Las aves del Henares

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Las aves conocen instintivamente las leyes del agua y sus ritmos. Foto: Proyecto laBORINg.

Por Manuel Andrés Moreno. (*)

Muchas veces no somos capaces de valorar aquello a lo que estamos acostumbrados, lo que nos rodea desde que tenemos recuerdo. Y si lo concretamos al ámbito del paisaje o del patrimonio natural, -si es que fueran cosas distintas-, esta no-valoración puede ser o estar muy próxima, incluso, al desprecio. El río Henares, junto a sus ríos hermanos, los ríos Salado, Dulce, Cañamares, Bornova, Aliendre, Sorbe, Badiel y Torote y antes de fundir sus aguas con el Jarama, constituye una cuenca de 4.144 kilómetros cuadrados, la mayor parte en la provincia de Guadalajara.

En este pequeño rincón (menos del 0,8% de España) se reúnen “las tres Españas”, ,geológicamente hablando: los mundos calizos, los mundos silíceos y los terrenos sedimentarios. Este hecho, unido a la gran variedad de altitudes, entre algo menos de 600 metros y más de 2000, sobre el nivel del mar, determina que la variedad de flora y fauna constituya uno de los hitos de biodiversidad más interesantes de la península Ibérica.

Para muchos habitantes de los pueblos y ciudades, el río Henares es sólo un lugar donde pasear o ni siquiera eso, ya que ni siquiera lo necesitan para regar sus tradicionales huertos de autoconsumo.

Los humanos somos seres acostumbrados a coger de la naturaleza cualquiera de sus recursos, sin siquiera valorarlo y mucho menos agradecerlo. El agua dulce, que todos necesitamos para sobrevivir, nos ha permitido construir pueblos y ciudades. Es habitual que nos engañemos pensando que controlamos el agua. Pero el agua y las leyes de la física son implacables y no se dejan someter a las volátiles leyes de los humanos.

La sensatez, basada en la experiencia durante siglos, ha hecho respetar las leyes del agua. El engreimiento o la soberbia derivados de los conocimientos técnicos parece que nos hacen olvidar a la fuerza y el poder del agua. El agua no engaña, siempre sabremos el “por dónde”, aunque no podremos saber con demasiada anticipación, los “cuandos”.

Aquí, hoy, trataré de acercarnos a las especies de aves que viven o utilizan en algún momento del año los entornos de la cuenca del Henares. Todas ellas conocen instintivamente las leyes del agua y del río.

Las aves que nos vienen primero a la cabeza serán las especies tipicamente acuáticas, como patos, garzas, cormoranes o martines pescadores. Pero son muchas las especies que usan las inmediaciones del río de muy diferente forma.

No todos los patos o todas las garzas son iguales. Junto a los frecuentes azulones (Anas platyrhynchos) y a poco que nos fijemos, podremos descubrir grandes viajeros como los porrones moñudos (Aythya fuligula) o las cercetas carretonas (Spatula querquedula) o expertos buceadores como los porrones europeos (Aythya ferina). El número de especies de anátidas que podremos descubrir en los entornos del Henares a lo largo del año, ronda la veintena. Con las garzas pasa lo mismo. La frecuente garza real (Ardea cinerea) o la polivalente y adaptable garcilla bueyera (Bubulcus ibis) no son las únicas garzas del Henares. Las garcetas comunes (Egretta garzetta), los martinetes (Nycticorax nycticorax) son habituales, e incluso la esquiva garza imperial (Ardea purpurea), la gran garceta grande (Ardea alba) o el pequeño avetorillo (Ixobrychus minutus) pueden ser descubiertos por los más respetuosos observadores de aves.

Los taludes arenosos próximos al río son empleados por aquellas aves que crían construyendo galerías cual expertos mineros: abejarucos (Merops apiaster), aviones zapadores (Riparia riparia) y martines pescadores (Alcedo atthis). Los taludes más altos erosionados hace mucho por el Henares albergan oquedades y repisas donde búhos reales (Bubo bubo), grajillas (Coloeus monedula) o los últimos halcones (Falco peregrinus) ponen sus huevos.

