Las vueltas que da la vida

Por Borja Montero

El ser humano, en su Innata necesidad de conocer el funcionamiento y los sistemas internos de aquello que le rodea, ha inventado infinidad de frases hechas y lugares comunes que le permitan reconfortarse cuando se encuentra ante situaciones que suponen misterios insondables. Desde el elevado «los caminos del Señor son inexcrutables» hasta el sencillo pero elocuente «cosas que pasan», hay muchas explicaciones que no explican nada para justificar que «la vida es así» o «las vueltas que da la vida», aunque, en muchas ocasiones, suele haber una razón mucho más prosaica y sencilla detrás.

La Diputación de Guadalajara ha anunciado esta semana que colaborará con el Ayuntamiento de la capital en la construcción del segundo acceso al Hospital Universitario y la pacificación del tráfico en la zona. En total, la ayuda se cifra en 200.000 euros que servirán para amortiguar en las arcas municipales la inversiones de casi 800.000 euros que se prevé para este proyecto, una cantidad que se antoja algo corta para todas las cosas que se pretenden hacer.

Dejando de lado los pormenores técnicos del proyecto, que plantea la actuación en tres espacios distintos para construir un acceso alternativo al Hospital y mejorar la fluidez en el cruce de Cuatro Caminos, y de su errático camino administrativo, ya que se anunció hace un año pero fue entregado hace pocas fechas a la Demarcación de Carreteras para su estudio, esta repentina colaboración ha supiesto un nuevo capítulo de la inagotable telenovela que los partidos políticos nos están regalando a causa de la ampliación del Hospital y todo lo que lleva aparejado. Bienvenida es la cooperación entre administraciones, eso por delante, ya que se trata además de una obra que utilizarán no solamente los vecinos de la capital sino de muchos puntos de la provincia, si bien escama que tenga que ser la institución más pequeña de todas las que podrían resultar implicadas en el proyecto (la Junta por la titularidad del edificio sanitario, el Estado por la competencia en las carreteras afectadas) la que tenga que dar el paso y poner sobre la mesa una de las inversiones más grandes que se recuerdan en los poco boyantes últimos años de la Institución Provincial.

Luego uno se acuerda, sin querer hacer de menos a la inexplicable inacción de los otros dos actores citados, de que este 2019 que se nos avecina es año electoral, lo que explica la temporalidad de la decisión del Ayuntamiento y el calendario que ha seguido su tramitación, que concluirá con la zo a en obras o, con muchísima suerte, con el proyecto recién acabado en fechas de la campaña electoral, así como el repentino interés de los gestores de la Diputación, un PP que va a quedar a los ojos de todos del lado de la solución y no del problema, aunque ello le cueste a las arcas provinciales una cantidad nada desdeñable en sus exiguos presupuestos de inversión.

Con lo fácil que sería todo si la cooperación institucional y entre administraciones no dependiera siempre de estos vericuetos casi en la sombra sino en el interés real en la cosa pública…

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