La ‘nueva’ política

David Sierra,

“Ha llegado el momento de la movilización y de la acción, de la responsabilidad y del compromiso cívico”. Así se presentaba el 17 de enero de 2014 en uno de sus tweets con enlace a su web la gran sorpresa en las elecciones andaluzas que tuvieron lugar el pasado domingo, 2 de diciembre de 2018. A lo largo del timeline  de esta herramienta social digital durante esos días en los que VOX echaba a andar como alternativa ideológica en la derecha de la derecha los mensajes de transparencia y de ofrecimiento de un espacio de ruptura con la política existente se sucedían con el objeto de atrapar seguidores a los que reconvertir en futuros votantes. Analizar ahora las causas del auge de la extremismo conservador supondría emprender toda una tesis doctoral sobre la que a buen seguro ya habrá algún avispado estudiante trabajando sobre ello.

El ejemplo puesto sirve, sin embargo, para poner en tela de juicio todas aquellas iniciativas con vocación política que surgen en las ciudades presentándose a la ciudadanía como movimientos integradores y apolíticos que pretenden encauzar el descontento y reconvertir la inacción vecinal en acción de provecho propio. Guadalajara ha sido testigo de varios de ellos, el último presentado en sociedad el pasado lunes en la Plaza Mayor con amplia cobertura mediática bajo el eslogan “A Guadalajara hay que quererla” y que es cuestión de tiempo que adopte unas siglas en consonancia con el aprovechamiento de las redes sociales si el propósito es contar con presencia e influencia en el entramado de los social media. Al más puro estilo de MyHyV.

Atendiendo a las crónicas de los distintos medios de comunicación que se dieron cita en la presentación, en plena calle, este colectivo propugna posicionarse al margen de los intereses partidistas, razón que arguyen como la principal “que nos ha llevado a esta situación en la que estamos”.  Así lo recoge Nueva Alcarria de las palabras de Jorge Riendas, una de las personas que encabeza esta iniciativa. Y creen que Guadalajara se merece algo más: “falta algo, hay dejadez, falta darle cariño, falta preocuparnos más por lo que tenemos…”.

Su solución pasa por descolectivizar la sociedad alcarreña. “Aquí no caben partidos ni colectivos, caben personas” dicen. Y apuestan por el cambio, el tan demandado cambio, a través de la huida de los partidos y “de la política de siempre”. El discurso y esa música ya han sonado de manera reciente. Y varias veces en la última década.

La RAE (Real Academia Española) define la política como “la actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos”. Con esa finalidad se configuran los diferentes partidos políticos que no son más que colectivos de mayor o menor envergadura centrados en torno a una ideología que les representa y que tratan de plasmar en sus acciones cuando obtienen las mayorías suficientes. “A Guadalajara hay que quererla” ha mostrado su intención de concurrir a las elecciones municipales en la ciudad como alternativa política transversal, como se tiende a decir ahora a quienes tratan de evadir su posicionamiento ideológico. Sin entender que eso mismo implica contener una ideología determinada, una línea programática, una visión de la ciudad y de cómo gestionarla concreta que puede coincidir y diferenciarse del resto de opciones. Y es aquí donde estriba la primera de las contradicciones de este tipo de agrupaciones que tratan de desvincular la ideología política de la decisión y la acción política.

En política quedan ya pocos experimentos. Que emerjan nuevos partidos o grupos políticos que, de algún modo, busquen distanciarse de esa definición no implica que lo consigan de hecho. Que introduzcan nuevas fórmulas de organización, de gestión y de participación de sus miembros en su seno bajo el lema de ‘la nueva política’ con el objetivo de ser más atractivos y ganar en representación no es contradictorio con el hecho de trazar una línea argumental determinada sobre la que sustentar los posicionamientos en cada uno de los asuntos que tengan incidencia pública. Y no se trata de escoger entre ser rojo o azul. Una base ideológica que garantice la integración a pesar de las diferencias que pueden surgir en acontecimientos puntuales es fundamental. Y es en esta segunda parte donde los movimientos vecinales como éste acaban sucumbiendo. Por su debilidad ideológica. Por renegar, desde el principio, de lo que pretenden llegar a ser. A pesar de contar con logo y todo.

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