Los ríos son, y el Henares, por supuesto que lo es, algo más que una estrecha línea en los mapas por donde circula agua. Sus proximidades están encharcadas subterráneamente y eso permite que crezcan árboles que pueden desarrollarse independientemente de la altitud o del tipo del suelo. Chopos (Populus sp.), fresnos (Fraxinus sp.) y sauces (Salix sp.) principalmente, constituyen corredores de árboles compañeros inseparables del río. Esta generosa vegetación permite no sólo ser el soporte donde infinidad de aves sitúan sus nidos, sino que son refugio y baliza para muchas aves viajeras que cruzan continentes como la cosa más natural el mundo.

Durante la migración es fácil detectar en el cielo bandos de grullas (Grus grus), con su particular trompeteo, pero miles y miles de pequeños pájaros cruzan esos mismos territorios de manera mucho más discreta, muchos de ellos por las inmediaciones del Henares, revoloteando entre las zarzas. Es muy difícil imaginar que una discreta curruca mosquitera (Sylvia borin), prácticamente invisible entre la maraña de zarzas, haya nacido en Noruega o Alemania y cruza toda Europa, volando de noche sin equipaje ni pasaporte, ni el estrecho de Gibraltar y ni siquiera el gran Sahara la detendrá por su ansia en alcanzar, en nuestro otoño, los bosques del África subsahariana, allí podrá coincidir con un ruiseñor (Luscinia megarhynchos) que construyó su nido junto a ti, lector, en cualquiera de nuestros pueblos.

Durante un paseo, cualquier día del año, por los alrededores del Henares es virtualmente casi imposible no cruzar la vista con algunas de las aves rapaces que sobrevuelan este territorio, desde los frecuente ratoneros (Buteo buteo) o cernícalos (Falco tinnunculus) a los impresionantes veleros que son el buitre leonado (Gyps fulvus) o el águila real (Aquila chrysaetos). Dos de las águilas más escasas de Europa, la imperial (Aquila adalberti) y la perdicera (Aquila fasciata) también consideran al Henares su casa, su trabajo y su sustento. El número de especies de aves rapaces, si consideramos también las nocturnas, que pueden ser detectadas en nuestra zona, llega a la treintena.

El día más frío y desapacible del invierno, -si nos fijamos bien-, podremos descubrir a algún petirrojo (Erithacus rubecula) o mosquitero (Phylloscopus collybita) entre las ramas de algún chopo, sauce o taray, escudriñando y revoloteando para encontrar unos insectos, -casi invisibles para nosotros-, que le van a permitir con sus apenas ocho gramos (o casi el doble, para el petirrojo) aguantar una noche más, hasta que llegue al final del invierno la llamada de su norte natal, para emprender, de nuevo, viaje, cruzando Europa.

El río Henares es sustento, hogar, parada, supermercado, refugio, baliza y muchas cosas más para muchas especies de aves que estaban ya aquí muchas centenas de miles de años antes de que se asentaran en sus orillas los primeros humanos. Solo por este hecho ya merecerían todo nuestro respeto y admiración. Como desafortunadamente son muchos (o demasiados) los humanos que no saben valorar este santuario natural, ha sido necesario establecer leyes humanas para su protección. Afortunadamente, hoy, en la primera mitad del siglo XXI, todas las especies de aves están protegidas, no sólo las grandes rapaces.

Si no proteges la naturaleza porque no te sientas parte de ella, y vives ingenuamente de a sus espaldas, las leyes autonómicas, estatales y europeas no se pueden encargar de que aprecies o valores a la naturaleza, pero sí, de que no la destruyas.

Nota final: En el entorno de la cuenca del río Henares se pueden observar más de doscientas especies de aves a lo largo del año.

(*) Manuel Andrés Moreno es ornitólogo, con más de treinta años de experiencia anillando aves en el entorno del río Henares y CEO del Proyecto LaBORINg (wpbirds.net) , el mayor banco de imágenes -y acceso libre- de aves individualizadas mediante anillamiento científico.

manuel.andres.moreno@gmail.com

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