Un año en El Hexágono.

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Hay mucha más información de lo que creemos. Sólo hacen falta lectores voraces e informadores comprometidos. Foto: La Crónica de Guadalajara. 

 

Por Gloria Magro.

Cuando hace ahora un año Álvaro Nuño me propuso colaborar con El Hexágono y hacerme cargo de la entrada de los sábados, me entró cierto vértigo. Hacía casi veinte años que no ejercía el periodismo y tampoco estaba al tanto de la actualidad de la provincia, así que no tenía claro que podía aportar a este proyecto independiente de información y opinión provincial. Conocía el medio, sabía de su prestigio y había colaborado ocasionalmente, pero me asustaba la idea de no lograr estar a la altura ni de los que aquí escribían, ni de lo que esperaban los lectores, que se me antojaban por aquel entonces bastante exigentes, como bien he tenido la ocasión de comprobar después. ¿Y de dónde iba a sacar yo los temas? Después de todo, no es sólo que trabajara fuera y que desde que dejara el periodismo local a finales de los noventa, estuviera al margen de la vida en la ciudad, es que en realidad en Guadalajara nunca pasaba nada. O al menos yo no me enteraba de nada. Pronto descubrí que no era la única, la mayoría de los guadalajareños coincidían en esto conmigo.

Más allá de la información meteorológica, los sucesos mañaneros en la radio y el deporte local, en Guadalajara no había nada más. La política municipal era un mundo ignoto, remoto más bien. Y al margen de eso, ¿qué? La provincia se me antojaba poco relevante, la política local plana y la sociedad, pagada de sí misma y en cierto modo aislacionista con los que no eran de aquí de toda la vida. La ciudad había cambiado y para mí era una extraña indescifrable.

Cuando yo ejercía el periodismo local -desde los tiempos en que era una simple becaria sin sueldo y todavía estaba en la Facultad- había media docena de periódicos entre locales y regionales, cabeceras diarias, semanales, una emisora de televisión con un nivel de penetración ciertamente grande, varias emisoras de radio locales potentes y en definitiva, unos medios informativos amplios y competitivos que cubrían la provincia de arriba a abajo y se permitían sacar primicias e influir en la política local porque no dejaban pasar por alto ningún asunto. En definitiva, los guadalajareños recibían una información muy completa solo con acercarse al kiosco, encender la radio o poner la televisión. Ciertamente la ciudad era más pequeña y todo estaba, por así decirlo, más a mano pero también los periodistas eran más aguerridos y ejercían su oficio con dedicación. Nadie se hacía rico siendo periodista en Guadalajara, pero había mucho orgullo en la profesión.

A día de hoy, todo esto es pura arqueología periodística. Por no haber, no hay ni kioscos de prensa, diarios que compitan, ni apenas periodistas. Nos hemos acostumbrado a la información global y online pero curiosamente, en un momento en que lo que hay es información a raudales solo con darle a una tecla y sin movernos de nuestro sillón, las noticias que reciben los guadalajareños son cada vez más pobres. A menos información, menos interés en los asuntos locales. Y no es porque las instituciones no produzcan datos o noticias, sino porque estas no llegan al público. Los medios locales van al día, a las declaraciones de unos y otros, al acontecimiento, a la inauguración… No hay tiempo ni medios para nada más. O tal vez tampoco hay afán por meterse en ningún jardín ajeno en tiempos de presupuestos escasos, pocas subvenciones y menos clientes dispuestos a pagar por informarse. Después de todo, a quién le importa como se adjudiquen unos contratos, en qué se inviertan unos millones o cómo se aborde la remodelación de una plaza o se abra una nueva biblioteca municipal.

Este último año en El Hexágono he tenido la oportunidad de hacer un auténtico máster en periodismo local. Yo, que me había propuesto como meta modesta retomar el pulso a la vida cultural de la ciudad y ya me veía departiendo con autores, conferenciantes y demás protagonistas de esos actos en el Buero Vallejo, la sala Tragaluz, en el Rincón Lento o en Ibercaja a los que llevaba dos décadas sin asistir a una hora que deberes, cenas y baños infantiles sustituían la vida social.  No tardé mucho en descubrir que había mucha más información en Guadalajara que la que aparecía en los escasos medios que quedan. A esa información se enfocaban mis compañeros de El Hexágono y ese era también mi nicho si quería ser útil y consecuente.

