El Sexenio Revolucionario en Guadalajara (1868-1874). (I)

El retrato de Isabel II que se hallaba en la sala capitular fue acuchillado por un tabernero de mote “Jaliche”, y arrojado por el balcón principal del Ayuntamiento.

El retrato de Isabel II que se hallaba en la sala capitular fue acuchillado por un tabernero de mote “Jaliche”, y arrojado por el balcón principal del Ayuntamiento.

Por Enrique Alejandre Torija(*).

El pasado 18 de septiembre se cumplieron 150 años del comienzo de la revolución conocida como “La Gloriosa”, iniciada en Cádiz a los gritos de ¡Abajo los Borbones! y ¡Viva España con honra! Encabezada por el brigadier Juan Bautista Topete y el general Juan Prim y preparada en los últimos años del reinado de Isabel II por la Unión Liberal, los partidos progresista y demócrata y las Juntas revolucionarias. La revolución surgió en el contexto de una crisis económica causada por la enorme burbuja especulativa que acompañó al desarrollo ferroviario que hizo quebrar sociedades y bancos; y otra de subsistencias, por las malas cosechas de 1867 y 1868, ocasionando escasez de alimentos, su carestía y el descontento de las clases populares. El año 1868 vino arrastrando mas sombras que luces en Guadalajara.
La respuesta represiva a las protestas, que dio el gobierno moderado de Isabel II, lejos de resolver la situación contribuyó a agravarla. Llegado el verano de 1868, la corte se había ganado el odio de la mayoría, a lo que había contribuido ademas la conducta privada de Isabel, sus arbitrariedades y la corrupción de la casa real. Entre sectores de la burguesía y el ejército, se llegó al convencimiento, ante la posibilidad de que este estado de cosas se desbordara, que era necesario buscar una salida intentando una recomposición de la situación que estableciera un marco mas seguro para sus intereses, para lo que no dudaron en sacrificar el trono de los Borbones,

En Guadalajara, los filones de plata en Hiendelaencina comenzaban a dar señales de su agotamiento. El capital ingles que se había llevado la mayor parte de los beneficios no tardará en abandonar su explotación. Los 1211 mineros que se empleaban en el distrito en 1855, se redujeron a 420 en 1869. Atrás habían quedado los años en los que la construcción del tendido ferroviario de la línea Madrid-Zaragoza-Alicante a su paso por Guadalajara, había proporcionado cuantiosos jornales a los proletarios del campo y campesinos pobres, con los que estos habían complementado sus frágiles economías. La inauguración de los primeros 17 kilómetros del Canal del Henares, iniciada su construcción en el mes de julio de 1863, devolvía a su anterior estado de indigencia a muchos de los cientos de braceros que habían trabajado en él.

Aunque los últimos gobiernos de Isabel II intentan mitigar los efectos de la crisis de subsistencias con el levantamiento de la prohibición de importación de grano extranjero, la realización de algunas carreteras comarcales en Guadalajara para dar empleo, o las actitudes caritativas como la de la condesa de la Vega del Pozo que condonó ese año a sus numerosos renteros de varios pueblos de la provincia el pago de la renta -pues la pérdida de la cosecha fue tan completa “que no han cogido ni para sembrar siquiera”-, la nueva Diputación provincial surgida de la revolución de 1868, constata en un manifiesto dirigido a la población en octubre de ese año,“… el estado aflictivo en que se encuentran los pueblos, especialmente la clase agricultora”.

La noticia de la derrota de las tropas gubernamentales en el puente de Alcolea (Córdoba) es recibida con júbilo en las calles Guadalajara en la tarde del 29 de septiembre. Enseguida se constituye una Junta Provisional de Gobierno de la provincia integrada por Manuel del Vado Calvo, presidente; Joaquín Sancho, vicepresidente y Gregorio García Martínez, todos ellos grandes propietarios de tierras de la provincia, a los que acompañan otros miembros de la clase media como los médicos Ramón Corrido, secretario de la Junta, Cirilo López y Manuel González; Simón García, catedrático de instituto y director del periódico arriacense La Concordia Liberal; Jesús Ruiz de la Fuente, mediano contribuyente y José Gambra Belinchón.

Mientras, el retrato de Isabel II que se hallaba en la sala capitular fue acuchillado por un tabernero de mote “Jaliche”, y arrojado por el balcón principal del Ayuntamiento, siendo recogido por un ordenanza de la Diputación, salvando así al cuadro de su completa destrucción.

Tras la proclamación de la Junta Provincial, el 30 de septiembre de 1868 unas doscientas personas se concentraron en la Plaza del Carmen, frente al convento de las franciscanas concepcionistas donde se hallaba Sor Patrocinio, “la monja de las llagas”, con el objeto de asaltarlo. La intrigas de esta monja en la corrompida corte de Isabel II, sobre la que ejercía gran influencia, fueron causa de esta expresión de repulsa del pueblo de Guadalajara hacia la reina y su consejera. Tras el intento de derribar a hachazos las puertas del convento, la crítica situación de las monjas se solventó por la intervención de un republicano, que tenía allí a dos hijas internadas. Transcurridos unos días, Sor Patrocinio hubo de huir por la noche, auxiliada por algunas personalidades de la ciudad.

