Lo que pudo ser y no ha sido.

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En ese punto de la calle Mayor Baja, el panorama es desolador a poco sentido estético que se tenga. Foto: Nacho Izquierdo.

 

Por Gloria Magro.

Apenas faltan unas pocas horas para que liquidemos 2018 y el año se nos queda ya anticuado y viejo. El pan y la sal del día a día son esos escuetos comentarios en Twitter surgidos de todas partes en un bombardeo perpetuo e incesante que no se detiene nunca y al que, en la práctica, es imposible seguir el ritmo. La nueva fuente de noticias que alimenta al mundo es universal y no necesita secciones ni redacción alguna. Todos podemos ser el medio y el mensaje, sin necesidad de filtros y con un feedback continuo e incesante. Vivimos en la aldea global de McLuhan, aunque nuestra aldea alcarreña siga anclada en otra época y Guadalajara empiece a recordar una ciudad de posguerra.

Me desborda Twitter y su perenne actualidad. Si tuviera sonido seria la versión 2.0 de los antiguos teletipos que no paraban de repiquetear mientras escupían noticias sin descanso en aquellas redacciones de periódicos que ya no existen más que en las películas en blanco y negro. Ahora escupen actualidad sorda pero con imágenes y en nuestro teléfono, las 24 horas del día. Necesitamos nuevas fronteras mentales  y nuevas emociones con las que alimentar esas redes, insaciables devoradoras de novedades. En Guadalajara las novedades son pocas o ninguna. O tal vez muchas, depende del prisma con que se mire.

Leo con asombro y sin enterarme de nada, que Ahora Guadalajara ya no es eso sino otra cosa y no logro coger el hilo de lo que parece la enésima disputa interna en una formación política de izquierdas. No escarmentamos. La ilusión de hace apenas cuatro años, parece que ha durado una legislatura y ya necesita refundarse, reinventarse o lo que sea que necesite. Mientras unos aclaran siglas, al otro lado del espectro hay una sombra oscura que va creciendo al calor de los aires que vienen del sur pero no logro que nadie me cuente gran cosa de su vertiente local. Aún así, serán la novedad en las próximas elecciones municipales y autónomas y eso no solo siempre vende, sino que además cosecha votos. Veremos que trae la siembra de este año pero seguro que reverdecerá los laureles de la derecha.

El PSOE tuvo estos días de atrás la cena navideña más concurrida de los últimos años. En un escenario político a nivel nacional inimaginable hace ahora un año ya no solo para los socialistas, tener además una ministra guadalajareña hace creer en milagros laicos. Y que en el Casino de Guadalajara se escuchara cantar La Internacional puño en alto sin que en algún panteón de notables del cementerio local se levantara alguien de su tumba, también.

Viejas postales para nuevos tiempos, se podría decir. Para imágenes en blanco y negro, las del vicealcalde Carnicero en el asilo. De entrañable visita navideña la califican los medios locales y efectivamente, parece una postal de tiempos y políticas lejanas, solo que no lo es. A las puertas de 2019 el equipo de gobierno popular se reúne con las monjitas de los colegios concertados y visita ancianitos en centros religiosos. La pre campaña electoral está en marcha y aquí en provincias se hace en escenarios con un tufillo a antiguo que exaspera. Hasta ahora les ha dado un resultado espléndido, van a por la cuarta legislatura consecutiva así que para qué innovar. Lo que no se lo den las urnas, se lo darán los pactos. El alcalde Antonio Román ya ha dado el visto bueno a un futuro acuerdo de gobierno municipal con la sombra oscura. En una ciudad de hormigón y solares, de centro histórico muerto y enterrado y que sigue viviendo de tradiciones más que trasnochadas, no es que tenga mérito, es que lleva a pensar que tenemos lo que nos merecemos y que poco es.

Tomando café con un conocido periodista de la radio, cuenta que hace unos días, después de un concierto navideño, las señoras presentes rodeaban al alcalde, Antonio Román, cual estrella pop y le pedían con entusiasmo que se volviese a presentar. Pocos días después, Román anunció que no iba a defraudar a su público. La política local parece inspirada en una secuencia del Día de la Marmota.

Me reencuentro con un antiguo conocido, Isaak Begoña. No nos veíamos desde 1987 o tal vez 1988. Su padre fue concejal a principios de los 90, el recordado Juan Ignacio Begoña. La conversación nos lleva desde su libro, Londres-Sarajevo (*), que presenta en Guadalajara el próximo viernes 4 en El Rincón Lento, a otros tiempos, no solo políticos, sino también vitales y sentimentales. Y al retroceder a aquella Guadalajara sin solares, ni parques hormigonados de hace ya treinta años, hablamos de lo que pudo ser y no ha sido. Y compartimos un poco de tristeza por como están las cosas. Enumerar las proezas de la gestión local en este último año es lo que tiene. Isaak no vive en Guadalalajara y tiene la perspectiva de los muy viajados, de los que creen que las raíces son para las plantas, así que es difícil engatusarle con provincialismos vacuos. Olvidé hablarle de la nueva Biblioteca Municipal sin libros ni instalaciones propias, o tal vez me pudo la vergüenza de forma inconsciente.

Bajando desde La Favorita al palacio del Infantado, estamos de acuerdo en que nunca pensamos que el futuro en Guadalajara iba a ser lo que ha sido y lo que hemos dejado que sea entre todos. En ese punto de la calle Mayor Baja, el panorama es desolador a poco sentido estético que se tenga. En los bajos del antiguo edificio de los Rodríguez Coronado, hay un almacén chino y el palacio no se deja ver estos días, rodeado por un inmenso mercadillo navideño prefabricado del que sale olor a churros y música navideña a todo volumen. Enfrente, el enésimo solar, que se prolonga por la bajada de Francisco Torres, dando ese aspecto de posguerra que salpica todo el casco histórico de Guadalajara. Al otro lado del palacio, una pista de patinaje ocupa la plaza de Los Caídos en su totalidad. La gestión municipal de la Navidad es esto,  nos decimos antes de despedirnos. Y pienso que habrá que volver por aquí estos días, única alternativa al centro comercial, pero mejor de noche, cuando todos los gatos que salen de los solares y se pasean por las nuevas plazas hormigonadas, sean pardos. ¡Feliz entrada de año!

(*)  Isaak Begoña: Londres-Sarajevo. Ed. Volapük. 2018

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