El Sexenio Revolucionario en Guadalajara (1868-1874). (II)

AYTO

El 13 de febrero de 1873 los republicanos de Guadalajara hicieron ondear la bandera de la República en el balcón del Ayuntamiento tras ser aceptada  y acatada por el pleno municipal.

 

Por Enrique Alejandre Torija (*). 

El Partido Republicano Federal surgió en el otoño de 1868 en Madrid, cuando un sector mayoritario del Partido Demócrata adoptó la lucha por la República federal como forma de estado. Su base social eran abogados, comerciantes, médicos, periodistas y numerosos trabajadores. Los acontecimientos del Sexenio pusieron a prueba a este partido, en el que la mayoría del pueblo depositó sus aspiraciones a un cambio profundo, que no se atrevió a realizar. En Guadalajara tuvo su comité provincial que coordinaba los comités de Guadalajara, Molina de Aragón, Brihuega, Hiendelaencina, Tendilla, Villanueva de Alcorón…, siendo su personalidad mas destacada el médico Manuel González Hierro, amigo personal de Pi y Margall, jefe de los Voluntarios de la Libertad, ademas de presidente de la Junta Provincial Republicana durante el Sexenio, y diputado en 1873.

Los liberales derogaron el impuesto de consumos, mas que por un espíritu de justicia social, por cuanto pretendían reactivar la actividad económica, y optaron por abolir cargas fiscales como esta. El ayuntamiento guadalajareño pidió también al gobierno la supresión del tributo llamado de capitación, sobre la riqueza familiar -que había sustituido al de consumo – “por considerar dicho impuesto no solo sumamente vejatoria a los contribuyentes sino impracticable en su ejecución”. Con el pretexto de que el Ayuntamiento de la capital no recaudaba el impuesto de capitación, por haber tomado una postura de “morosidad y resistencia pasiva”, el gobernador civil recriminó a los contribuyentes de los pueblos que lo hayan tomado como motivo para no abonar este tributo.

De nuevo en 1870 el gobierno aprobó una nueva leva de 40.000 soldados para la guerra de Cuba. El pueblo de Guadalajara manifiestó su oposición celebrando una manifestación. Varias compañías de la Academia de Ingenieros partieron hacia Molina de Aragón, Sigüenza, Hiendelaencina, Pastrana y Cifuentes para sofocar previsibles amotinamientos provocados por los carlistas por el llamamiento a filas.

La suerte de los que en las colonias sufrían la condición de esclavos, no les fue ajena a muchos habitantes de Guadalajara que enviaron al Congreso de los diputados solicitudes pidiendo la abolición de esta lacra desde Cantalojas, Cogolludo, Guadalajara (donde existe un comité abolicionista), Pastrana, Sigüenza,….

Las Cortes eligen eligen como rey el 16 de noviembre de 1870 a Amadeo I de Saboya por 181 votos. Amadeo pasó por Guadalajara el 20 de junio y el 1 de octubre de 1871, esta cuando marchaba en tren hacia Barcelona, siendo cumplimentado por pueblo y autoridades en la estación de ferrocarril.

La Asociación Internacional de Trabajadores, mas conocida como Primera Internacional, inició su andadura en el Estado español de la mano del diputado italiano Giuepe Fanelli, enviado por Bakunin, a la vista de la situación revolucionaria, quien propagó también por encargo de este de forma subrepticia los principios de la anarquista “Alianza de la Democracia Socialista”.

Trabajadores cualificados (papeleros, chocolateros…) llegados a Guadalajara respondiendo a la demanda de las escasas industrias alcarreñas, formaron las primeras organizaciones del proletariado revolucionario en Brihuega (afín claramente a los bakuninistas), Guadalajara y Aragosa,(donde hubo un episodio de rotura de máquinas, posiblemente como protesta) no lográndolo en cambio en Hiendelaencina, pues la Sociedad de Trabajadores de este pueblo no contestó al llamamiento de la sección española de la Internacional, tal vez por la preeminencia republicana en la localidad.

El 10 de febrero de 1873 al conocerse la abdicación de Amadeo, la calle en Madrid y otras ciudades pide la República, que se proclama al día siguiente.

En Guadalajara, el 13 de febrero el alcalde Manuel Mayoral y Medina tras recibir del gobernador civil de la provincia la noticia convoca una sesión extraordinaria del Ayuntamiento, en la que se aprueba el acatamiento y aceptación de la República por el municipio de Guadalajara. Después, una manifestación pacifica de unos doscientos republicanos presidida por el profesor de la Escuela Normal de Guadalajara, Gregorio Herrainz y el comité local tras ser recibida en el Salón de sesiones, solicitaron se les permitiera izar la bandera republicana en las Casas Consistoriales, lo que llevó a efecto “ …el ciudadano Manuel González (Hierro), presidente del Comité Provincial Republicano de Guadalajara, pudo colocar dicha bandera en las galerías de este Consistorio con un nutrido y caluroso viva la República…”

