación de Familiares de Víctimas de la Represión Franquista, que en la última década ha luchado por visibilizar y dignificar a los guadalajareños fusilados en las tapias del cementerio. En esta lucha también ha participado el Foro por la Memoria de Guadalajara, aportando la investigación histórica y el listado final de represaliados en la provincia, un trabajo que continúa a día de hoy y que está lejos de darse por concluído.

La mayoría fueron enterrados en las dos fosas comunes (civil o católica) perfectamente planificadas para enterrar a centenares de personas en terreno reducido. Para minimizar el impacto que produciría tal número de muertes y de tumbas, cavaron zanjas de gran profundidad, del tamaño de una persona acostada y allí iban dejando los cuerpos, dispuestos unos encima de otros hasta colocar, en muchos casos, los cuerpos de doce asesinados judiciales en el espacio que hoy consideraríamos una sola tumba.

La Agrupación presentó al Ayuntamiento un proyecto para la rehabilitación del área del cementerio donde se ubica la fosa común financiado con cargo a una subvención del Ministerio de la Presidencia. Sin embargo, pese a que se aprobó su realización en el pleno del Ayuntamiento, nunca se llegó a ejecutar. Los familiares devolvieron el dinero.

El pasado jueves, como cada 1 de noviembre, las familias de los represaliados que yacen en la fosa común del cementerio de Guadalajara, convocaron una jornada informativa. Bajo la bandera de las hermanas De Luz, un año más, se exigió al Consistorio el cumplimiento del acuerdo, la dignificación de ese espacio donde se hacinan los restos de casi mil guadalajareños y la reparación de su memoria. Porque por mucho que algunos no quieran verlos, están ahí mismo.

Las anotaciones que sobre cada uno de ellos se encuentran en el libro del cementerio: nombre y dos apellidos, edad, estado civil, naturaleza, nombre del padre y de la madre… tipo de enterramiento, clase, cuadro… causa de la muerte. Por orden del Tribunal Especial de Ejecuciones. Nuestros familiares asesinados por la dictadura militar están enterrados de la siguiente manera: Fosa del cementerio Civil o Fosa del patio 4o, patio de Santa Isabel de Guadalajara. Cada fosa tiene asignado un número. Dentro de cada fosa los cuerpos tienen asignados a su vez un número que corresponde al orden en que cada cuerpo fue amontonado. Los números más bajos son los más profundos (el 1 es el más hondo) y los más altos los que están más cerca de la superficie. Pueden estar colocados pareados, distinguiéndose si están en lateral derecho o izquierdo. Los cadáveres pudieron ser enterrados con caja o sin ella. (parece que los que se confesaron fueron enterrados con caja).

Así se pudo localizar en su día a Timoteo Mendieta y a los que fueron fusilados junto a él. Una vez hallados, cada familia decide que hacer con sus muertos. Unas han optado por desenterrar, pero otras quieren dejar que descansen donde están, siempre y cuando no sea una franja de tierra anónima. El proceso es siempre doloroso y a veces lleva por caminos inexplorados.

Concepción De Luz comenzó buscando a su abuelo y acabó transcribiendo la tragedia de la posguerra en su pueblo, Tendilla. Abrió la caja de Pandora y así se ventilaron las páginas más negras de la represión en esa localidad alcarreña. Después de tantos años, Concepción puso nombre y circunstancias a las víctimas del franquismo en el pueblo de su familia. Y mucha gente pudo por fin contar en voz alta sus recuerdos para que otros muchos pudieran recuperar la memoria de los suyos, largamente silenciada. Cinco años de trabajo e investigación y muchos sentimientos de por medio.

No es fácil describir las emociones que todo ello nos ha aportado. Saber más ha resultado agridulce. Muchas noches no he logrado conciliar el sueño, he llorado mucho y he visto a mis padres llorar leyendo algunos documentos o hablando del tema. Por otro lado hemos conseguido derribar ese muro de silencio y hemos hablado del abuelo Saturnino, de la abuela Valentina, de los tíos, de sus hermanos (…). Mas vale saber que no saber. Al fin y al cabo, la Historia, se cuente o no, es una. Contarla no cambia las cosas, pero sí las explica.

El equipo de gobierno Popular del Ayuntamiento de Guadalajara prefiere que algunas cosas no sean contadas, ni explicadas. Al menos no en el cementerio municipal donde en 2018, continúa habiendo una fosa sin lápidas, sin sepulturas y sin nombres ni explicaciones históricas de ningún tipo más allá de unas decenas de folios plastificados con 977 nombres cada 1 de noviembre. Estos días, como cada año por estas fechas, hay un punto de información a pie de fosa, en el patio Santa Isabel, el de las familias que ya no quieren más silencios ni tumbas anónimas y que exigen verdad, justicia y reparación.

 

(*) Pilar Cañadas Dombriz es presidenta de honor del Foro por la Memoria de Guadalajara e hija de Antonio Cañadas Ortego, alcalde de Guadalajara fusilado en 1939. Acaba de presentar un libro autobiográfico, “Memorias de una mujer republicana”.

(**) “Tendilla, de la Guerra Civil y la represión franquista”. Materiales para una historia local. Concepción De Luz. 2014. ISBN 13 978-84-617-1399-8

Libro previa petición a la autora en https://www.facebook.com/conchi.deluz.3

 

 

 

 

 

 

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