La Junta restablece la Milicia Nacional voluntaria, extingue el cuerpo de vigilancia pública y suprime la Guardia Rural, cuerpo este creado a petición de los propietarios agrícolas para acabar con los hurtos en el campo, medida acogida “con señaladas muestras de entusiasmo (…) pues en todas partes era odiada por los proletarios campesinos”.

La Junta cambia el nombre de varias calles y plazas de Guadalajara, algunos de ellos aun perduran hoy como las de Marlasca y Moreno, en recuerdo y homenaje a los mártires liberales de 1823; General Prim y Topete. La Junta de Guadalajara también dispuso la vuelta a sus destinos de los profesores de las Escuelas Normales que quedaron cesantes al promulgarse la última ley sobre instrucción primaria y la reapertura de las referidas Escuelas, cerradas por Isabel II,

José Domingo de Udaeta Ferro, uno de los mayores terratenientes de la provincia, casado en segundas nupcias con Inés Romo, abuela materna de Álvaro de Figueroa, conde de Romanones, es nombrado gobernador civil. La nueva Diputación elegirá como presidente a Diego García Martínez, otro gran propietario de fincas adquiridas en las desamortizaciones y uno de los diez mayores contribuyentes de la provincia durante muchos años

El 7 de octubre, el general Juan Prim es aclamado cuando pasa en tren por Guadalajara en dirección a Madrid. Un hecho menos festivo es el apedreamiento del domicilio particular del notario Camilo Garcia Estuñiga, pues corre el rumor que vende la fanega de trigo a 35 pesetas. Consecuencia de las malas cosechas de los años 1867 y 1868, los precios del trigo alcanzan un tope elevado, a consecuencia de la especulación que se hace con su escasez.

El Gobierno quiere la disolución de las Juntas. A diferencia de otras Juntas de carácter mas revolucionario, reacias a disolverse, como las de Cádiz ó Málaga, la de Guadalajara no opone ninguna objeción y acuerda hacerlo por unanimidad de sus miembros, expresando isa su carácter moderado. Las elecciones municipales, celebradas en Guadalajara en diciembre de 1868, eligieron como alcalde a Gregorio García Martínez. Y de las elecciones generales celebradas en el mes de enero siguiente, salieron diputados Joaquín Sancho y Garrido, Manuel del Vado Calvo, José Guzmán Manrique, Manuel Ortiz de Pinedo y Diego García Martínez.

La prensa de aquellos días constató diversas irregularidades en el proceso electoral de la provincia. El pueblo espera que los nuevos gobernantes mejoren sus condiciones de vida, sobre todo que se supriman las quintas y el impuesto de consumos. La negativa al servicio militar provenía de su larga duración, durante el cual ni el soldado ni su familia percibían ningún ingreso al no poder trabajar aquel, así como de las condiciones degradantes de vida (mala comida, pésimo alojamiento en los cuarteles,…).

El impuesto de consumos era especialmente rechazado por el pueblo pues gravaba los productos de primera necesidad: comida, bebida y leña o carbón. Con el grito de “Fuera la contribución de consumos”, unido al de “Viva la libertad” fue recibida la noticia del derrocamiento de Isabel II en la villa de Pastrana.

En 1837 los liberales en el gobierno adoptaron la fórmula de la sustitución, por la cual un recluta podía hacer el servicio de otro, además del sistema de redenciones para los que pudiesen pagar la correspondiente cuota y de esta forma librase de ir al ejército, con lo que prácticamente solo entraban en filas los hijos de campesinos pobres, artesanos o jornaleros. El número de redimidos en la provincia de Guadalajara entre los años 1869 y 1872 fue de 239 y el de sustitutos entre 1868 y 1872, de 273. El dinero ingresado por redenciones de 1869 a 1872 ascendió a 1.178.000 reales.

Una exposición contra las quintas de los ayuntamientos populares de Almadrones, Argecilla, Gajanejos, Ledanca, Trijueque, Utande y Valfermoso de las Monjas fue presentada en sesión de 6 de abril de 1869 en el Congreso de los Diputados por el diputado por Guadalajara José Guzmán y Manrique, quien votó en contra
del decreto de las Cortes de una quinta de 25.000 hombres dictado en marzo de 1869 para la guerra contra los insurrectos cubanos, en contraste con el voto favorable de Diego García, aunque progresistas y unionistas habían mantenido la promesa de eliminar las quintas durante la campaña electoral. Muchos ayuntamientos se dispusieron a crear empréstitos con los cuales librar a sus conciudadanos de la leva, como el de de Guadalajara .

Las madres de los quintos librados del servicio expresaron su agradecimiento en un escrito enviado al consistorio, y hubo también una manifestación por el mismo motivo en la que no faltaron varios vivas a la República federal.

En junio de 1869 es aprobada la nueva Constitución, que reconoce la monarquía como forma de estado. El diputado alcarreño José Guzmán y Manrique, que evolucionó hacia las posiciones del Partido Republicano Federal votó en contra de la continuidad de la monarquía en España.

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(*)Enrique Alejandre Torija (Madrid, 1965) trabaja en el IMSERSO. Como autor ha publicado «El movimiento obrero en Guadalajara», que va ya por su tercera edición y «Guadalajara 1719 1823: Un siglo conflictivo», así como numerosos artículos en prensa sobre la historia de las clases trabajadoras en la provincia de Guadalajara.

 

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