Tras unos inicios titubeantes, me dí cuenta de que no era tan difícil. Bastaba con ir a la fuente de la noticia y preguntar. Muchas veces me he encontrado que nadie más lo había hecho. Me cuentan de ruedas de prensa sin periodistas y sin preguntas, donde el político de turno suelta su discurso y como tal se ve plasmado al día siguiente en papel. No se cuestiona nada, no se pone a nadie en un brete, ni se obliga a dar explicaciones. Y unos se crecen al saberse intocables y otros, los ciudadanos, poco a poco se van adormeciendo. Ese no es el periodismo que yo conocí y tampoco lo que se aprende en las Facultades de Ciencias de la Información. ¿Cómo es posible que tengamos más información en Guadalajara sobre Trump y la Casa Blanca que de lo que ocurre en nuestro Ayuntamiento? Apenas sabemos nada de la administración de nuestros impuestos, ni de los presupuestos locales o de los proyectos en los que se embarcan nuestros políticos. Nos limitamos a ir a votar el día de las elecciones, si acaso, y poco más. El resto de la legislatura nos lavamos las manos y por lo que parece también nos tapamos los oídos y nos vendamos los ojos.

Estamos dispuestos a dejar que el puente árabe sobre el Henares se hunda, que su rotonda sea un acceso vergonzante a la ciudad, que la nueva Biblioteca no tenga libros o que los atascos en Cuatro Caminos sean una maldición diaria. Y nos limitamos al cabreo sordo. Ni exigimos, ni nos interesamos, ni hacemos nada de nada. Por no hacer, ni nos informamos. Tampoco pedimos responsabilidades de ningún tipo. La ciudad ha recibido una lluvia de millones de los Fondos de Desarrollo Europeo, pero ¿alguien se ha molestado en enterarse que se está haciendo con ese dinero? Nos quejamos de que el centro de Guadalalajara es un erial lleno de solares tapiado, de que las plazas se remodelan a base de cemento y hormigón de un gusto y una utilidad más que cuestionables, pero todo queda en un mero pataleo. Y de eso nos enteramos porque salta a la vista. Otras cosas se quedan en segundo plano. ¿Cuanta gente sabe que el último mitin de Atletismo costó más de cien mil euros? Con ese dinero se podía haber dotado de fondos propios a la nueva Biblioteca Municipal. Claro, que para eso hay que saber que hasta ahora Guadalajara no tenía esta biblioteca cuando hasta Cabanillas y Marchamalo cuentan con instalaciones municipales de este tipo y que aquí también deberíamos de haber tenido una desde hace años. No se tiene lo que no se demanda y no se demanda lo que no se sabe que puede ser demandado.

Permitimos mentiras manifiestas, dimes y diretes, peleas entre administraciones y tomaduras de pelo institucionales sin que nada de esto tenga repercusión alguna. Las obras del hospital se pararon y ahí hemos tenido el esqueleto, casi dos legislaturas completas sin que la provincia entera fuera un clamor imposible de silenciar pidiendo la continuidad de las obras. No se puede buscar en la información diaria explicaciones que vayan más allá del hecho diario porque ni nos las dan, ni las exigimos. Los periodistas no hemos sido capaces de dar respuesta a las inquietudes ciudadanas con informaciones de fondo, documentadas y bien contrastadas. Los políticos se ofenden cuando se les cuestiona y los guadalajareños no queremos dejar de creer en los partidos que coinciden con nuestra ideología por más que sus actuaciones vayan en contra de nuestros intereses. Culpables todos.

He recibido muchas lecciones este último año en El Hexágono y espero que sean muchas más. También he aprendido a abrir bien los ojos y a ver la ciudad desde otro punto de vista. Y a no conformarme con el último dato ni con la última declaración. Y eso es lo que quiero transmitir a los lectores, desde esta humilde atalaya de los sábados, como hacen mis compañeros de blog. Para que los guadalajareños que buscan algo más que la información local inmediata, desayunen un día más con una tema tratado con perspectiva y documentación y sazonado con un poco de ironía cuando es posible. Pese a quien pese.

 

 

 

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