Alcarreñas sois nobles y fieras

Un lazo gigante rosa en las Tetas de Viana // Imagen: Expedición Viaje a La Alcarria

Un lazo gigante rosa en las Tetas de Viana // Imagen: Expedición Viaje a La Alcarria

Por Patricia Biosca

Ya está. Finiquitado el 2018. Ahora cobran sentido todos los anuncios que se anticipaban al fin del año. Esos en los que se hacía balance. Muchos de ellos, protagonizados por mujeres, ya sea en su faceta de ama y señora del hogar (porque sigue quedando raro que un hombre anuncie productos de limpieza); muchos de ellos aprovechando la estela que ha dejado un año en el que las mujeres, de repente y sin previo aviso, han reivindicado su espacio. Me viene a la mente ese de Netflix -dueña y señora de la creatividad que incluso ha llegado a tocar con su varita mágica Guadalajara- en el que una actriz de una ficción de reclusas decía “nos hemos portado mal”. Al final, lo acabaron quitando no porque el mensaje feminista molestase a nadie, sino porque los insultos sobre el físico de la protagonista obligaron a la compañía a su clausura. ¿Habría pasado con Arévalo, poseedor y señor del machismo, racismo y de los chistes de gangosos?

Pero el 8 de marzo demostramos que el mundo se podía parar en un acto de pertenencia de género nunca antes visto, al menos por mis ojos. A pesar de los anuncios, de los humoristas “tradicionales”, a pesar incluso de nosotras mismas. Como champiñones surgieron plataformas feministas que empezaron a poner en la agenda setting reivindicaciones que en la mayoría de los casos obviábamos como costumbre y que llevaban demasiado tiempo sumidas en un letargo de acciones buenistas y sin repercusión. Y en Guadalajara, ese pedazo de tierra donde se habla de desploblación, también se notó el cambio. 

Las emprendedoras de la comarca de Molina afirmaban que “están vivas, buscando alternativas”, en una rumba pegadiza danzando alrededor de membrillos en una analogía que, buscada o no, a servidora le parece genial. El objetivo: “mejorar la empleabilidad de las mujeres del medio rural favoreciendo sus competencias personales y sociales para el empleo y el autoempleo, favoreciendo espacios para que las mujeres sean capaces de identificar oportunidades y negocios en cada territorio, impulsando su participación en redes de comercialización de productos y servicios producidos en el entorno rural; todo ello aprovechando recursos y potencialidades del territorio”. Eso en cuanto a su discurso formal, porque en el musical y sentimental, la voz femenina que desgarra en la canción afirma que “no están muertas, que no; están desfibrilando”, aunque la vida se intuya en cada fotograma.

Y, aún así, nos mataron. En el momento de escribir estas líneas los conteos se situaban en 47 mujeres que no llegaron a finalizar el año, que no celebraron la Navidad, ni tuvieron posibilidad de comerse las uvas, de esperar un feliz 2019, ni de dar una bocanada de aire de forma inconsciente más porque su pareja o expareja decidió -un hombre en todos los casos- que no lo merecían. El conteo en la página Feminicio.net llega hasta los 97, incluyendo casos como el de “una mujer de 57 años que residía en Manresa, (Barcelona, Catalunya). La mujer padecía una enfermedad que le ocasionaba una fuerte dependencia y su marido la dejó en estado de abandono hasta que la llevó al Hospital donde falleció”. La última mediática fue Laura, por quien clamamos justicia -mujeres y hombres justos, sin contar con personas gilipollas, cuyo sexo no define esta característica y que se lo tomaron como un ataque a su identidad-. Pero hubo otras antes. Vecinas nuestras. 31 detenciones por violencia de género desde que en octubre de 2017 se creara la unidad especializada en este tipo de delitos por la Policía Local de la capital alcarreña. Incluso un detenido de 15 años por agredir a su novia, de 16. Al lado de nuestra casa.

Pero también celebramos estar vivas. Es el ejemplo de las Burbutrices, compañeras del colegio que ahora, más allá de los 50, utilizan de excusa un nuevo año para pregonar su vitalidad y que nada podrá con ellas, ni siquiera el paso del tiempo. Resisten y continúan, sumando gente a su causa, como en su último vídeo.

Y hoy, el día de la resaca por excelencia, solo me queda desearles un feliz año, porque es lo que se dice por estas fechas. Ya tranquilamente por la tarde prepararé la carta a los Reyes Magos, que siempre han sido muy de diversidad y poco parecidos a Arévalo (¡que había uno negro!) y pediré que el año que viene no faltemos ninguna, que las resacas se llevan mejor en compañía.

¡Feliz 2019, lectores de El Hexágono!

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