Las “pendejadas” del Deportivo Guadalajara

Imagen publicitaria de la campaña de Netflix para promocionar la nueva temporada de

Imagen publicitaria de la campaña de Netflix para promocionar la nueva temporada de “Narcos” en el estadio Pedro Escartín de Guadalajara

Por Patricia Biosca

Mi profesor de audiovisuales hacía mucho hincapié en los acuerdos tácitos que existen entre los creadores de una obra de ficción (ya sea un libro, una película o una serie) y el consumidor de la misma (lector o espectador). Por ejemplo: nos parece bien que en una película futurista los coches puedan volar o exista el teletransporte en vez de metro; pero, por el contrario, nos cuesta un mayor trabajo ubicar una nave espacial en la película de “Calígula”. Es decir, si creas una historia muy loca, aún así tiene que tener una coherencia interna que le explique a quien está al otro lado por qué son necesarias las vacas voladoras -si decides meterlas- o por qué el villano siempre acaba mal en las películas de Disney. Si no existe esta coherencia, la trama rechina y crea confusión. Sin embargo, puedes concatenar una serie de escenas a cada cual más delirante, y así el espectador entenderá que está disfrutando de surrealismo en estado puro y lo mismo le gusta. Esta sensación es la misma que siento con la historia real de Deportivo Guadalajara.

No quiero hacer un análisis en profundidad de lo ocurrido desde 2013 con el club morado, porque de eso se han encargado con mucho acierto muchos de mis compañeros y compañeras en esta santa casa digital (el último y el que me ha enganchado definitivamente a este culebrón, el certero David Gómez). No lo haré porque entonces podría sacar un compendio más amplio que la versión extendida de “El señor de los anillos” más la soporífera “El hobbit”. Algunos datos del comienzo del “salseo” deportivo: la cosa empezó a oler mal cuando, tras la subida a Segunda División de los morados, acusaron de irregularidades a Germán Retuerta, quien compró por menos de lo que vale ahora un chalet al Deportivo Guadalajara (unos 190.000 euros). Los impagos por un valor que multiplica por diez lo que le costó el club se fueron acumulando (unos dos millones de euros), junto con las críticas de algunos miembros del equipo y la defensa acérrima de otros, en una novela que ríete tú de “La casa de las flores”.

Este mismo año, tras entrar en concurso de acreedores, se descubrió -como muchos sospechaban- que Germán Retuerta hacía mucho que había vendido sus acciones y que no era propietario del club. Aún así, él argumentaba una conspiración en la que solo faltaban judíos y masones. «Denunciamos la existencia de una trama a todos los niveles: administradores concursales, periodistas y gente del entorno, cuya finalidad es quedarse con el club para especular y obtener rendimientos económicos. Hemos presentado ante la policía testigos y pruebas documentales que confirmarían dichos hechos. Asimismo, se lo trasladaremos a la Real Federación Española de Fútbol y a la Liga de Fútbol Profesional», afirmaba en un video el secretario del club, José Luis Gonzalo Méndez. Con gesto triunfante, mostraba los papeles de una denuncia ante la Policía Nacional. El universo coherente del que escribía al principio se iba convirtiendo en la pesadilla de Dumbo y solo faltaban elefantes de colores tocando la trompeta.

Y llegaron los taquillazos. Retuerta aferrándose al cargo y prometiendo un futuro mejor que llegaría en breve, en plan Jim Carrey en “Mentiroso compulsivo”; presentaciones de equipos paralelas dignas de “Tú a Londres y yo a California”, pero con mal rollo y sin niñas pelirrojas; juntas de accionistas con espantadas (y aquí solo me viene a la mente la película “Entre pillos anda el juego”. Decidan ustedes quién es Eddie Murphy); y, finalmente, el desembarco de una figura tan controvertida como el empresario italiano Morris Piagnello, en plan Tony Stark fardando de armadura de Iron Man. Para darle más trama aún, hay que recordar que el nombre de Piagnello ha estado relacionado con casos de amaños de partidos y acusaciones de compra de equipos ruinosos para especular, tal y señaló, por ejemplo, la Cultural y Deportiva Leonesa SAD, quien ahora echa pestes de nuestro salvador.

Y con Piagnello tampoco llegó la calma: 5 meses después de constituir el equipo, como en un spin-off de los buenos, la directiva expulsa sin motivo aparente al entrenador, Javi Meléndez. Detrás de él, presentan su dimisión el presidente de la gestión del club, José Miguel Benito y el director de la cantera Miguel Pérez. Estos “Tres mosqueteros” habían sido los responsables de poner en contacto a la administración concursal con Piagnello y salvar al equipo en verano. Todo esto provoca la sensación de estar contemplando el surrealismo de “Un perro andaluz”: la culpabilidad de ver algo que provoca rechazo no puede compararse al “regustillo” de continuar mirando.

Pero la cosa no ha acabado ahí. En un giro magistral de lo absurdo, como si el guionista de la vida estuviera hasta arriba de chupar ranas alucinógenas, el destino -llamado dinero- tuvo a bien incluir la fantasía de “Narcos” junto al personaje conocido como “pequeño Nicolás”. Lo primero, por una campaña publicitaria de Netflix que, supongo, quiso repetir el éxito del año pasado con su letrero de “Blanca Navidad” (aunque lo mismo se ha quedado sin dinero porque apenas se acerca gente al Pedro Escartín). El segundo porque, al parecer, entre los amigos de Piagnello (cuyo círculo está formado por Pelé, Maradona, Roberto Carlos o el Papa, según él mismo se encarga de pregonar) también está presente el supuesto exagente del CNI también participante de Gran Hermano VIP. El joven afirma -en la única entrevista concedida desde hace ya casi un año, según él- que llega al club como asesor, en su faceta de agente de futbolistas, con un perfil “discreto”, pero “transparente”. “No será la última vez que me veáis por aquí”, dice con una sonrisa a las cámaras de Guadalajara Media. Como banda sonora, unos mariachis en el último partido, quienes habrían cerrado un broche redondo cantando el mítico “Guadalajara no solo está en Jalisco”. Pero no. Una pena.

Así que la congruencia ya está tan destruida que si en el próximo partido en casa aparece Leticia Sabater cantando su último villancico, a mí no me extrañaría (es más, lo aplaudiría). Hubiese estado bien que todo esto pasase hace una década: así podría haber dado en los morros a aquel profesor que me llevó a septiembre con su teoría de la coherencia interna.

Bonus track: Germán Retuerta, con los poderes de las Bolas de Dragón en forma de estatutos, ha convocado una junta de accionistas para el sábado 22, que es el día de la Lotería de Navidad. Yo barajo como hipótesis que se haya encontrado la lámpara de Aladdín, le haya pedido de deseo que le toque El Gordo y, seguro del genio, haya reunido al equipo para anunciarlo. Cualquier cosa…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .