Sarajevo mon amour.

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La obra parece, a primera vista, un viaje personal en el que se funde el conflicto de Bosnia con la vida de los personajes que van apareciendo en el libro. Foto: Juan Cañamero.

 

Por Isaak Begoña (*).

Cuentan que el poeta Izet Sarajlić, durante el asedio de Sarajevo, calentaba su piso quemando libros. Esto ocurrió durante el primer invierno de la guerra; en el segundo, cuando no le quedaban ya libros que quemar, ardieron las estanterías de madera.

He escrito estas líneas porque las heridas de la capital bosnia no están cerradas todavía. Estos días la editorial alcarreña Volapük termina de publicar una novela que habla de Sarajevo. Según el texto de la contraportada, trata sobre el tránsito vivencial de un joven que llega a Londres en los primeros años noventa, donde convivirá con refugiados bosnios. La obra parece, a primera vista, un viaje personal en el que se funde el conflicto de Bosnia con la vida de los personajes que van apareciendo en el libro. Muchos de ellos terminarán emigrando e irán conformando una pequeña memoria coral con fragmentos de cartas y relatos que llegan desde los Balcanes.

Con este libro he querido acercarme a varios territorios que siempre me han interesado. El primero sería la literatura como refugio. En Londres-Sarajevo podemos encontrar personas que desaparecen sin dejar mucho rastro, apenas unas cajas con algo de ropa, fotos y enseres personales. Aquellos que consiguen salvarse, de alguna manera u otra, han encontrado resguardo en las bibliotecas, en la lectura. De esta manera, sin hacer mucho ruido e intentando gastar las menos calorías posibles, esperan mientras llegan tiempos mejores.

Lejos de utilizarlas vivencias personales únicamente como vehículo, en la novela intento explorar y comprender el pasado. Cada vez conozco a más gente de mi entorno inmediato que se refugia en la literatura como medio de defensa ante las agresiones constantes, amigos y familiares que se apoyan en la ficción para vencer o paliar las inclemencias de una vida que no siempre es amable.

Aparecen en la novela, como un personaje más, la ciudad de Guadalajara, cuando su calle Mayor era todavía peatonal, o los recuerdos de mi padre, antes de que falleciese con cincuenta y tres años. Llegados a este punto, tengo que citar a J. Gabriel Vásquez y su maravilloso libro Viajes con un mapa en blanco. El escritor colombiano nos habla de Las meninas y describe el cuadro más como un cuento que como una pintura en la que el autor se habría incluido como si fuera un personaje al retratarse dentro de un espejo: «[Velázquez] es más afortunado que nosotros, desamparados novelistas del siglo XXI: ningún perezoso le echó encima el cargo de autoficción por el mero hecho de usarse dentro de su relato».

El segundo territorio al que he querido llegar ha sido el concebido por los poetas bosnios del siglo pasado. Me resulta curioso leer estos días a Izet Sarajlić o a Goran Simic y encontrar en sus libros claves para entender qué está ocurriendo hoy en el mundo: la reinvención del fascismo, los nacionalismos excluyentes, el auge de políticos como Trump o Salvini y el constante ruido de fondo que amenaza a las democracias europeas. No sé si lo habré logrado.

Hace poco cayó en mis manos una muy buena y reciente traducción hecha por Fernando Valverde y Branislava Vinaver del libro Después de mil balas. Sarajlić se pregunta en sus páginas sobre la responsabilidad que conlleva vivir en este mundo. Lo hace desde un lugar excepcional, al ser un poeta que sobrevivió a dos guerras y que sabía bastante de migrantes y exilios. Sus versos, de alguna manera, iluminan la condición humana y todas las tragedias migratorias que estamos viviendo estos últimos tiempos: «Oh, ternura humana, ¿dónde estás?¿Quizá solo en los libros?».

Antes de despedirme, voy a aprovechar esta ocasión para dar las gracias a mi editor: Sergio Higuera Barco. Hoy más que nunca es de agradecer la gran función que hacen los editores independientes como él, filtrando, evaluando manuscritos y dando una plataforma a nuevas voces fuera del circuito comercial. Estoy en deuda con tres mujeres muy especiales para mí: Lucie Geffré, Véronique Hoffmann-Martinot y Shirin Salehi. Su apoyo incondicional y sus consejos durante todo el proceso de escritura han sido determinantes para que este proyecto haya llegado a buen puerto. También me gustaría agradecer a Gloria Magro y a todo el equipo de El Hexágono haberme cedido este bonito espacio reservado a una firma invitada. ¡Qué buena manera de empezar el año!

 

Isaak Begoña, presenta su libro “Londres-Sarajevo” el próximo 17 de enero a las 19h. en la Biblioteca Municipal de Azuqueca de Henares. 

 

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(*) Isaak Begoña (Madrid, 1972) pasó su infancia en Guadalajara. Guarda forestal, camarero, traductor y hombre anuncio (“Compro Oro”) son algunas de las ocupaciones que ha ido desempeñando a lo largo de su vida. Tras licenciarse en Filología obtuvo una plaza del M.E.C. dentro del programa de profesores bilingües para Estados Unidos. Después de impartir clases de lengua y literatura en las escuelas públicas de Chicago regresó a Europa. En los últimos años se ha dedicado a la docencia, a viajar y al cuidado de sus dos hijas.

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