El Parador parado

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Estructura del futuro Parador de Molina, prometido en 2006 // Foto: Ser CLM

Por Álvaro Nuño.

Cada vez que en Molina de Aragón oyen hablar a un Secretario de Estado de Turismo, la carcajada recorre toda la comarca. Es como si desde la Zarzuela se emitiera un comunicado anunciando la decisión del actual rey de España de que la infanta Sofía volviera a ostentar la corona de Aragón y que, para ello, cursará ESO y Bachillerato en la capital del Señorío. Las posibilidades de que esto ocurra suenan tan irreales como las palabras de la actual titular de este cargo, la socialista Isabel Oliver, que en una comparecencia este martes ante la Comisión de Industria, se ha vuelto a acordar del olvidado Parador molinés, asegurando que se le va a dar “un fuerte impulso”, aunque sin concretar nada, ni presupuesto ni, por supuesto fechas de finalización de las obras o de apertura de la instalación.

Y es que estamos ante otra de esas infraestructuras mil veces prometida, y de la que todas las declaraciones que se realizan sobre ella -habitualmente coincidiendo con periodos preelectorales como en el que ahora mismo nos encontramos- siempre se hacen en futuro, como las últimas realizadas por la señora Oliver. Los dirigentes políticos de las cuatro últimas legislaturas, tanto del PP como del PSOE, y de las diversas administraciones, desde el Estado al Ayuntamiento, pasando por Junta y Diputación han protagonizado fotografías con infografías, planos, maquetas, carteles de fondo, primeras piedras, incluso cascos de obra y hasta maquinas moviendo tierra y levantando estructuras. La última la protagonizó el anterior delegado del Gobierno en la región, José Julián Gregorio, que casco en ristre dijo en mayo de 2018 que “la idea” era que las obras finalizaran un año después, es decir de aquí a cuatro meses.  Pero, la verdad sea dicha, a los molineses les pasa como a los capitalinos con las obras del Hospital, que no parecemos verlas el fin.

Sólo los más viejos del lugar recuerdan todavía la promesa inicial de construir un Parador de Turismo en Molina de Aragón, lanzada en 2006 por el mismísimo presidente Zapatero tras la catastrófica gestión del incendio de La Riba, que un año antes calcinó 13.000 hectáreas y se llevó la vida de 11 miembros del retén de Cogolludo. Esta infraestructura junto a la conversión de la N-211 en una autovía, pretendía ser un revulsivo para la zona que lo sufrió. Tuvieron que pasar cuatro años para que el proyecto se materializara, aunque sólo fuera en forma de maqueta, elemento que se presentó en mayo de 2010 en la iglesia molinesa de Santa María del Conde, con el entonces presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, de maestro de ceremonias junto al secretario de Estado de Turismo, Joan Mesquida, el alcalde socialista de Molina, David Pascual, y la hoy ministra de Empleo, Magdalena Valerio. Incluso en septiembre de 2011, los mismos actores pusieron una flamante primera piedra que se quedó sólo en eso.

Durante todos estos años de gobiernos socialistas en Madrid y Toledo, por supuesto, senadores y diputados del Partido Popular se afanaban una y otra vez en recordar los incumplimientos de esas administraciones con respecto a este proyecto, hasta que María Dolores de Cospedal se proclamó presidenta de Castilla-La Mancha, y Mariano Rajoy, de España. Entonces, por arte de birlibirloque, los celosos representantes populares dejaron de disparar sus baterías y esperaron con paciencia que sus dirigentes retomaran el proyecto mientras que en las filas contrarias, diputados y senadores socialistas despertaban de su plácida siesta y les entraban las prisas del Corpus deseando ver el parador terminado con la segunda piedra sin poner.

Fue la presidenta regional la que, haciendo valer los galones dentro de su partido, no se conformó con un modesto secretario de Estado y se plantó en Molina con todo un ministro, el entonces titular de la cartera José Manuel Soria, quien junto al alcalde molinés Jesús Herranz, del mismo partido, presentaba en marzo de 2015 un nuevo proyecto mucho más modesto, con 22 habitaciones en vez de las ochenta planteadas inicialmente. “Obras son amores y no buenas razones y hoy estamos ante la constatación de una realidad; un compromiso que hasta el día de hoy no se había hecho efectivo”, dijo entonces el titular de la cartera de Turismo, afeando a los gobiernos socialistas su inacción ante la sonrisa placentera de todos los cargos del Partido Popular habidos y por haber viendo simplemente los planos del nuevo proyecto en unos trípodes.

Para echar de comer aparte en esta película de ciencia ficción queda el papel del ínclito, Ramón Aguirre, quien fuera diputado nacional por la provincia en la última legislatura de Zapatero y que ha repetido en la actual. El “alcarreño” fue nombrado en enero de 2012 presidente de la todopoderosa Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), entre las que se encuentra la empresa Tragsa, encargada de las obras del parador molinés. Nada más llegar al cargo, dijo que sus antecesores socialistas no habían hecho nada de nada -algo parece que comprobado- y que él iba a destinar en una primera etapa seis millones de euros para ir ejecutando la obra “en el horizonte de un periodo de 36 meses”. Si echan cuentas, en enero de 2015, dos meses antes de que el propio Soria presentara el nuevo proyecto, el bueno de Aguirre ya lo tenía terminado. También prometió en su despedida como diputado ante los medios de Guadalajara volver cada seis meses a informar de la marcha de estos trabajos, en los que dijo tener un “empeño personal”. Por supuesto, Ramón Aguirre no cumplió esta promesa tampoco y no volvió a pisar la provincia hasta el año 2016, cuando Cospedal le “devolvió” su sillón de diputado en el Parlamento.

Ante esta retahíla de promesas incumplidas, anuncios vacíos y actos de cara a la galería, no es extraño que los molineses sigan sin creerse una palabra de las pronunciadas por la nueva Secretaria de Estado de Turismo. Para el portavoz del colectivo vecinal “La Otra Guadalajara, Ángel Luis López, esta vez ni siquiera se han atrevido a ir por Molina a hacerse la foto de cada época preelectoral: “Saben que al final se les vuelve en su contra”. Mientras tanto las obras llevan paralizadas casi dos años y sólo “de vez en cuando se ve a algunos obreros por allí, pero apenas avanzan y solo hablan de ello cuando se acercan las elecciones”, comenta como testigo directo, sin cámaras ni periodistas delante. El resto de declaraciones y de recortes de hemeroteca sobran.

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