El clamor de la España Vaciada

Castillo de Zafra

Imagen de las parameras de la Sierra de Caldereros y el castillo de Zafra. // Foto: Tierra Molinesa

Por Marta Perruca*

Esta mañana me pilláis madrugando y de camino a Madrid. Tengo una cita a la que no podía faltar, por dignidad y por justicia social. Lo hago con la gente de Tierra Molinesa, asociación a la que pertenezco y que aglutina a todos esos vecinos que ahora viven en Guadalajara y en el Corredor del Henares, pero tienen sus orígenes bien arraigados en el Señorío de Molina. Sí, todos nosotros debíamos atender la convocatoria de la Revuelta de la España Vaciada en este 31 de marzo que pasará a la historia, porque paradójicamente nunca se había convocado una manifestación de esta envergadura –medio centenar de colectivos y plataformas ciudadanas como “Teruel Existe”, “¡Soria ya!” o “La Otra Guadalajara”, entre muchos otros, apoyan la protesta- , a pesar de que venimos siendo conscientes desde hace décadas del problema que asola a esta España rural.

Y es que nosotros sabemos bien que no es lo mismo hablar de un lugar vacío que vaciado. Creo que a nadie se le escapa a estas alturas que el modelo productivo que se impuso en su día requería de movimientos migratorios del campo a las ciudades, donde se necesitaba mano de obra. De esta manera, nuestros pueblos, en otro tiempo llenos de vida, empezaron a languidecer en un camino sin retorno hacia su abandono.

Todavía sigo empadronada en mi pueblo, al que volví para dedicar los cuatro últimos años de mi vida a un proyecto de desarrollo local y, sin embargo, ahora la búsqueda de oportunidades laborales me ha devuelto a esta capital. Mientras yo volvía a hacer las maletas para marcharme, me encontraba con otros valientes de mi generación, que probaron suerte en la gran ciudad y que ahora volvían para emprender en su tierra natal y a los que deseo toda la suerte del mundo.

Mirador de Alpetea

Mirador de Alpetea. // Foto: M. P.

La paradoja del asunto no es sólo que la España vacía, mejor dicho vaciada, vaya a llenar las calles de Madrid esta mañana. Lo paradójico es que nos obliguen a marcharnos de nuestros pueblos cuando en estos momentos es misión imposible, porque a los abusivos precios del alquiler en las grandes ciudades, se suma un mercado laboral con ofertas de empleo de risa y unos salarios que dan ganas de llorar. Así que ese modelo productivo hace aguas por todos los lados y la concentración de la población en un puñado de núcleos urbanos no hace otra cosa que generar problemas, tanto en la calidad de vida de las personas, como en el medio ambiente: Hay días que acercarse a Madrid es como avanzar hacia Mordor y no creo que eso se solucione por mucho coche eléctrico que nos vendan.

Dicen que el problema de la despoblación es complicado. Yo creo que es muy simple: lo acabo de explicar. Lo que podría ser complejo es la solución, pero en realidad pienso que nunca ha habido una voluntad real de buscarla y, por el contrario, esos que gestionan nuestras vidas desde los despachos no han hecho más que poner algunos parches, en mi opinión, un tanto desafortunados.

Ahora esa palabra tan nuestra, “despoblación”, vuelve al vocabulario de las tribunas de los políticos, quizá puesta ahí por algún asesor de imagen por una cuestión más de marketing que de conciencia social. El momento en el que vivimos nos tiene acostumbrados a estas cosas. Un día todos los políticos se levantan feministas y al siguiente se les ha olvidado. Lo mismo les puede pasar con esto del desarrollo local sostenible, qué sé yo.

Pero lo cierto es que un estudio de Pilar Burillo para Serranía Celtibérica sobre la despoblación puso de manifiesto que existían zonas extensas en nuestro país con menos población que la Laponia y con unas circunstancias geográficas particulares, que habían quedado camufladas en nuestra división administrativa por comunidades autónomas. Estas zonas, con una extensión superior a algunos países, reunían condiciones suficientes para recibir unas ayudas de la Unión Europea que estaban a punto de desaparecer, por la admisión de nuevos países al club. Me estoy refiriendo a las ITI’s (Inversión Territorial Integrada), una nueva figura de la Unión Europea que permite el acceso a diversos fondos europeos a las zonas que reúnen ciertas características como encontrarse en áreas de montaña, con baja densidad de población y alejadas de los núcleos urbanos.

El caso es que Serranía Celtibérica llamó la atención sobre unas circunstancias que daban acceso a estos fondos para poner en marcha una estrategia global e integradora, que abordaba distintos frentes, como la generación de productos turísticos en torno a la Celtiberia y al resto de valores históricos, monumentales, etnográficos y medioambientales de sus pueblos, así como la puesta en valor de los productos locales, entre otras medidas, para generar oportunidades de futuro para esas zonas rurales, pero lo que ocurrió a la postre es que los diferentes Gobiernos regionales se apropiaron de esa posibilidad para acaparar esos fondos.

Molina castillo

Panorámica de Molina de Aragón desde el castillo. // Foto: M. P.

No nos equivoquemos, el problema de la España rural no ha sido la falta de inversiones sino, me atrevería a decir, la mala gestión de las mismas, que no han servido más que para poner parches. De esta manera, muchos pueblos levantaron pistas polideportivas o arreglaron sus redes de agua o saneamiento; también se reformaron muchas casas de pueblo como casas rurales y se hicieron otras cosas, que quizá sí que ayudaron a algún negocio local. No todas las inversiones fueron baldías, pero tampoco sirvieron para afrontar el problema.

Ahora volvemos al punto de partida, a las subvenciones para hacer cosas, pero sin ninguna estrategia y, me temo, que sin ninguna voluntad. Provengo de una extensa comarca con más de 4.400 kilómetros cuadrados, pero con una densidad de población inferior a los 2 habitantes por kilómetro cuadrado. Una comarca de personas orgullosas, valientes y luchadoras, fraguadas en fríos páramos y duros accidentes, donde no faltan ganas e iniciativas para luchar contra la despoblación, para ir labrando el camino hacia un futuro. Lo que sinceramente creo que falta es que unamos todas nuestras fuerzas de una vez por todas. Nos falta una estrategia común y el apoyo decidido de las administraciones.

Esta mañana se asentarán las bases de un manifiesto común, en el que se reclamarán medidas como una fiscalidad acorde a las especiales circunstancias del medio rural, que sirva para facilitar el emprendimiento. Esta mañana se escuchará el clamor de los fantasmas que viven y palpitan en la España vacía, mejor dicho, vaciada.

 

IMG_20181119_125713.jpg(*) Oriunda de Molina de Aragón, Marta Perruca es licenciada en Periodismo. Más que periodista, siempre se ha considerado contadora de historias y, en este sentido, lleva contando las historias de la provincia y, en especial, del Señorío de Molina, casi dos décadas, desde tribunas como el Día de Guadalajara, el programa radiofónico, “A Cotenas por la Radio”, o desde el proyecto de desarrollo del Geoparque Mundial de la UNESCO  Comarca de Molina-Alto Tajo. También desde este blog: “El Hexágono de Guadalajara” del que fue miembro fundador. Actualmente, se dedica al mundo de los seguros, en Mapfre, y sigue escribiendo desde la página web de la asociación “Tierra Molinesa”.

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