El plan

Por David Sierra

Huele a elecciones. Las máquinas trabajan a pleno rendimiento. En los partidos políticos la propaganda se elabora con minuciosidad. Pero también desde las administraciones. En los despachos. Sobre el terreno. En las sesiones plenarias de los ayuntamientos. De la Diputación. De las delegaciones del gobierno regional. Los anuncios se suceden con el tiempo justo. Con la prisa necesaria para que los plazos se ajusten al de las inauguraciones. De las presentaciones en sociedad. Para llenar los balances de guiones en alabanza del buen gobierno. En la sede del partido primero. Con convocatoria de prensa y guiños del ‘luego en privado te cuento’. La estrategia está trazada desde hace meses. La actuación ha comenzado y a partir de aquí todo son buenas acciones.

Llegan los planes. Esos que se ensalzan a bombo y platillo. Cargados de millones que, de repente, aparecen de la nada para acometer inversiones a diestro y siniestro. La negación de unos meses antes, ya no importa. La salud de las arcas provinciales es de hierro después de tanto esfuerzo por el ahorro comprometido. Selectivo. A través de ese reparto equitativo que se sostiene en dar al que más tiene. Porque donde no hay gente no hace falta inversión. Porque donde las urnas se cierran a la hora del vermut tienen sus migajas garantizadas. Y no hay manifiesto que valga.

latre

Jose Manuel Latre, presidente de la Diputación de Guadalajara, junto con el diputado delegado de Centros Comarcales, Octavio Contreras, informan sobre el Plan de Inversiones.

Un porrón de millones de euros, entienden los que saben. Y lo visten de excepcional. Pero tampoco son demasiados cuando hay tantas bocas que alimentar. Se juega con las cifras para tergiversar. Que los porcentajes por habitante benefician más a los que son minoría. Cuando se habla de perras. Y todos contentos, con la boca pequeña. Algunos dicen “pero si ese es nuestro dinero, no nos lo dan. Nos lo habían quitado, y ahora lo esparcen en forma de plan”. Lo llaman remanente. El de las adjudicaciones, a la baja, procedentes de otros planes que los municipios miran, pero no pueden tocar. ‘Los amigos de mis amigas son mis amigos’, el lema podría servir a esa organización empresarial a la que derivan proyectos a cambio de candidatos y presupuestos en la más absoluta clandestinidad.

En Navidad se suceden los obsequios, los regalos, las prebendas y las sorpresas. Y eso también sucede en las administraciones públicas. A veces, unas deciden endulzar las fiestas a otras. Y así pasa con las convocatorias que anuncian ayudas. Subvenciones de miseria. Como un décimo de lotería desmenuzado en participaciones que saben que toca. Pero hay que comprarlo. Y para hacer eso te mandan a Doña Manolita un 21 de diciembre por la tarde, en coche y con el dinero justo. Cuando alguien dice que va a intentar que algo sea lo más sencillo posible es mejor ponerse a temblar. Latre lo dijo. Y, sin duda, ese plan inversor ha quitado muchos quebraderos de cabeza al funcionariado provincial. Aquel que tiene como paradigma trabajar por y para nuestros pueblos. El testigo se lo han cedido a los ayuntamientos, que han pasado las navidades, sin San Silvestre pero corriendo. Un prueba de fuego para aquellos que cobran un sueldo municipal por sus méritos, sin ser elegidos por sufragio universal.

Estar bien informado en estos procedimientos es una ventaja primordial que no se puede desaprovechar. Es ahí donde pertenecer a la cuerda del que gobierna puntúa el doble. Porque saber que algo va a suceder no es lo mismo que conocer cuándo va a ocurrir. Ese privilegio lo han tenido unos municipios y lo han sufrido otros. Los propios proyectos delatarán a beneficiarios y perjudicados. Cuán importante es el tiempo en aquellos lugares por donde apenas transcurre.

Es año de elecciones. Las cuentas cuadran. Siempre lo hacen llegados a este punto. Los superávits adornan los libros contables fruto de lo que no se ha hecho. Porque cuando a una administración le sobran cuartos es porque en alguna parte han escaseado. Un camino mal asfaltado nunca competirá frente a todo un acceso hospitalario. Todos tienen derecho, defienden. Ese ‘todos’ trasciende más en la gran ciudad donde las papeletas se cuentan a miles. No hay que dejar nada en la caja. Que vienen tiempos difíciles y al que le toque pasarlos, que se fastidie.

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