En la primavera de 1872 había estallado la tercera guerra carlista, que en Guadalajara no tendrá la intensidad que en otros territorios. En las partidas carlistas que operan en la provincia es considerable el numero de campesinos. En febrero de 1873 se publica el Manifiesto Carlista de Guadalajara, cuyo contenido prueba una vez mas que este movimiento va mas allá de una disputa dinástica o la lucha por el mantenimiento de los fueros tradicionales de vascos, navarros y catalanes. Expresa también los intereses de muchos campesinos pobres, para quien las desamortizaciones de bienes de las Iglesia y de los ayuntamientos han empeorado de sus vidas. El Manifiesto critica a los “nuevos ricos”, a los caciques que han sustituido a los antiguos señores, llamándoles “impúdicos tiranuelos de lugar,(…) señores salidos de la ley de desamortización” (…) los mismos que os prestan el dinero al treinta por ciento, abusando de vuestra necesidad, esos son los mismos que en las elecciones han hecho miles de infamias fusil en ristre, esos son los mismos que, poniéndose siempre a disposición de conservadores y radicales, de moderados o unionistas, os insultaron siempre, os lamieron los pies para que les ayudarais a servir a sus amos, lo cual os valió el quedaros sin montes, sin dehesas, sin hornos y hasta sin fraguas. Hiciéronse ricos comprando con cuatro cuartos y mil picardías todos los predios que constituían vuestra riqueza común, y lo hicieron gritando unas veces orden y otras anarquía, y así crecieron y medraron.”
Sin un rey que sentar en el trono, la clase dominante no tuvo otra alternativa que aceptar la República, confiando que un cambio temporal de forma de estado alejaría al pueblo de otras pretensiones mas revolucionarias, y mientras tanto poder ganar tiempo para reorganizar su poder. Para las clases populares la República era el régimen en que encontrarían un cauce sus aspiraciones.

Pero los nuevos gobernantes republicanos iban a anteponer el mantenimiento del orden establecido a las reivindicaciones populares.

El 23 de julio de 1873 se publica en el Boletín Oficial una citación del juez de primera instancia de Guadalajara para que los segadores venidos de Arganda que han estado en el pueblo de Quer, en casa de Gervasio Monje, se presentaran en esa judicatura para declarar en la causa que se seguía en averiguación de quienes fueron los que declararon la huelga del 2 de julio demandando aumento de salario. Para forzarles a deponer su actitud el gobernador interino Regino Bádenes no dudo en emplear a los Voluntarios de la República,-brazo armado del nuevo régimen- de los que formaban parte algunos de los internacionalistas de Guadalajara (Antero Baños, Tomas Gómez), a quienes sin duda habían convencido de que la “defensa” del orden republicano prevalecía sobre las reivindicaciones proletarias.

El nuevo régimen republicano, que contaba con la oposición de la Iglesia, la alta burguesía, la aristocracia y el ejercito solo hubiera encontrado una salida en el apoyo de las clases populares para lo cual debió de aplicar reformas sociales. Pero nada de esto se llevó a cabo por las causas que explica el historiador Manuel Tuñón de Lara:

“Los gobiernos republicanos de 1873, los teorizantes llegados al poder sin visión muy precisa de la realidad social y y temerosos de llevar una revolución hasta sus últimas consecuencias, dejaron incólumes todo el poder material y todos los resortes de acción en manos de las clases conservadoras, del “antiguo régimen” que, desposeídas del mando político, temían verse pronto desposeídas de su privilegiada situación económica. En realidad, no hacia sino proseguirse el proceso iniciado al abrirse el ciclo iniciado en 1868. La burguesía española que tenía interés en desembarazarse de la tutela y privilegios de la aristocracia, no pasaba de tímidos ensayos por miedo al “cuarto estado”.”

En enero de 1874 un golpe militar del general Pavía disolvió las Cortes siendo sustituidas por un gobierno militar del general Serrano que suspendió las libertades y derechos cívicos y la Constitución. A finalizar ese año la monarquía fue restaurada de la mano del político conservador Cánovas del Castillo, tras el golpe militar del general Martínez Campos, en la persona de Alfonso XII, hijo de Isabel II.

Y todo volvió a ser como antes. Monarquía, Iglesia, ejército, aristocracia… siguieron manejando los destinos el país. Después del pavor que les causó el movimiento revolucionario de obreros y campesinos, la burguesía se hizo aún mas proclive al entendimiento con la aristocracia, con la que ya había comenzado a fusionarse en el reinado de Isabel II. Ignacio de Figueroa y Mendieta, heredero de una gran fortuna conseguida por su padre con el negocio del plomo, casó con Ana de Torres y Romo, vizcondesa de Irueste y princesa de las Torres, sucesora de una vieja familia de Guadalajara en decadencia económica, y ambos fueron padres de Álvaro de Figueroa y Torres, que ejercerá su caciquato en la provincia de Guadalajara durante mas de cuarenta años.

Las industrias de importancia que se instalen en la provincia ( cementos, resina, automóviles y aeroplanos) serán islas de progreso en medio del atraso secular. Los mayores negocios seguirán en mano foráneas: el Canal del Henares y los cementos de Matillas en las del capital inglés; las minas de Hiendealencina, cambiarán a dueños franceses y el hierro de Setiles se exportará durante bastantes años a Inglaterra. Para aquellos que su manutención dependa de un salario, este seguirá siendo muy escaso. La unión de los trabajadores en sindicatos de clase dará un salto cualitativo y cuantitativo, sobre todo cuando este sindicalismo se implante entre los trabajadores del campo, lo que acontecerá tras el inicio de la próxima revolución que comenzará el 14 de abril de 1931.

 

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(*)Enrique Alejandre Torija (Madrid, 1965) trabaja en el IMSERSO. Como autor ha publicado “El movimiento obrero en Guadalajara”, que va ya por su tercera edición y “Guadalajara 1719 1823: Un siglo conflictivo”, así como numerosos artículos en prensa sobre la historia de las clases trabajadoras en la provincia de Guadalajara.

 

 

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